Deportes
Muere monosabio, y la familia taurina está de luto
Salvador Hernández, quien era portero de la Nuevo Progreso, fallece en la madrugada del martes a consecuencia de las cornadas que sufrió en la novillada del domingo
GUADALAJARA, JALISCO (14/SEP/2011).- Tras las múltiples heridas que le ocasionó “Norteño”, novillo de la ganadería El Vergel, falleció el día de ayer Salvador Hernández.
Hay quienes dicen que los toros se ven mejor “tras de la barrera”. Éste no fue el caso de Salvador Hernández, quien la tarde del pasado 11 de septiembre, después de celebrarse la sexta novillada en la Plaza de Toros Nuevo Progreso de Guadalajara, sencillamente no regresó a casa.
La historia de Salvador terminó prácticamente en el lugar donde la pasión y el buen gusto por la más hermosa de todas las fiestas se desborda: la plaza de toros. Jamás vivió del sueldo de monosabio, que no superaba los 300 pesos. En realidad, afirmó Julio Acero, jefe de los servicios internos del coso de la Monumental, es pura afición.
“Norteño” llevó por nombre el astado que, con un par de puñales en cada pitón, le arrebató la vida a este hombre que murió como muchos de los que aman y viven de la fiesta brava quisieran morir, dentro de una plaza.
La suerte no estuvo de su lado, y la labor en el rango del cuerpo de monosabios de la plaza, era precisamente atender la puerta que se encuentra justo a un costado del burladero de matadores. De esta manera, Salvador tuvo su percance justamente realizando su trabajo, que era ése, abrir la puerta en caso de un incidente como el que aconteció el pasado domingo.
A sus 69 años de edad y con 35 años aproximadamente de trayectoria como monosabio, seguramente este hombre fue testigo de sinsabores, es más, muy probablemente acudió en ayuda de algún torero que sufriera un percance. Ahora, la Nuevo Progreso es testigo mudo de la segunda muerte ocasionada por cornada de toro en su existencia. La primera de ellas, al memorable Alberto Bricio, a quien el novillo de la dehesa de Iturbide Hermanos le arrebató la vida. Ahora, tocó el turno a don Salvador.
Quienes vivieron el momento de cerca, relatan un acontecimiento trágico, en verdad poco usual en una plaza de toros.
Es cierto, el peligro es latente cuando se debate la vida y la muerte, nadie sabe qué pasará, pero la situación de Salvador tomó otro tinte; esta vez no fue un accidente en el que el torero, que tarde a tarde juega sus muslos ante las astas de los toros, fuera el protagonista, sino que se trató de un actor externo a la lidia del astado, lo cual conmueve aún más hasta los más fríos sentimientos.
“Salvador era un hombre que amaba su trabajo como monosabio. Jamás se metía con nadie y era además un gran aficionado, como todos los que acudimos todos los domingos de toros a la plaza”, expresó Julio Acero, jefe de los servicios interiores de la plaza Nuevo Progreso.
“Es una tragedia, todo el cuerpo de monosabios nos sentimos consternados, pero ése es el riesgo que se vive en una plaza de toros; fue un hombre que desde que llegaba a la plaza, lo primero que hacía era checar su puerta, que abriera y cerrara bien”, aseveró Acero.
El apoyo que brindó la empresa de la Nuevo Progreso fue fundamental, así lo consideró Francisco Hernández, hijo de Salvador, quien expresó que en todo momento estuvieron al pendiente. Ante esto, Alfredo Sahagún, director operativo de la plaza, confirmó que los gastos médicos corrieron a cuenta de la empresa, además de que entregarán una indemnización a la familia como parte del contrato colectivo, aunque el cuerpo de monosabios pertenece a un sindicato.
“Es una tristeza, esto (el percance) fue derivado de un accidente y es el peligro que se vive dentro de la plaza. Por nuestra parte cumpliremos con lo que marca el contrato, de dar la parte que exige su sindicato a la familia”, apuntó Alfredo Sahagún.
Trabajaba para la Semefo
Salvador Hernández era técnico en autopsias, y trabajaba para el Servicio Médico Forense (Semefo), institución en la que laboró por cerca de 34 años.
El ser monosabio de la plaza le daba la oportunidad de mantener fresca su fuerte afición a los toros.
Se tomarán nuevas medidas de precaución
Ante la tragedia sucedida, y con el evidente sobrecupo en el callejón, Alfredo Sahagún Michel aseguró que se tomarán medidas más estrictas para identificar las personas que deben estar dentro de este espacio y hacer más eficaz el trabajo de la gente del servicio de plaza, aunque no haya sido éste el caso o el motivo del incidente de Salvador Hernández.
Por su parte, el líder de lo monosabios de Guadalajara hizo ahínco en el tema, y apuntó:
“El callejón no es un área VIP para las corridas de toros o novilladas; es un espacio de trabajo que se debe respetar”.
Así, Salvador dice adiós a este mundo, y hace historia a la par de la Nuevo Progreso.
La muerte siempre está presente en un ruedo delante de la cara de los toros, y este acontecimiento, marca la historia de la tauromaquia nacional, y, por supuesto, la de Guadalajara.
FRASES
"La tragedia de nuestro amigo Salvador, que sirva de ejemplo para que la afición no tome a los monosabios como un cero a la izquierda "
Julio Acero,
jefe de los servicios internos de la Nuevo Progreso.
"En 18 años como médico de plaza, es la peor cornada que he visto y que se ha vivido en Guadalajara y tal vez en México, fue de mucha gravedad "
Víctor González Camarena,
jefe del cuerpo médico de la plaza.
Hay quienes dicen que los toros se ven mejor “tras de la barrera”. Éste no fue el caso de Salvador Hernández, quien la tarde del pasado 11 de septiembre, después de celebrarse la sexta novillada en la Plaza de Toros Nuevo Progreso de Guadalajara, sencillamente no regresó a casa.
La historia de Salvador terminó prácticamente en el lugar donde la pasión y el buen gusto por la más hermosa de todas las fiestas se desborda: la plaza de toros. Jamás vivió del sueldo de monosabio, que no superaba los 300 pesos. En realidad, afirmó Julio Acero, jefe de los servicios internos del coso de la Monumental, es pura afición.
“Norteño” llevó por nombre el astado que, con un par de puñales en cada pitón, le arrebató la vida a este hombre que murió como muchos de los que aman y viven de la fiesta brava quisieran morir, dentro de una plaza.
La suerte no estuvo de su lado, y la labor en el rango del cuerpo de monosabios de la plaza, era precisamente atender la puerta que se encuentra justo a un costado del burladero de matadores. De esta manera, Salvador tuvo su percance justamente realizando su trabajo, que era ése, abrir la puerta en caso de un incidente como el que aconteció el pasado domingo.
A sus 69 años de edad y con 35 años aproximadamente de trayectoria como monosabio, seguramente este hombre fue testigo de sinsabores, es más, muy probablemente acudió en ayuda de algún torero que sufriera un percance. Ahora, la Nuevo Progreso es testigo mudo de la segunda muerte ocasionada por cornada de toro en su existencia. La primera de ellas, al memorable Alberto Bricio, a quien el novillo de la dehesa de Iturbide Hermanos le arrebató la vida. Ahora, tocó el turno a don Salvador.
Quienes vivieron el momento de cerca, relatan un acontecimiento trágico, en verdad poco usual en una plaza de toros.
Es cierto, el peligro es latente cuando se debate la vida y la muerte, nadie sabe qué pasará, pero la situación de Salvador tomó otro tinte; esta vez no fue un accidente en el que el torero, que tarde a tarde juega sus muslos ante las astas de los toros, fuera el protagonista, sino que se trató de un actor externo a la lidia del astado, lo cual conmueve aún más hasta los más fríos sentimientos.
“Salvador era un hombre que amaba su trabajo como monosabio. Jamás se metía con nadie y era además un gran aficionado, como todos los que acudimos todos los domingos de toros a la plaza”, expresó Julio Acero, jefe de los servicios interiores de la plaza Nuevo Progreso.
“Es una tragedia, todo el cuerpo de monosabios nos sentimos consternados, pero ése es el riesgo que se vive en una plaza de toros; fue un hombre que desde que llegaba a la plaza, lo primero que hacía era checar su puerta, que abriera y cerrara bien”, aseveró Acero.
El apoyo que brindó la empresa de la Nuevo Progreso fue fundamental, así lo consideró Francisco Hernández, hijo de Salvador, quien expresó que en todo momento estuvieron al pendiente. Ante esto, Alfredo Sahagún, director operativo de la plaza, confirmó que los gastos médicos corrieron a cuenta de la empresa, además de que entregarán una indemnización a la familia como parte del contrato colectivo, aunque el cuerpo de monosabios pertenece a un sindicato.
“Es una tristeza, esto (el percance) fue derivado de un accidente y es el peligro que se vive dentro de la plaza. Por nuestra parte cumpliremos con lo que marca el contrato, de dar la parte que exige su sindicato a la familia”, apuntó Alfredo Sahagún.
Trabajaba para la Semefo
Salvador Hernández era técnico en autopsias, y trabajaba para el Servicio Médico Forense (Semefo), institución en la que laboró por cerca de 34 años.
El ser monosabio de la plaza le daba la oportunidad de mantener fresca su fuerte afición a los toros.
Se tomarán nuevas medidas de precaución
Ante la tragedia sucedida, y con el evidente sobrecupo en el callejón, Alfredo Sahagún Michel aseguró que se tomarán medidas más estrictas para identificar las personas que deben estar dentro de este espacio y hacer más eficaz el trabajo de la gente del servicio de plaza, aunque no haya sido éste el caso o el motivo del incidente de Salvador Hernández.
Por su parte, el líder de lo monosabios de Guadalajara hizo ahínco en el tema, y apuntó:
“El callejón no es un área VIP para las corridas de toros o novilladas; es un espacio de trabajo que se debe respetar”.
Así, Salvador dice adiós a este mundo, y hace historia a la par de la Nuevo Progreso.
La muerte siempre está presente en un ruedo delante de la cara de los toros, y este acontecimiento, marca la historia de la tauromaquia nacional, y, por supuesto, la de Guadalajara.
FRASES
"La tragedia de nuestro amigo Salvador, que sirva de ejemplo para que la afición no tome a los monosabios como un cero a la izquierda "
Julio Acero,
jefe de los servicios internos de la Nuevo Progreso.
"En 18 años como médico de plaza, es la peor cornada que he visto y que se ha vivido en Guadalajara y tal vez en México, fue de mucha gravedad "
Víctor González Camarena,
jefe del cuerpo médico de la plaza.