Cultura

Vuelven las 'Cartas a Ophélia' de Fernando Pessoa

Después de 20 años de ausencia, la editorial El zorro rojo publicó en la semana 'Cartas a Ophélia', 48 misivas y 16 poemas

ESPAÑA.-“Todas las cartas de amor son/ridículas./No serían cartas de amor si no fuesen/ridículas (...)/Pero, al final/sólo las criaturas que nunca escribieron/cartas de amor/son las que son/ridículas.”

Con estos versos de Álvaro de Campos, uno de los varios heterónimos de Fernando Pessoa, cierra la reedición del epistolario que el genio portugués escribió a su amada Ophélia

Después de 20 años de ausencia en los estantes de las librerías, la editorial El zorro rojo publicó en la semana 'Cartas a Ophélia', 48 misivas y 16 poemas que retratan el casto idilio entre el escritor y la mujer que se convertiría en el gran amor de su vida, y que constituyen un testimonio clave para comprender esta etapa decisiva en la producción literaria de Pessoa, uno de los poetas más importantes del Siglo XX.

Otro retrato, muy personal, es el que realiza de Pessoa el pintor y escultor argentino afincado en París Antonio Seguí (Córdoba, 11 de enero de 1934), considerado uno de los mayores artistas plásticos del momento. Una treintena de exquisitas estampas en tinta china acuarelada que llenan de color esta cuidada edición del epistolario.

“Las hice con muchísimo placer, porque siempre he admirado a Pessoa”, cuenta Seguí, en una entrevista telefónica desde su taller en la capital francesa. El afamado artista plástico, de 74 años, ha ilustrado desde poemas del uruguayo Mario Benedetti a textos del francés Guillaume Apollinaire, los españoles Ramón Gómez de la Serna y Camilo José Cela y el argentino Jorge Luis Borges.

Además, las reconocibles y admiradas esculturas de Seguí presiden calles y parques, como “El Gaucho”, del Valle de Calamuchita en Córdoba, “El Viajero” , de Bogotá y “Os Oceanos”, en el Metro del centro de Lisboa.

Siete días para Ophélia

Aunque a la hora de trabajar, Antonio afirma que tiene sus tiempos -“hay libros que se quedan durmiendo conmigo”-, no fue el caso de Cartas a Ophélia, que ilustró en siete días de trabajo.

Sin embargo, el poeta portugués y sus numerosas personalidades siguen siendo “un misterio” para Seguí: “Creo que uno nunca termina de descubrir a Pessoa y ese es el gran secreto que tiene”.

Un amor casto

Fernando Pessoa conoció a Ophélia Queiroz un día de 1920, cuando la joven de 19 años entró a trabajar en las oficinas donde el poeta, de 32, traducía correspondencia comercial. Su relación se fue fraguando a lo largo de dos etapas: la primera, durante aquel 1920, queda plasmada en una sucesión de cartas donde se ponen de manifiesto las obsesiones del escritor -citas, horarios, reproches-, mientras que la segunda llega tras nueve años de separación, cuando volvió a encenderse “efímero, el titileo de una nueva llama”. En aquel entonces, Pessoa se encontraba en la plenitud de su labor poética, y así se lo hace saber a su amada: “Alcancé la edad en que se tiene pleno dominio de las propias cualidades, ya la inteligencia ha adquirido la fuerza y la destreza que puede disponer. Es pues, el momento de realizar mi obra literaria (...) Toda mi vida futura depende de si consigo hacer esto pronto.”.

Cinco años después, en 1935 un cólico hepático -posiblemente asociado al excesivo consumo de alcohol- acabó prematuramente con la vida del poeta, cuando tenía apenas 47 años.

Ophélia nunca se casó mientras vivió Pessoa, aunque más tarde conoció al dramaturgo Augusto Soares, con quien acabó contrayendo matrimonio.

“La historia de este amor secretísimo y casto, de tan optimista puerilidad y a la vez tan carente de esperanza, podría parecer ridícula acaso, si no participara exactamente como los auténticos grandes amores, de lo ridículo y lo sublime", escribe en el prólogo el italiano Antonio Tabucchi (Sostiene Pereira), uno de los mayores conocedores de la obra de Pessoa. “Más que nunca personaje de sí mismo, este Pessoa ortónimo que escribe cartas de amor en los viejos cafés de Lisboa vive la vida en forma de literatura.”, destaca Tabucchi. 

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