Cultura

Vivir dentro de un tesoro

No todas las fincas con valor artístico patrimonial que hay en la ciudad sufren atentados; las hay que son muy bien cuidadas por sus dueños. Estas cuatro fueron reconocidas por el Ayuntamiento de Guadalajara

GUADALAJARA, JALISCO (13/ABR/2012).- Más de 100 años en Colón 290

Estar en su interior transporta a otra época. El palacete está intacto. Tiene 107 años de vida y  guarda en sus espacios la belleza señorial del periodo porfiriano.

Una escalera suspendida, amplios patios interiores de estilo musulmán y mueblería importada de Francia y Bélgica, todos originales, inclusive cortinas, alfombras, apagadores y picaportes, que son de comienzos del siglo pasado, los convierten en evidencia del valor imperecedero del lugar.

Situado en el Perímetro A del Centro Histórico de Guadalajara, la residencia de dos plantas presume un estado impecable, cuidado en todo detalle, no obstante las construcciones aledañas y el incesante paso del transporte público, que atentan contra la firmeza de su estructura, que ya exhibe algunas fracturas sobre muros y suelo.

Con antiguas escrituras en mano y otras tantas reliquias documentales, como invitaciones y hasta menús en francés de los eventos de gala en el salón principal de la casa, Patricia Gutiérrez Castellanos, una de las propietarias del inmueble, junto con sus seis hermanos, relata la historia del “tesoro familiar”.

Joaquín, hermano de Manuel Cuesta Gallardo, que había sido Gobernador de Jalisco y uno de los hombres de las familias más ricas del Estado por 1900, mandó construir la ecléctica mansión, impregnada de ola de modernidad que se marcó desde París, con el famoso arquitecto de esos tiempos, Guillermo de Alba, contigua a donde su ubicara el icónico Hotel Imperial.

Su abuelo, Genaro Castellanos negocia su adquisición recién terminado para habitarla junto con su esposa María Tolentino en 1904, desde entonces, la residencia, siempre ha estado en manos de su familia. Ella, tiene memoria de mudarse al inmueble de la colonia Centro, en 1949.

Orgullosa de su hogar, pretende seguir conservándolo “hasta que le alcance la vida y las fuerzas”, a pesar de la gran responsabilidad, trabajo y costo financiero que implica mantenerlo, esperando algún día se convierta en museo.

Ahora, con pena, observa como el primer cuadro de la ciudad “se sigue deteriorando”, y pide, surja un proyecto para rescatar las fincas abandonadas y destruidas.

De mesón a hotel chic, en Jacobo Gálvez 45

Un “enamorado” del Centro, se describe Guillermo Murguía Chávez, arquitecto y socio-dueño de la propiedad ubicada en el tradicional y antes aristocrático Barrio del Carmen, quien trabaja incansable en regresarle una mejor cara, que permita revivir a los paseantes, la experiencia tradicional de la zona antigua de la ciudad.

Alguna vez propiedad de la familia Rulfo, es una casa que respeta la traza típica antigua, de estilo neoclásico que data de 1867, pasó de ser un mesón, en sus inicios, a una casa habitación, sostener varios comercios, uno muy famoso de pelucas, así como albergar un café bohemio con noches de tango, salsa y jazz.    

Ahora, totalmente restaurada, con cierto toque europeo más modernista, tras dos años de labores por su deterioro, con una restructuración y renovación integral y detallada de fachada e interiores, se convierte en casa patrimonial, sede de el Del Carmen Concept Hotel Boutique.

La rehabilitación más importante de la finca se observa al interior, con un patio central decorado de un jardín vertical, “único en su tipo” en Guadalajara, resalta, y en cada uno de las nueve suites, diseñadas artesanalmente en función de la obra y vida de artistas surrealistas y expresionistas como Tamayo, Varo, Cuevas, Gerzso, Carrington, Friedeberg, Soriano, Coronel y Vlady.

Con vistas a la iglesia  y al ex Convento del Carmen, también la cocina está transformada temáticamente en honor a Frida Kahlo, además utiliza elementos de la cinta mexicana “Agua para Chocolate”, de la que recupera una célebre frase en su pared llorona decorada de cebollas.

Con distintos proyectos para seguir trabajando en la Plaza del Carmen que “se han venido abajo” por falta de apoyos gubernamentales, Guillermo Murguía Chávez, tiene vistas de instalar un corredor cultural por la vía de Jacobo Gálvez, pero reconoce, hace falta implementar y comunicar los programas que estimulen económicamente a los dueños y habitantes de la zona, para que el Patronato del Centro Histórico les canalice recursos y así, terminar de “levantar” la zona por el bien de todos los tapatíos.

Los cautivó la casona de Independencia 848-850


“Casi cayéndose” compraron la residencia histórica ambiental desde 1997, y aunque sabían que eran “puros problemas” vivir por el Centro, por la incomodidad del tráfico y la inseguridad, el matrimonio de María Teresa Esparza Torres y Daniel García de la Cruz tomaron la decisión de adquirir la propiedad, cautivados, ella, por la semejanza a las casas de su pueblo natal, Lagos de Moreno, y él, al ver el potencial vistoso de la finca y por conservar su tradición.

Sin desistir en su sueño, “batallando mucho” pudieron habitarla, junto con sus dos hijos, hasta 2005. Abandonada por años, antes era utilizada como bodega, pero desconocen más detalles sobre el origen de la construcción.

Y si bien su reestructura por estos días es una satisfacción para sus propietarios, también se convierte en una carga, cuando los recursos para realizar las modificaciones y darle mantenimiento son insuficientes. Y cuando además, los trámites burocráticos, hasta para resanar y pintar una pared, son engorrosos y pausados, pues los apoyos del Patronato del Centro Histórico llegan sólo respetando en regla y tiempo, las características que autoriza. Pero en realidad, para la institución, tienen más palabras de agradecimiento que disgustos.

Invirtiendo también de sus “bolsillos”, pero sobre todo, mucha paciencia, poco a poco comienzan a ver su espacio personal como la habían planeado, aunque “aún falta bastante por hacer, falta dinero y que nos den los permisos”, explica el señor Daniel, quien llegando del trabajo y en tiempos libres, continúa las labores para devolver el carácter histórico a la finca, que ganó el premio por la recuperación completa de la fachada y restauración de las bóvedas y azotea.

Atacada la finca por el graffiti, la familia García Esparza no cambian de idea, y planean continuar la restauración al interior, y ocupar la casa “para toda la vida”. Sólo esperan se continúen este tipo de proyectos municipales por mejorar la imagen del Centro.

Un homenaje a los abuelos: Juan Álvarez 53

En “homenaje a sus abuelos”, la señora Ana Rosa Nuño Lozano es feliz viviendo en el Centro tapatío y es de “las que se resisten” a dejar sus casas y que, al contrario, ha decidido restaurar y prevalecer su vivienda, pues más que un valor histórico, tiene un “valor sentimental y familiar”, porque cinco generaciones han llenado de recuerdos sus muros, transmitiendo los valores, la identidad y esencia de este hogar a cada una de ellas.

Es un “tesoro” que pertenece a su familia desde su construcción. Ella nació precisamente en ese lugar, creció disfrutando el entorno histórico del corazón de la ciudad, el cual todavía goza en sus recorridos cotidianos a sus 68 años de años, y que pretende habitar este espacio hasta que la vida le permita.

Con facturas originales de los muebles estilo francés de la época porfiriana, y que aún decoran el recibidor, recuerda, su abuelo Rosalio Lozano Alvarado, zapatero de oficio, originario de Zacatecas, vino a Guadalajara montado en burro, cruzando la barranca de Huentitán en busca de mejor vida, y junto con su compañera en matrimonio Paula Torres López a quien conocería en la ciudad, lucharon y ahorraron por casi 15 años hasta poder comprar el terreno alrededor de 1919, en lo que antiguamente era un tradicional barrio de curtidores, en la que hasta vacas había.

Honrando la arquitectura de la zona, que se ha ganado el respeto de los “decoradores de arte urbano” que “ni la tocan”, afirma, que la finca fue intervenida por su hijo arquitecto. Se realizó principalmente en el frente de la finca, con la instalación de faros, bolardos, iluminación nocturna y reparación de las molduras de la vía peatonal, sin recibir apoyo económico alguno.

Ahora, Ana Rosa Nuño Lozano, espera sus pequeños nietos se impregnen del cariño que ella tiene por el inmuebl. Sus vecinos, apunta, reconocen su labor, valoran la finca y los motiva a embellecer los exteriores de los inmuebles y sus calles.

TELÓN DE FONDO

Privada Zuno, un caso ejemplar


 Las cuatro historias que aquí se presentan interesan por la reciente demolición parcial de la Privada Zuno, obra del arquitecto Pedro Castellanos y catalogada como de valor artístico relevante por la Secretaría de Cultura estatal. La fina está ubicada en la calle Guadalupe Zuno 1975, entre Chapultepec y Progreso.

Los hechos ocurrieron el pasado 5 de abril. La clausura de la obra impidió que se terminara la desaparición de la privada, que los dueños del bar Orage (cuyo local está a la vuelta) pretendían se convirtiera en estacionamiento para su negocio.

El Ayuntamiento de Guadalajara prevé acordar la restitución de la finca y promover sanciones legales.

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