Cultura
Vargas Llosa, fiel a su oficio
En su primer día en Estocolmo, el autor se reunió con medios de comunicación y opinó que es necesario despenalizar las drogas
ESTOCOLMO (07/DIC/2010).- La ausencia de Mario Vargas Llosa en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara dejó una sensación de frialdad entre los asistentes. El escritor, mientras tanto, viajaba a tierras mucho más heladas, para cumplir con sus compromisos como Premio Nobel de Literatura 2010. El primero fue un encuentro con la prensa en Estocolmo, al que llegó nervioso y envuelto en ropa adecuada para soportar temperaturas bajo cero.
En un salón de la Academia sueca el autor destacó que continuará con sus “anhelos y proyectos” de escritor sin que el éxito haya trastocado un ápice su tarea de fabulador y cronista de su tiempo.
“No me voy a convertir en una estatua”, dijo Vargas Llosa tras declararse feliz ante los medios llegados a la capital escandinava desde todos los confines, con los que conversó, en español y en inglés, sobre literatura y también sobre la actualidad política y social.
En esta comparecencia en la Academia sueca, que mañana albergará el discurso de recepción del Nobel de Literatura, el laureado escritor, acompañado por su esposa, Patricia Llosa, apareció con un semblante serio, hasta el punto de que un informador peruano le solicitó “una sonrisa a don Mario”.
Así, más distendido, el autor de La Fiesta del Chivo, vestido con un traje oscuro y camisa rosa, conversó tanto de literatura como de la coyuntura política y social internacional.
La Academia sueca valoró la narrativa del autor de La casa verde por su “cartografía de las estructura del poder” y las “aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”.
Historias imaginarias
Para el autor de La guerra del fin del mundo, la función más importante de la literatura es “enriquecer nuestras experiencias con historias imaginarias que den mayor profundidad a nuestras ideas, enriquezcan nuestra sensibilidad y aumenten nuestro desasosiego y actitud crítica frente al mundo”. El autor de La tía Julia y el escribidor, que en el mundo de la fábula no quiere “dar mensajes” y sí contar historias, es bien conocido por su compromiso político.
“No soy neoliberal, soy liberal, alguien que cree en la democracia, en la libertad, en contra de toda forma de autoritarismo y totalitarismo”, subrayó ayer, para pronunciarse a continuación sobre uno de los casos que ocupan más páginas en los periódicos internacionales, la revelación de información restringida por parte de Wikileaks.
Vargas Llosa dijo tener en este caso una opinión “contradictoria”. Por una parte, al autor de Los jefes le parece formidable la transparencia y que todo “salga a la luz, porque nos defiende contra las intrigas y las mentiras que están vinculadas a la vida política y al poder”.
Pero, por otra parte, reflexionó que, si desaparece toda forma de “confidencialidad y privacidad”, no ve cómo podría funcionar un Estado y, dijo, la esencia misma de la democracia se vería en peligro.
Despenalización de las drogas
Vargas Llosa sí ofreció, por el contrario, una respuesta clara a los problemas del narcotráfico en México, y se mostró partidario de “descriminalizar” las drogas e invertir el dinero de la lucha contra esa lacra en planes de curación y prevención.
“La idea de la legalización poco a poco ha ido abriéndose paso”, dijo el también merecedor del Premio Cervantes, el galardón más importante en las letras hispanas.
Al volver la mirada a su país, parte de cuya historia queda reflejada en El sueño del celta —la novela más solicitada por los lectores en la recién clausura FIL de Guadalajara, entre los 375 mil títulos que ofrecía el certamen—, el autor se preguntó por qué los peruanos no han sido capaces de “desagraviar a los indígenas por las atrocidades” cometidas en la época de auge de la explotaciones de caucho.
No obstante, este escritor, que una vez fue candidato presidencial en su país “por unas circunstancias especiales”, está convencido de que Perú vive una democracia, “aunque ésta sea imperfecta”.
“Nos ha traído convivencia en la paz. Las secuelas de la dictadura poco a poco van desapareciendo, y mi esperanza es que esa democracia se refuerce y no vaya a dar un paso atrás”.
De su país le han conmovido todas las manifestaciones de amistad y cariño y cómo los peruanos han recibido este Premio Nobel, que el autor asegura fue “una sorpresa” y que él, sin duda, otorgaría también a Jorge Luis Borges.
Y, si para otro maestro tuvo recuerdo en este frío día del Norte europeo, fue para Flaubert, a quien leyó entusiasmado de joven y de quien aprendió la disciplina que lleva a un escritor a sentarse ante las páginas en blanco. Tampoco olvidó a Sartre y el escaso humor plasmado en las páginas de sus obras.
Sobre el humor en su escritura, el peruano destacó que en un principio no lo usó, porque seguí la conducta de Sartre, que en su obra no emitía ni una sonrisa. Parecía que el humor era incompatible con la literatura. Pero luego me encontré con la historia de Pantaleón y las visitadoras, y ya ahí empecé a usar el humor”.
En un salón de la Academia sueca el autor destacó que continuará con sus “anhelos y proyectos” de escritor sin que el éxito haya trastocado un ápice su tarea de fabulador y cronista de su tiempo.
“No me voy a convertir en una estatua”, dijo Vargas Llosa tras declararse feliz ante los medios llegados a la capital escandinava desde todos los confines, con los que conversó, en español y en inglés, sobre literatura y también sobre la actualidad política y social.
En esta comparecencia en la Academia sueca, que mañana albergará el discurso de recepción del Nobel de Literatura, el laureado escritor, acompañado por su esposa, Patricia Llosa, apareció con un semblante serio, hasta el punto de que un informador peruano le solicitó “una sonrisa a don Mario”.
Así, más distendido, el autor de La Fiesta del Chivo, vestido con un traje oscuro y camisa rosa, conversó tanto de literatura como de la coyuntura política y social internacional.
La Academia sueca valoró la narrativa del autor de La casa verde por su “cartografía de las estructura del poder” y las “aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”.
Historias imaginarias
Para el autor de La guerra del fin del mundo, la función más importante de la literatura es “enriquecer nuestras experiencias con historias imaginarias que den mayor profundidad a nuestras ideas, enriquezcan nuestra sensibilidad y aumenten nuestro desasosiego y actitud crítica frente al mundo”. El autor de La tía Julia y el escribidor, que en el mundo de la fábula no quiere “dar mensajes” y sí contar historias, es bien conocido por su compromiso político.
“No soy neoliberal, soy liberal, alguien que cree en la democracia, en la libertad, en contra de toda forma de autoritarismo y totalitarismo”, subrayó ayer, para pronunciarse a continuación sobre uno de los casos que ocupan más páginas en los periódicos internacionales, la revelación de información restringida por parte de Wikileaks.
Vargas Llosa dijo tener en este caso una opinión “contradictoria”. Por una parte, al autor de Los jefes le parece formidable la transparencia y que todo “salga a la luz, porque nos defiende contra las intrigas y las mentiras que están vinculadas a la vida política y al poder”.
Pero, por otra parte, reflexionó que, si desaparece toda forma de “confidencialidad y privacidad”, no ve cómo podría funcionar un Estado y, dijo, la esencia misma de la democracia se vería en peligro.
Despenalización de las drogas
Vargas Llosa sí ofreció, por el contrario, una respuesta clara a los problemas del narcotráfico en México, y se mostró partidario de “descriminalizar” las drogas e invertir el dinero de la lucha contra esa lacra en planes de curación y prevención.
“La idea de la legalización poco a poco ha ido abriéndose paso”, dijo el también merecedor del Premio Cervantes, el galardón más importante en las letras hispanas.
Al volver la mirada a su país, parte de cuya historia queda reflejada en El sueño del celta —la novela más solicitada por los lectores en la recién clausura FIL de Guadalajara, entre los 375 mil títulos que ofrecía el certamen—, el autor se preguntó por qué los peruanos no han sido capaces de “desagraviar a los indígenas por las atrocidades” cometidas en la época de auge de la explotaciones de caucho.
No obstante, este escritor, que una vez fue candidato presidencial en su país “por unas circunstancias especiales”, está convencido de que Perú vive una democracia, “aunque ésta sea imperfecta”.
“Nos ha traído convivencia en la paz. Las secuelas de la dictadura poco a poco van desapareciendo, y mi esperanza es que esa democracia se refuerce y no vaya a dar un paso atrás”.
De su país le han conmovido todas las manifestaciones de amistad y cariño y cómo los peruanos han recibido este Premio Nobel, que el autor asegura fue “una sorpresa” y que él, sin duda, otorgaría también a Jorge Luis Borges.
Y, si para otro maestro tuvo recuerdo en este frío día del Norte europeo, fue para Flaubert, a quien leyó entusiasmado de joven y de quien aprendió la disciplina que lleva a un escritor a sentarse ante las páginas en blanco. Tampoco olvidó a Sartre y el escaso humor plasmado en las páginas de sus obras.
Sobre el humor en su escritura, el peruano destacó que en un principio no lo usó, porque seguí la conducta de Sartre, que en su obra no emitía ni una sonrisa. Parecía que el humor era incompatible con la literatura. Pero luego me encontré con la historia de Pantaleón y las visitadoras, y ya ahí empecé a usar el humor”.