Cultura

Una vocación por descifrar la ciudad

Desde diferentes trincheras, estos agentes se convierten en relatores de los sucesos que han construido la metrópoli

GUADALAJARA, JALISCO (13/AGO/2012).- Aún es temprano, todavía queda tiempo para tomar un café en la Plaza Guadalajara y charlar un poco. Jorge Gutiérrez Castro viste su uniforme que lo distingue como lo que es: un guía de turistas. De sus 62 años de edad, le ha dedicado más de dos tercios a la labor que hoy sigue desempeñando. Toma asiento al costado de la acera y mientras ve a los transeúntes pasar frente a la Catedral, recuerda el origen de su vida profesional.

“Entré a estudiar la carrera de Técnico en Turismo porque mi padre también era guía de turistas y me comenzó a llamar la atención por las veces en que yo llegué a acompañarlo en sus recorridos. Desde los 10 u 11 años me iba con él, pero hasta los 14 o 15 comencé a ayudarlo en grupos de intercambio estudiantil en los que venían norteamericanos a aprender el español. ‘Mi hijo les va a explicar lo que sabe de este punto en español, para que lo vayan escuchando’, les decía mi padre. Y así empecé.”

Era la década del sesenta. Los primeros viajes que realizó salían de la escuela de Artes Plásticas, en la calle de Belén, con rumbo a la Ciudad de México. A partir de ahí comenzó a sentir el deseo de transmitir los conocimientos de la historia y cultura, no sólo al público nacional, sino también al extranjero. Por eso continuó sus estudios hasta graduarse en la segunda generación de la Licenciatura en Turismo de la Universidad de Guadalajara.

“En mi muy personal opinión, considero que el Gobierno debería mejorar la imagen que se tiene de nuestro país; por medio de las embajadas y diplomáticos podría frenarse esta mala carta de presentación que se da del territorio mexicano. Porque creo que Estados Unidos, por ejemplo, tampoco es una ‘blanca paloma’. Tal vez se encuentran peor que nosotros en violencia, pero la gente sólo se sorprende y admira por la situación de aquí. Por eso nadie quiere venir”.

En los años setenta, el Gobierno les otorgaba un seguro de vida de 50 mil pesos a estos guías. Más tarde, en los ochenta, cuando ingresó Rosa Luz Alegría a la Secretaria de Turismo, se redujo ese seguro a cinco mil pesos. De allí vinieron las devaluaciones, y al término del periodo de Salinas de Gortari se eliminó por completo el seguro de vida para los guías. Finalmente, el “Error de diciembre” en 1994 provocó que muchas agencias quebraran, dejando a varios de sus colegas sin empleo.

Jorge toma un descanso para darle un sorbo a su café. Observa la placa oficial que lo acredita como guía de turistas, la cual porta sobre su saco gris. Se detiene, pensativo.

“Pero es importante decir que no todo ha sido malo. Muchas experiencias me han ayudado en cuestiones personales. Por ejemplo, cuando mi padre falleció, en el 78, yo tenía cuatro años de estar acreditado como guía y sabía que él no apoyaba mi decisión. Nunca volvimos a tocar el tema, pero unos de sus amigos tuvieron la oportunidad de hablarle en sus últimas horas.”

“Cinco días después se acercó uno de ellos conmigo y me dijo ‘mira, no te quisimos decir nada inmediatamente, pero no sientas ningún remordimiento por no complacer a tu padre con la carrera. Él se fue sorprendidísimo, nos dijo que se sentía orgulloso de ver cómo habías adoptado esta profesión con tanto entusiasmo’. Después de esto me sentí más seguro y me enfoqué en ser guía federal. Hasta llegué a dar paseos por Tikal, en Guatemala. Y con este empleo les he dado a mis hijos la oportunidad de estudiar lo que les apasiona. No me arrepiento de mi decisión y sé que mi padre tampoco”.

Desde que el Sindicato Nacional de Guías de Turistas, ahora conocido como Unión de Guías de Turistas, lo asignó a su primer trabajo en una agencia, no ha parado. Han pasado 38 años desde que la Secretaría de Turismo (Sectur) lo acreditó como guía de turistas y actualmente continúa ejerciendo de manera independiente, cuando las agencias en las que ha prestado sus servicios le llaman.

Siguen confiando en su desempeño y deseo de enriquecer las experiencias de los turistas. “Por el momento el trabajo no falta, la próxima semana voy a recoger un grupo al que le mostraré el Centro Histórico. Aún es emocionante”.

Dos colegas en el Museo de la Ciudad

Estela y José Gerardo tienen en común que saben datos de Guadalajara desde el siglo XVI hasta el siglo XX. Conocen sobre su fundación, pintura, religión, escultura, arquitectura y personajes sobresalientes. Esto se debe a que ambos se desempeñan como guías en el Museo de la Ciudad y cada uno tiene una historia diferente sobre cómo llegaron allí.

Estela Dávalos, de 49 años de edad, lleva 19 siendo guía. En 1993, cuando estudiaba en la facultad de turismo, la invitaron para formar parte del grupo de la policía turística. 170 hombres y mujeres recibieron una capacitación especial sobre instrucciones militares, junto con clases de turismo. Así ejerció dentro del Primer Encuentro Internacional del Mariachi,  las Fiestas de Octubre y diversos eventos culturales.

El proyecto dejó de funcionar y cada uno de sus compañeros buscó nuevas áreas. Ella se dio de baja en la Policía para ingresar a la Secretaría de Cultura. Desde 2009 se encuentra en el Museo de la Ciudad, donde atiende grupos escolares.

“Cuando estoy aquí, dando un recorrido, me encanta la expresión de los niños de ‘¿y usted cómo sabe tanto?’ Lo veo como semillitas que vas sembrando en ellos y que a lo mejor, en un futuro, resultan ser compañeros de trabajo.”

A pesar de haber vivido un embarazo a la par de su desarrollo profesional, nunca vio complicaciones, sino retos que logró superar con el apoyo de sus colegas.

“Cuando mi hijo estaba pequeñito a veces me lo llevaba a las noches de museos en el Panteón de Belén. Mientras yo explicaba una compañera me lo cuidaba. Con su niña yo hacía lo mismo.  Unos a otros nos vamos ayudando para que todo salga bien, porque entendemos la responsabilidad de que sólo el responsable puede atender a su grupo.”

Por su parte, José Gerardo Molina Bernal llegó “de un pueblito más viejo que Guadalajara que se llama Ixtlán.” Comenzó a vivir en la capital en la década del 90. Trabajaba de mensajero, yendo de casa en casa, repartiendo pólizas de seguro, hasta que en el 98 una pariente lo invitó a trabajar de vigilante en el Museo de la Ciudad. Luego de aprobar un examen de conocimientos consiguió el empleo, y a la par de que fungía como guardia de las salas, fue reforzando su formación.

“Aquí hay diplomados de historia y los tomo; me sirven de capacitación. Pero antes a mí no me gustaba la historia, hasta que mi amigo don Chebio, que nació en 1908, me dijo ‘mira, muchacho, te voy a platicar las cosas que yo sé de antes.’ Así me empezó a decirme más y más hasta que me surgió el gusto. Comencé a entrevistar gente mayor, consultar libros, ir a conferencias. Y ahora me encanta, siempre estoy investigando cosas nuevas sobre el Estado.”

La influencia de los demás lo ha incitado a continuar su acervo de conocimientos.

“Conozco personas de varias partes de la República y también de Jalisco que me platican cosas que ya pasaron. Hablan sobre lo que sus familias saben de la Revolución Mexicana, la Cristiada. De más atrás, de la conquista. ‘Los hombres de antes eran muy diferentes, joven,’ te dicen.”

Fue así que, con su educación autodidacta, consiguió ser promovido a guía turístico. Lleva 13 años en el museo y ahora espera que inicien los trámites para presentar el examen de ingreso a la licenciatura en Historia de la Universidad de Guadalajara.

De esta manera, ya sea al interior de recintos históricos, o en las calles de la ciudad, de su Centro Histórico sobre todo, estas personas se encargan de brindar información, datos, relatos o historia oral respecto de los sucesos o eventos que configuraron las estructuras arquitectónicas y el desarrollo social o cultural de esta metrópoli, de sus habitantes hoy, así como de sus antepasados.

Amantes de la historia, del lugar donde viven, todo lo que comparten con turistas locales y, sobre todo extranjeros, para convertirse en emisarios de las tradiciones y raíces de Guadalajara. Es la vocación que los mueve y que, aunque menos que antes, permanece en el imaginario.


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Para guiarse en la Vía Recreactiva


“Mi nombre es Luis Estudillo y soy estudiante de urbanismo y uso mucho la bicicleta.”, se presenta quien hoy tiene un proyecto en el que da salida a su faceta como guía en la Vía Recreactiva.

Desde hace dos años, todos los domingos inician recorridos en Escorza a las 9:30 horas, con 30 personas máximo, el paseo es por los Arcos de Guadalajara, el Ex convento del Carmen, el Paraninfo de la UdeG, Casa Vallarta, Teatro Larva y Parque Revolución, hasta concluir en la Minerva. Una guía de lo más reciente en la ciudad.

FRASE

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En los últimos años esto ha decaído. Especialmente el turismo estadounidense, luego de los atentados del 11 de septiembre a las Torres Gemelas. Vino un decaimiento de un 60 o 70 por ciento "

Jorge Gutérrez Castro,

guía de turistas

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