Cultura

Una vida dedicada al teatro

Jesús Cabello del Moral, técnico en iluminación, utilería y audio, es parte del equipo fundador del teatro El Galeón

GUADALAJARA, JALISCO.- Jesús Cabello del Moral ha dado su vida al teatro. Desde los 12 años ha tenido contacto con los foros escénicos y a partir de esos primeros acercamientos quedó atrapado para siempre por la magia teatral.

Como técnico trabajó en el teatro el Follis Berger, el Lírico, el Esperanza Iris -ahora Teatro de la Ciudad-, el Virginia Fábregas -hoy Fru-Frú-, el teatro Margo -ahora El Blanquita-, entre otros.

En 1969 conoció a Abraham Oceransky -representante de esta corriente renovadora- y a su grupo de actores, quienes montaron en ese foro la obra Conejo blanco. Ese contacto fue fundamental para la vida de Cabello, ya que se unió a la compañía y llegaron al Instituto Nacional de Bellas Artes para formar un proyecto vanguardista: la creación de un foro especial para una muestra de teatro experimental.

Para Jesús Cabello, El Galeón nació del esfuerzo de profesionales del arte escénico. El pasado 20 de noviembre ese foro cumplió 36 años de vida, de los cuales Jesús Cabello ha visto su nacimiento, desarrollo y consolidación.

A más de tres décadas de la apertura de El Galeón, Cabello del Moral considera que para que se logre la atmósfera teatral, es necesario el trabajo conjunto de técnicos y actores.

“Aunque sea un monólogo, uno ve a un solo actor, pero hay mucha gente atrás, que son técnicos, traspuntes y boleteros. El público no se imagina el movimiento que hay allá, todo el mundo corre. Técnicos y actores tenemos que estar bien ensamblados para no entorpecer el trabajo, porque si falla un engranaje de cualquiera, se viene al traste la obra”, dice.

Después de medio siglo de ser parte del teatro, afirma sonriente: “No me arrepiento de haber estado aquí, hay buenas y malas, pero uno como técnico siente la reacción del público. Para mí, cuando una obra está mal o no se entiende, los asistentes se mueven en su butaca, les resulta incómodo”.

Directores como Héctor Mendoza, Peter Brook, Ludwik Margules, Luis de Tavira, Julio Castillo, José Caballero y David Olguín, entre otros, han trabajado con Cabello, quien los recuerda con gusto. “Cada director me ha enseñado algo, ningún creador es igual, lo mismo pasa con los directores de escenografía, con los que tenemos más relación”.

En el número 14-15 de la revista Pasodegato, la sección Perfil fue dedicada a la labor de Jesús Cabello. En ese ejemplar escribieron los directores escénicos Abraham Oceransky, Luis de Tavira y el escenógrafo Philippe Amand. Este último afirma rotundamente: “Lleva años diciendo que está cansado y que debe jubilarse; yo creo que no lo hará, sabe muy bien que dejar el teatro será para él un suicidio. Le ha dedicado su vida a encender cada una de las luces del escenario del Galeón, y ahora no puede dejar de hacerlo”.

Jesús Cabello se retiró el año pasado, contra los vaticinios del escenógrafo; el acto, considera el técnico, le ha permitido redimensionar su vida teatral y buscarle nuevos significados al arte escénico.

De vez en cuando regresa a ese teatro que le tocó construir, sus compañeros reconocen “su voz chillona” y lo respetan, a cada paso se oyen voces que lo llaman “maestro”, de toda una comunidad que le agradece cada minuto de su vida invertido detrás del escenario. Recorre los pasillos y áreas de El Galeón con toda familiaridad, conoce de memoria los espacios y continúa tratando de descifrar la magia escénica que lo atrapó desde su niñez y que lo hechiza en cada palabra, en cada acto.
 

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