Cultura
Una galaxia llamada Ortega y Gasset
Editorial Taurus publica el décimo tomo de las Obras completas del autor de La rebelión de las masas
MADRID, ESPAÑA (13/FEB/2011).- El índice de conceptos, onomástico y toponímico de las Obras completas de José Ortega y Gasset (1883-1955) ocupa 550 páginas, en papel biblia, en la edición que acaba de culminar la editorial Taurus. Ese dato da una idea cabal de la galaxia de temas abordados por el filósofo español desde que en agosto de 1902, con 19 años, publicó en el Faro de Vigo una glosa dedicada a Valle-Inclán. Aquel día arrancó públicamente un pensamiento que, incluso en títulos tan emblemáticos como La rebelión de las masas, alimentó las páginas de los periódicos antes de tomar forma de libro.
El propio Ortega habló en los años treinta del siglo pasado, de la emergencia de libros -máquinas que, merced a la técnica refinada de sus índices, liberaban a la memoria de esfuerzos innecesarios-. Y algo de eso hay en la entrega final de sus Obras completas, un volumen que, junto al índice elaborado por Domingo Hernández Sánchez, incluye los textos que el pensador escribió entre 1949 y 1955 y que se publicaron después de su muerte.
Con el último tomo, el décimo, se cierra un proyecto que echó a andar en 2000 y que, después de remover 70 mil páginas, ha reunido más de 10 mil. Entre ellas hay más de 100 textos inéditos y centenar y medio de nuevas incorporaciones a unas Obras completas de Ortega, de las que anteriormente se habían publicado ya seis ediciones, una incluso en vida del propio pensador. Pese a gozar de una fortuna editorial que no ha disfrutado ni el mismo Cervantes, a la muerte del filósofo quedaban más de tres mil páginas inéditas. De ahí la magnitud de la labor llevada a cabo por el equipo de investigación de la Fundación Ortega-Marañón.
“Esta no es una edición española sino en español. Gran parte de los inéditos se han encontrado en América”, dice Jesús Sánchez Lambás, director general de la fundación, que añade: “La obra no se detiene”. Ahí están, por un lado, las fichas de trabajo para un libro sobre los toros, recuperadas recientemente, y por otro, la futura edición digital de las Obras completas y la traducción al inglés de una selección de estas.
Si los nueve primeros tomos concentraron trabajos que incluían el primer artículo de Ortega, su tesis doctoral Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda o su defensa de Unamuno cuando fue destituido como rector de Salamanca en 1914, el décimo reúne textos escritos por el filósofo en los finales de su vida.
Entre ellos destacan las partes que desechó de El hombre y la gente, el ensayo en el que trabajó hasta su muerte, “su sociología”, como expresa Javier Zamora Bonilla, director del Centro de Estudios Orteguianos, que subraya además la importancia de otro de los trabajos recopilados ahora: Meditación sobre Europa. Se trata de una conferencia impartida por Ortega y Gasset en 1949 en una Alemania arruinada, en ruinas y ocupada todavía por los aliados. Para el estudioso, esa conferencia, en la que Ortega defiende la creación de unos Estados Unidos de Europa, es buena muestra de la popularidad internacional del filósofo: “Se llenó un auditorio con tres mil plazas y hubo que poner altavoces fuera de la sala. En el tumulto se rompieron algunos cristales y, al día siguiente, los periódicos titularon la reseña del acto con La rebelión de las masas”.
Precisamente, otra de las piezas incorporadas a las obras completas es una conversación con el escritor Miguel Pérez Ferrero que tuvo lugar ese mismo año. Es la única entrevista recopilada porque hay un manuscrito de puño y letra de Ortega que incluye tanto las preguntas como las respuestas. Vetada su difusión por el Ministerio de Información, la entrevista destaca el contraste entre las facilidades que el filósofo encontraba en el extranjero y las trabas que se le ponían en España, de la que había salido al estallar la Guerra Civil.
Otro momento
Oficialmente era vecino de la capital portuguesa a pesar de que había vuelto en 1945 a Madrid. Allí fundó tres años más tarde el Instituto de Humanidades. “Volví a reanudar, por vía y en tono de ensayo, mi actuación en España, a la que se oponen algunos grupos de compatriotas muy interesados en conseguir mi definitiva extinción”, continúa. “En este intento de nueva actuación yo he puesto mi mejor voluntad como la puse en guardar silencio durante trece años, suspendiendo radicalmente no sólo mi vida pública sino hasta el límite posible mi existencia privada”.
Atrás quedaban, pues, los tiempos en los que “el más auténtico deber del hombre cuyo oficio y misión es decir” consistía “precisamente en callar”.
“Ortega llegó ilusionado en el año 45 creyendo que algo podía cambiar. Le sorprendió la vitalidad del país pero la decepción no tardó en llegar”, dice José Varela Ortega, presidente de la Fundación Ortega-Marañón y nieto del filósofo. “En los años cincuenta tuvo buena relación con Joaquín Ruiz Giménez, ministro de Educación, pero no con el régimen de Franco. No quiso pasar sus filtros. Vivía de sus colaboraciones en la prensa extranjera. De hecho, fundó el Instituto de Humanidades para no volver a la universidad oficial”, afirma Varela Ortega para contradecir la tesis sostenida por Gregorio Morán en El maestro en el erial (Tusquets, 1998) de que el pensador tuvo veleidades franquistas.
Para Varela Ortega, la nueva edición de las Obras completas de su abuelo es tan pulcra que “lo van a entender hasta los filósofos. ¿Y qué dicen los filósofos, o algunos filósofos? Para Fernando Savater, Ortega y Gasset es una lectura obligada: Es un gran pensador, un semillero de ideas. Cuando voy a escribir sobre algo y sé que él escribió sobre eso, primero leo lo suyo”.
Perfil
El gran escritor
José Ortega y Gasset nació en España, en 1883. Estudió en la Universidad de Deusto y en la Universidad Central de Madrid; pero continúo su formación en Alemania. En 1908 es nombrado catedrático de psicología, lógica y ética de la Escuela Superior de Magisterio de Madrid.
En sus escritos destacan Vieja y nueva política, Meditaciones del Quijote y Ensayo de estética a manera de prólogo, España invertebrada, El tema de nuestro tiempo, La deshumanización del arte, ¿Qué es filosofía?, y en 1930 publica La rebelión de las masas.
Fue promotor de la Asociación al Servicio de la República, por lo que tiene que exilarse en 1936, pasando de París a la Argentina (1939-1942), para finalmente radicar en Lisboa. Murió en 1955.
El propio Ortega habló en los años treinta del siglo pasado, de la emergencia de libros -máquinas que, merced a la técnica refinada de sus índices, liberaban a la memoria de esfuerzos innecesarios-. Y algo de eso hay en la entrega final de sus Obras completas, un volumen que, junto al índice elaborado por Domingo Hernández Sánchez, incluye los textos que el pensador escribió entre 1949 y 1955 y que se publicaron después de su muerte.
Con el último tomo, el décimo, se cierra un proyecto que echó a andar en 2000 y que, después de remover 70 mil páginas, ha reunido más de 10 mil. Entre ellas hay más de 100 textos inéditos y centenar y medio de nuevas incorporaciones a unas Obras completas de Ortega, de las que anteriormente se habían publicado ya seis ediciones, una incluso en vida del propio pensador. Pese a gozar de una fortuna editorial que no ha disfrutado ni el mismo Cervantes, a la muerte del filósofo quedaban más de tres mil páginas inéditas. De ahí la magnitud de la labor llevada a cabo por el equipo de investigación de la Fundación Ortega-Marañón.
“Esta no es una edición española sino en español. Gran parte de los inéditos se han encontrado en América”, dice Jesús Sánchez Lambás, director general de la fundación, que añade: “La obra no se detiene”. Ahí están, por un lado, las fichas de trabajo para un libro sobre los toros, recuperadas recientemente, y por otro, la futura edición digital de las Obras completas y la traducción al inglés de una selección de estas.
Si los nueve primeros tomos concentraron trabajos que incluían el primer artículo de Ortega, su tesis doctoral Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda o su defensa de Unamuno cuando fue destituido como rector de Salamanca en 1914, el décimo reúne textos escritos por el filósofo en los finales de su vida.
Entre ellos destacan las partes que desechó de El hombre y la gente, el ensayo en el que trabajó hasta su muerte, “su sociología”, como expresa Javier Zamora Bonilla, director del Centro de Estudios Orteguianos, que subraya además la importancia de otro de los trabajos recopilados ahora: Meditación sobre Europa. Se trata de una conferencia impartida por Ortega y Gasset en 1949 en una Alemania arruinada, en ruinas y ocupada todavía por los aliados. Para el estudioso, esa conferencia, en la que Ortega defiende la creación de unos Estados Unidos de Europa, es buena muestra de la popularidad internacional del filósofo: “Se llenó un auditorio con tres mil plazas y hubo que poner altavoces fuera de la sala. En el tumulto se rompieron algunos cristales y, al día siguiente, los periódicos titularon la reseña del acto con La rebelión de las masas”.
Precisamente, otra de las piezas incorporadas a las obras completas es una conversación con el escritor Miguel Pérez Ferrero que tuvo lugar ese mismo año. Es la única entrevista recopilada porque hay un manuscrito de puño y letra de Ortega que incluye tanto las preguntas como las respuestas. Vetada su difusión por el Ministerio de Información, la entrevista destaca el contraste entre las facilidades que el filósofo encontraba en el extranjero y las trabas que se le ponían en España, de la que había salido al estallar la Guerra Civil.
Otro momento
Oficialmente era vecino de la capital portuguesa a pesar de que había vuelto en 1945 a Madrid. Allí fundó tres años más tarde el Instituto de Humanidades. “Volví a reanudar, por vía y en tono de ensayo, mi actuación en España, a la que se oponen algunos grupos de compatriotas muy interesados en conseguir mi definitiva extinción”, continúa. “En este intento de nueva actuación yo he puesto mi mejor voluntad como la puse en guardar silencio durante trece años, suspendiendo radicalmente no sólo mi vida pública sino hasta el límite posible mi existencia privada”.
Atrás quedaban, pues, los tiempos en los que “el más auténtico deber del hombre cuyo oficio y misión es decir” consistía “precisamente en callar”.
“Ortega llegó ilusionado en el año 45 creyendo que algo podía cambiar. Le sorprendió la vitalidad del país pero la decepción no tardó en llegar”, dice José Varela Ortega, presidente de la Fundación Ortega-Marañón y nieto del filósofo. “En los años cincuenta tuvo buena relación con Joaquín Ruiz Giménez, ministro de Educación, pero no con el régimen de Franco. No quiso pasar sus filtros. Vivía de sus colaboraciones en la prensa extranjera. De hecho, fundó el Instituto de Humanidades para no volver a la universidad oficial”, afirma Varela Ortega para contradecir la tesis sostenida por Gregorio Morán en El maestro en el erial (Tusquets, 1998) de que el pensador tuvo veleidades franquistas.
Para Varela Ortega, la nueva edición de las Obras completas de su abuelo es tan pulcra que “lo van a entender hasta los filósofos. ¿Y qué dicen los filósofos, o algunos filósofos? Para Fernando Savater, Ortega y Gasset es una lectura obligada: Es un gran pensador, un semillero de ideas. Cuando voy a escribir sobre algo y sé que él escribió sobre eso, primero leo lo suyo”.
Perfil
El gran escritor
José Ortega y Gasset nació en España, en 1883. Estudió en la Universidad de Deusto y en la Universidad Central de Madrid; pero continúo su formación en Alemania. En 1908 es nombrado catedrático de psicología, lógica y ética de la Escuela Superior de Magisterio de Madrid.
En sus escritos destacan Vieja y nueva política, Meditaciones del Quijote y Ensayo de estética a manera de prólogo, España invertebrada, El tema de nuestro tiempo, La deshumanización del arte, ¿Qué es filosofía?, y en 1930 publica La rebelión de las masas.
Fue promotor de la Asociación al Servicio de la República, por lo que tiene que exilarse en 1936, pasando de París a la Argentina (1939-1942), para finalmente radicar en Lisboa. Murió en 1955.