Cultura

Un oficio discreto en la literatura

Son pocos los escritores interesados y capacitados en trasladar al español obras de otros idiomas

GUADALAJARA, JALISCO.- Definido como un oficio discreto y silencioso en la literatura, la traducción es un terreno poco explorado y explotado en el campo de las letras. En Guadalajara, nombres como Françoise Roy, Jorge Esquinca, Joanna Zeromska, Harriet Quint, Carlos Guzmán Moncada, Luis Vicente de Aguinaga y Marta Noguer Ferrer, entre otras firmas, están presentes en las páginas de varios libros por su trabajo como traductores.

La coordinadora de la Sección de Traducción del Departamento de Lenguas Modernas de la Universidad de Guadalajara (UdeG), María Luisa Arias Moreno, define el papel del traductor como "un mediador entre la obra original y el público lector de una cultura diferente a la que estaba dirigida la obra original". Además, cita al autor parisino Paul Valèry, quien afirma que "traducir es producir con medios diferentes, efectos análogos".

Arias Moreno considera que "un buen traductor es aquél que produce un texto equivalente al de la obra original en otra lengua y respeta la intención del creador original".

Para lograr que esta tarea sea excelente en el ámbito de la literatura, existe una serie de requisitos necesarios como una competencia lingüística en ambas lenguas, conocimientos teóricos sobre la traducción y otras disciplinas afines, nociones biculturales, enciclopédicas y temáticas en distintas áreas del saber, sensibilidad y ser escritor, según explica la coordinadora de la Sección de Traducción del Departamento de Lenguas Modernas de la UdeG.

Desde su punto de vista, dos tapatíos destacan con su tarea en el oficio de la traducción: Jorge Esquinca y Luis Vicente de Aguinaga.

Pasión


Para Jorge Esquinca, se trata de una labor "noble,

discreta, indispensable y bastante mal pagada". Dice que, en su caso, "traducir es una pasión y tiene que ver con la alegría de poder compartir con otros algo que he podido leer en otro idioma".

En su opinión, un buen traductor es "quienno interviene la obra y es capaz de trasladar, a la vez, la letra y el espíritu".
Su primer libro traducido se publicó hace 27 años. Se trataba de una colección de tres poemas del sueco Gunnar Ekelof a partir de las versiones al inglés de W.H. Auden. El poeta tapatío confiesa que "simplemente supe, al leerlos, que podría traducirlos. Y lo hice".

Por su parte, Luis Vicente de Aguinaga señala que su interés por este oficio surgió casi a la par de su gusto por la literatura. Su primera interpretación en español de una poesía escrita en inglés la realizó entre los años de 1988 y 1990. "Me tomó mucho tiempo proponerme hacer un libro de un mismo autor", expresa. Después de graduarse del doctorado con una tesis en francés, surgió un interés por la poesía de Hector Saint Denys Garneau.

Arias Moreno detalla que los profesionales deben reproducir no sólo el significado, sino el sentido del texto: "reproducir no sólo lo que el autor dice, sino lo que quiere decir tratando de reflejar su estilo, lo cual implica conocer al autor y su mundo".

También explica el caso de la poesía, donde cada obra cuenta con una impresionante gama de lecturas probables y el autor tiene que liberarse de su propia interpretación para respetar incluso las ambigüedades del texto original. Aunque esto no siempre es posible, porque "la lengua a la que traduce no lo permite. Entonces, el traductor debe tomar una decisión fundamentada tomando en cuenta todos los factores lingüísticos y extralingüísticos que rodean al texto y haciendo un buen análisis de éste para escoger la mejor opción", dice la catedrática.

Falta de profesionalización

Arias Moreno explica que uno de los principales problemas en el campo de la traducción es la escasa profesionalización, ya que los traductores locales son "gente a la que le gusta la literatura y se lanza a la aventura sin pensar la gran responsabilidad que eso implica. De ahí la abundancia de las malas traducciones".

Detalla que en la Ciudad de México y en el Estado de México sí hay buenos traductores. Además, presenta el caso de Argentina, que "solía ser el mejor país para la traducción literaria, por contar con muy buenos programas de formación de traductores. Desgraciadamente, ha perdido mercado y ahora se producen más traducciones en otros países, pero, en mi opinión, la calidad no es muy buena por cuestiones no sólo de formación de traductores, sino ideológicas".

Del trabajo del traductor Jorge Esquina en Guadalajara asegura que casi no existe. "No creo que la geografía tenga demasiado que ver con esto -añade-, pero, por obvias razones, la mayor parte de los traductores se concentran en la Ciudad de México".

Luis Vicente de Aguinaga considera que en el caso de la traducción en México es indispensable incluir a las lenguas indígenas.

 
"Traducir  es una pasión, es la alegría de poder compartir algo leído en otro idioma", Jorge Esquinca (escritor y traductor)
 
"Ningún idioma es sencillo, todos son organismos vivos, complejos", Luis Vicente de Aguinaga (escritor y traductor)
 
Obras

- Traducciones de Jorge Esquinca
El canto de los muertos
, de Pierre Reverdy (en colaboración con María Palomar)
La rosa náutica
, de W.S. Merwin (en colaboración con María Palomar) Emergencias/Resurgencias, de Henri Michaux
El cuaderno verde
, de Maurice de Guérin
Araire
, de André du Bouchet
- Traducciones de Luis Vicente de Aguinaga
Pequeño fin del mundo
, de Hector Saint Denys Garneau
Todos y cada uno
, de Hector de Saint Denys Garneau
 
Algunos ejemplos

Joanna Magdalena Zeromska, traduce del polaco al español
Harriet Quint, traduce del alemán al español
Marta Noguer Ferrer, traduce del catalán al castellano
Jorge Esquinca, traduce del inglés y francés al español
Luis Vicente de Aguinaga, traduce del francés al español
Carlos Guzmán Moncada, traduce del catalán al castellano

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