Cultura

Teatro para ganar identidad

Luis Mario Moncada visita la ciudad para impartir un taller de dramaturgia y apelar a las historias locales

GUADALAJARA, JALISCO (21/AGO/2014).- Luis Mario Moncada afirma que cuando la dramaturgia de alguna ciudad recurre a temas cotidianos, a una historia de barrio o a la de un personaje particular, el teatro gana identidad, genera una experiencia común y crea comunidad de sentido.

“Hoy en día se apela más a la experiencia que a la representación. Se dice que hay un cambio. Está cambiando el paradigma del teatro. Antes era contar historias. Antes el fundamento era contar una historia, Aristóteles lo plantea así. Hoy en día pareciera que la premisa se está acercando a la idea de compartir experiencias, que el espacio, más que ser un lugar que está separado, donde por un lado están los actores y del otro los espectadores, se convierta en un lugar en donde todos los que están presentes asistan a una experiencia irrepetible, algo que toque, que te transforme, que te haga decir: ‘Lo que sucedió hoy no sucedió en la función de ayer’”.

El dramaturgo, quien encabeza el Módulo I, “Dramaturgia regional en México”, del Diplomado de Actualización profesional en dramaturgia de creadores escénicos, comentó que durante las sesiones, que concluyen mañana en el Museo Raúl Anguiano (MURA), se concentra en aterrizar los fundamentos de la dramaturgia,

“Éste es un Estado que, a pesar de que tiene estudios profesionales de teatro, no está enfocado a los estudios de la dramaturgia. Entonces hay que poner el acento en los fundamentos, las bases, los lineamientos básicos de la escritura de una obra. Eso quiere decir que tenemos que ser muy puntuales en desarrollar esos conceptos”.

El segundo objetivo de este módulo será contextualizar el fenómeno del teatro regional, particularmente en el Norte del país, en donde Moncada encontró temas que le daban una identidad muy específica a este teatro.

“El teatro de la frontera, que se reconoce como un teatro regional, con una identidad muy marcada en los últimos años, tiene temas muy identificables, como son el narcotráfico, la frontera, la migración. O por ejemplo en Sonora, donde hay un teatro que curiosamente el fenómeno del agua es vital. Entonces hay una dramaturgia en cuanto al asunto del desierto, de esta condición climatológica”.

Al no vivir en la ciudad y conocer poco del teatro que se hace aquí, Moncada destaca que durante las clases tratará de encontrar, junto con los participantes tapatíos, una historia local qué contar. “A lo que vengo es a aportar las herramientas técnicas para la escritura de una obra. Lo que quiero es descubrir o ayudar a descubrir a los estudiantes del diplomado en dónde están esas historias y si verdaderamente se puede construir a partir de la historia local, de la historia íntima. Yo creo que sí, evidentemente, pero desconozco cuáles son esas historias”.

Considera que en ocasiones los teatreros no acuden a temas locales porque, por un lado, ha existido una especie de esnobismo y una intención de conectar con un fenómeno global del teatro.

Con la mirada en esta tierra

Luis Mario Moncada lo ha visto y lo ha vivido, y conforme pasa el tiempo lo constata: en los último 20 años, dice, ha crecido mucho el fenómeno de estreno de obras nacionales.

“Yo dirigí por ocho años un centro cultural en el D.F., el Centro Cultural Helénico, y alguna vez saqué una estadística en el tiempo que yo estuve: el 60% de estrenos eran de autores mexicanos y el 90% eran autores vivos. Entonces era un teatro contemporáneo y fundamentalmente un teatro mexicano el que se estaba haciendo”.

Puso de relieve que actualmente este fenómeno de estreno del teatro mexicano se ha expandido, pues los autores ya no acuden a contar la historia de una figura mundial, sino que están buscando una historia local.

“Ese es un trabajo de concientización que parte desde la propia gente del teatro, del público que evidentemente está más abierto a ver lo que viene de Broadway o lo que viene de Londres que lo que surge de un autor local, pero creo que poco a poco se va abriendo”.

Moncada festeja que en México haya un dramaturgo como Luis Enrique Gutiérrez (LEGOM), cuyo microcosmos teatral es reconocido en cualquier parte del mundo: “Es un autor de Guadalajara, aunque su teatro no lo ha hecho aquí. Ha tardado muchísimo todavía en convencer al gran público de su importancia, y sin embargo, cuando se han montado y leído en el extranjero, sus obras son comprendidas como si pertenecieran a ese lugar. Tiene una dimensión hiperlocal”.

Su interés es ése —lo que es, por cierto, parte fundamental en el curso—, apelar a las premisas de la microhistoria, de Luis González y González, quien dice que el microhistoriador, que es una especie de cronista, está más cercano a la literatura y al poeta que a la ciencia de la historia, “porque tiene que ver con rascar en lo íntimo, en lo cotidiano, en aquello que no percibe la gran historia... a partir de eso vas generando una historia minúscula que te toca de una manera más directa”.

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