Cultura
Taller Agraz, artífice de escenarios de vida
Las obras más importantes se compilan en un libro, donde la constante es la depuración de las formas
GUADALAJARA, JALISCO (25/AGO/2010).- Son ya 10 años de crear el telón de fondo de la vida de la gente, esos rincones que aparecen en todos los recuerdos: las tardes de película, el café mañanero, la lluvia en la ventana, los pasteles de tierra, el llanto más íntimo, la primera luz del día.
Para festejar esta década, el Taller Agraz Arquitectos ha realizado una compilación de sus mejores obras (28 construcciones, principalmente casas-habitación, y tres proyectos, entre ellos la Ciudad Judicial y el Edificio Humboldt para la Villa Panamericana en el Parque Morelos, que no se concretó), que se presentará el próximo jueves en el Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco, como parte del proyecto Charlas con Arquitectos.
El titular del despacho, Ricardo Agraz Orozco, opina que las casas son el testimonio histórico de una época y cita a Octavio Paz para redondear la idea: “la arquitectura es el testigo insobornable de la historia”.
Su oficina es el reflejo de su discurso. Se respira serenidad, orden. La luz y el aire circulan depurados. En ese entorno, el tapatío cuenta que de 10 años a la fecha ha habido ciertos cambios.
El primero es que al Taller cada vez más les interesa que los automóviles tengan menos protagonismo. “Era muy común que en las fachadas de las casas hubiera cocheras y ahora aparecen propuestas en las que el auto no aparece; lo dejamos en una puertita lateral o en un espacio subterráneo, el auto lo ponemos abajo del hombre, lo ponemos en su lugar, donde debe estar”.
Otros elementos son el jardín, pues el exterior se vuelca hacia el interior, y la intención de que cada construcción envejezca dignamente.
Para Agraz Orozco, la publicación es una celebración que además tiene un valor simbólico, porque en 1999 falleció su madre, y es a partir de ese instante que revisa su andar en la arquitectura.
El camino
Detrás de los primeros 10 años (de 1999 a 2009) del Taller, hay otros 15 del trabajo de Ricardo Agraz que sirvieron “para aclarar la garganta”.
Y es que la década de los ochenta “no fue la mejor época, porque la sociedad quería ser de algún modo moderna, pero en la arquitectura no había grandes propuestas. De manera que la gente poco a poco se cansó de las casas con cúpula y los techos inclinados, tal vez porque ahora hay generaciones mejor preparadas que buscan su propia voz para expresarse y que no le toma prestado a nadie. Ahí empiezan a depurarse las propuestas”.
La editora del libro Agraz Arquitectos.10 años, Ana Guerrerosantos, resalta en la introducción que es evidente la “depuración del lenguaje arquitectónico de la firma; que posicionar al hombre por encima de lo material es ya una constante; y que la eterna búsqueda es la de una consabida perfección inalcanzable”.
El tapatío relata que en el despacho, donde participan 12 arquitectos y distintos artistas como Fernando Sandoval, Mito Covarrubias o Adrián Guerrero, un elemento transversal es la relación humana con el cliente. “Construirle la casa a alguien genera vínculos indestructibles; llegas a conocer sus costumbres, sus formas, y tratas de transmitirlas a sus espacios. Es maravilloso que no sólo les construimos un lugar donde coman o donde duermen, sino que les diseñamos el escenario de su vida”.
En la publicación, el chileno Jorge Iglesis define a Agraz como alguien que interpreta el espíritu de sus habitantes para convertir el vacío en arquitectura.
-- ¿Cuáles son sus nuevas propuestas arquitectónicas y cómo se ha modificado la manera de relacionarse con el espacio?
-- El concepto de la casa va cambiando según las costumbres de la gente (…). También hay un avance en los materiales, pero lo que más me llama la atención es que en los años ochenta hubo como una borrachera de color y de formas, entonces te queda como la cruda de aquello que inundó a la ciudad. Ahora hay como una necesidad de asepsia, de limpieza, de quitar tiliches. Es un ciclo que dura unos 60 años. Con el tiempo, a la arquitectura se le van poniendo adornos y creo que ahora estamos regresando a la depuración, a formas más limpias. El color sigue existiendo, pero sobre todo con materiales naturales en vez de pintura sobre el muro, lo que permite que la arquitectura envejezca dignamente.
--¿Cómo surge la búsqueda de depurar el lenguaje arquitectónico?
-- Soy afortunado porque estudié de 1979 a 1984. Muy probablemente soy la última generación que tuve como maestros a los grandes iconos de la arquitectura como Silvio Alberti. Yo fui formado en las propuestas modernas y cuando salimos de la escuela el discurso parecía desgastado, las propuestas ya eran postmodernistas y nosotros no sabíamos hacer casas de cúpulas. Por muchos años no tuvimos trabajo aquí, así que tuvimos paciencia y por fin podemos hacer lo que soñábamos.
-- ¿Qué opinan de que las propuestas del Taller tengan que convivir con el caos y la mala planeación urbana?
-- Es deseable que la arquitectura sea parte de la imagen urbana, que en el lugar donde te insertas el discurso sea armónico. Pero no siempre es posible la integración urbana, nos ha tocado construir junto a arquitectura estridente y no hay posibilidad de diálogo como se quisiera. Pero soy un optimista y aunque las ciudades están tasajeadas por el auto, creo que estamos en el momento de cambiar de discurso, de declararle la guerra al vehículo.
-- ¿Cómo es su propuesta en el espacio público?
-- Ahí el cliente es otro y se trabaja para una sociedad. Todos los espacios nos parecen importantes y es más satisfactorio porque es más plural, y siempre que podemos, tratamos de devolverle más al ser humano que al automóvil.
-- ¿Qué tan importante es la arquitectura bioclimática?
-- Tenemos una conciencia por el entorno que apenas empieza. Y en esta propuesta hay dos caminos. El primero es entender el sitio donde te plantas y la relación con el entorno, que es lo que nosotros buscamos. La otra opción es buscar la autosuficiencia energética, y en definitiva hacia allá caminará la arquitectura.
Jueves 26 de agosto, presentación del libro Agraz Arquitectos. 10 años / Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco, Pedro Moreno 1612, 20:00 horas
Perfil
Ricardo Agraz
Es arquitecto por la Universidad de Guadalajara y maestro en Arquitectura Bioclimática por la Universidad de Colima. Pero sin duda fue Julio de la Peña, durante el tiempo que colaboró con él en su taller, quien lo “infectó de amor por la arquitectura”. Ha participado en distintos concursos internacionales al lado de Augusto Quijano y Jorge Iglesis, lo que le permitió estar en estadías en Estados Unidos, República Dominicana y Costa Rica. En 1999 funda Agraz Arquitectos en Guadalajara, concebida como una firma primordialmente centrada en el trabajo alrededor de la casa habitación. A la par, establece el trabajo en espacios públicos, al igual que remozamiento de distintos puntos urbanos.
EL INFORMADOR/ Alejandra Guillén
NAVEGA: WWW.AGRAZARQUITECTOS.COM
Para festejar esta década, el Taller Agraz Arquitectos ha realizado una compilación de sus mejores obras (28 construcciones, principalmente casas-habitación, y tres proyectos, entre ellos la Ciudad Judicial y el Edificio Humboldt para la Villa Panamericana en el Parque Morelos, que no se concretó), que se presentará el próximo jueves en el Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco, como parte del proyecto Charlas con Arquitectos.
El titular del despacho, Ricardo Agraz Orozco, opina que las casas son el testimonio histórico de una época y cita a Octavio Paz para redondear la idea: “la arquitectura es el testigo insobornable de la historia”.
Su oficina es el reflejo de su discurso. Se respira serenidad, orden. La luz y el aire circulan depurados. En ese entorno, el tapatío cuenta que de 10 años a la fecha ha habido ciertos cambios.
El primero es que al Taller cada vez más les interesa que los automóviles tengan menos protagonismo. “Era muy común que en las fachadas de las casas hubiera cocheras y ahora aparecen propuestas en las que el auto no aparece; lo dejamos en una puertita lateral o en un espacio subterráneo, el auto lo ponemos abajo del hombre, lo ponemos en su lugar, donde debe estar”.
Otros elementos son el jardín, pues el exterior se vuelca hacia el interior, y la intención de que cada construcción envejezca dignamente.
Para Agraz Orozco, la publicación es una celebración que además tiene un valor simbólico, porque en 1999 falleció su madre, y es a partir de ese instante que revisa su andar en la arquitectura.
El camino
Detrás de los primeros 10 años (de 1999 a 2009) del Taller, hay otros 15 del trabajo de Ricardo Agraz que sirvieron “para aclarar la garganta”.
Y es que la década de los ochenta “no fue la mejor época, porque la sociedad quería ser de algún modo moderna, pero en la arquitectura no había grandes propuestas. De manera que la gente poco a poco se cansó de las casas con cúpula y los techos inclinados, tal vez porque ahora hay generaciones mejor preparadas que buscan su propia voz para expresarse y que no le toma prestado a nadie. Ahí empiezan a depurarse las propuestas”.
La editora del libro Agraz Arquitectos.10 años, Ana Guerrerosantos, resalta en la introducción que es evidente la “depuración del lenguaje arquitectónico de la firma; que posicionar al hombre por encima de lo material es ya una constante; y que la eterna búsqueda es la de una consabida perfección inalcanzable”.
El tapatío relata que en el despacho, donde participan 12 arquitectos y distintos artistas como Fernando Sandoval, Mito Covarrubias o Adrián Guerrero, un elemento transversal es la relación humana con el cliente. “Construirle la casa a alguien genera vínculos indestructibles; llegas a conocer sus costumbres, sus formas, y tratas de transmitirlas a sus espacios. Es maravilloso que no sólo les construimos un lugar donde coman o donde duermen, sino que les diseñamos el escenario de su vida”.
En la publicación, el chileno Jorge Iglesis define a Agraz como alguien que interpreta el espíritu de sus habitantes para convertir el vacío en arquitectura.
-- ¿Cuáles son sus nuevas propuestas arquitectónicas y cómo se ha modificado la manera de relacionarse con el espacio?
-- El concepto de la casa va cambiando según las costumbres de la gente (…). También hay un avance en los materiales, pero lo que más me llama la atención es que en los años ochenta hubo como una borrachera de color y de formas, entonces te queda como la cruda de aquello que inundó a la ciudad. Ahora hay como una necesidad de asepsia, de limpieza, de quitar tiliches. Es un ciclo que dura unos 60 años. Con el tiempo, a la arquitectura se le van poniendo adornos y creo que ahora estamos regresando a la depuración, a formas más limpias. El color sigue existiendo, pero sobre todo con materiales naturales en vez de pintura sobre el muro, lo que permite que la arquitectura envejezca dignamente.
--¿Cómo surge la búsqueda de depurar el lenguaje arquitectónico?
-- Soy afortunado porque estudié de 1979 a 1984. Muy probablemente soy la última generación que tuve como maestros a los grandes iconos de la arquitectura como Silvio Alberti. Yo fui formado en las propuestas modernas y cuando salimos de la escuela el discurso parecía desgastado, las propuestas ya eran postmodernistas y nosotros no sabíamos hacer casas de cúpulas. Por muchos años no tuvimos trabajo aquí, así que tuvimos paciencia y por fin podemos hacer lo que soñábamos.
-- ¿Qué opinan de que las propuestas del Taller tengan que convivir con el caos y la mala planeación urbana?
-- Es deseable que la arquitectura sea parte de la imagen urbana, que en el lugar donde te insertas el discurso sea armónico. Pero no siempre es posible la integración urbana, nos ha tocado construir junto a arquitectura estridente y no hay posibilidad de diálogo como se quisiera. Pero soy un optimista y aunque las ciudades están tasajeadas por el auto, creo que estamos en el momento de cambiar de discurso, de declararle la guerra al vehículo.
-- ¿Cómo es su propuesta en el espacio público?
-- Ahí el cliente es otro y se trabaja para una sociedad. Todos los espacios nos parecen importantes y es más satisfactorio porque es más plural, y siempre que podemos, tratamos de devolverle más al ser humano que al automóvil.
-- ¿Qué tan importante es la arquitectura bioclimática?
-- Tenemos una conciencia por el entorno que apenas empieza. Y en esta propuesta hay dos caminos. El primero es entender el sitio donde te plantas y la relación con el entorno, que es lo que nosotros buscamos. La otra opción es buscar la autosuficiencia energética, y en definitiva hacia allá caminará la arquitectura.
Jueves 26 de agosto, presentación del libro Agraz Arquitectos. 10 años / Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco, Pedro Moreno 1612, 20:00 horas
Perfil
Ricardo Agraz
Es arquitecto por la Universidad de Guadalajara y maestro en Arquitectura Bioclimática por la Universidad de Colima. Pero sin duda fue Julio de la Peña, durante el tiempo que colaboró con él en su taller, quien lo “infectó de amor por la arquitectura”. Ha participado en distintos concursos internacionales al lado de Augusto Quijano y Jorge Iglesis, lo que le permitió estar en estadías en Estados Unidos, República Dominicana y Costa Rica. En 1999 funda Agraz Arquitectos en Guadalajara, concebida como una firma primordialmente centrada en el trabajo alrededor de la casa habitación. A la par, establece el trabajo en espacios públicos, al igual que remozamiento de distintos puntos urbanos.
EL INFORMADOR/ Alejandra Guillén
NAVEGA: WWW.AGRAZARQUITECTOS.COM