Cultura

Revisa antología ''La vida en México'' durante el siglo XIX

Presentación con comentarios de Margo Glantz, Vicente Quirarte y Héctor de Mauleón

CIUDAD DE MÉXICO (21/AGO/2011).- Como una selección que permite advertir de manera meridiana no sólo las transformaciones del país, sino las metamorfosis de la actividad periodística, fueron calificadas las antologías 'La vida en México. Noticias, crónicas y consideraciones varias del acontecer en la Ciudad de México', que recopila información de 1812-1919 y del 1849 a 1909, respectivamente.  

Ambos tomos, cuya recopilación corrió a cargo de la maestra en Letras Mexicanas por la UNAM, Blanca Estela Treviño, fueron presentadas hoy en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con comentarios de Margo Glantz, Vicente Quirarte y Héctor de Mauleón.  

Ellos elogiaron la publicación y recordaron que la vida en México en ese periodo fue de grandes transformaciones, toda vez que dejó de ser un país colonial y se encaminó hacia la modernidad, tanto en lo tecnológico, como en leyes, política, guerras, e incluso traiciones'.  

Glantz señaló que en el primer tomo, que comprende de 1812-1919, se coleccionan escritos publicados en esta ciudad, se subraya la enorme centralización que ha aquejado al país y el carácter inminentemente político del periodismo de ese siglo.  

Recordó que los colaboradores de la prensa eran a la vez, hombres de pluma y agregó que en ese periodo la prensa adquirió un papel preponderante en la contienda entre liberales y conservadores y por lo mismo, un carácter de combate político.  

'Pues muchos de quienes escribieron los periódicos de la primera mitad de ese siglo, fueron a la vez los más importantes escritores y algunos de los hombres más destacados de Estado y forjadores de las emergente nación', dijo al tiempo que mencionó que ambos volúmenes, llevan el mismo nombre pero distinta cronología.  

Respeto al segundo tomo que va de 1849-1909, dijo que se organiza a partir de la investigación realizada por Dulce María Adame, de la que Treviño seleccionó distintas crónicas de artículos publicados en diferentes ciudades de la República, donde como en la capital, abundaban las publicaciones periódicas.  

Indicó que en las entidades se editaban los textos de los editores locales y los que se aposentaban un tiempo en provincia, como José Tomás de Cuéllar, quien en San Luis Potosí fundo La Razón Potosina o Amado Nervo, quien en ciudad natal Tepic hizo lo propio bajo el seudónimo de Los Hermanos Roa.  

Tras destacar la compilación realizada por Estela Treviño, Vicente Quirarte comentó que en el primer tomo que comprende de 1812-1919, muestra una visión de la capital mexicana desde el punto de vista literario y la crónica de lo cotidiano, tradiciones y costumbres, textos que abordan una diversidad de asuntos que abarcan el siglo XIX desde los primeros años de vida independiente hasta el último símbolo del Porfiriato: las Fiestas del Centenario de la Independencia.  

'Este volumen -señaló- congrega a 21 escritores y 54 artículos publicados en su gran mayoría en la capital mexicana, escritos como dice la autora, en 'ese género híbrido, a caballo entre la historia y la literatura con mayúsculas, pero también entre el periodismo y la urgencia literaria'.  

'Plasmados por la pluma de notables hombres de letras que se asumieron en consecuencia, como cronistas necesarios'. Diferentes en estilos y temas, pero testigos todos del siglo monstruo', afirmó.  

Destacó que el exordio de este paseo por el siglo XIX lo inicia José Joaquín Fernández de Lizardi, con un poema de consejos sobre la gran metrópoli a manera de 'Guía de Forasteros'; le sigue Carlos María Bustamante, político y periodista, con 'Mentiras y verdades de hechos notables'.  

Sigue  Guillermo Prieto en 'Memorias de mis tiempos', quien deja constancia sobre los días horribles que se vivieron en esta ciudad tras la invasión norteamericana.  

Enseguida, Francisco Zarco, que al igual que Prieto, Payno, Cuéllar, Altamirano y Ramírez, es un cronista de la etapa de la Reforma y sus crónicas son huella de las memorias del Congreso Constituyente; Ignacio Manuel Altamirano dota de ligereza y lirismo sus 'Crónicas de la semana'.  

También se incluye a Manuel Gutiérrez Nájera, conocido como Duque de Job, Justo Sierra, Angel de Campo, Amado Nervo, José Juan Tablada, Amado Nervo, Laura Méndez de Cuenca, entre otros.  

En cuanto al segundo volumen, refirió que contiene una miscelánea de artículos que se publicaron en esta época y cuya compilación fue realizada con tres criterios tal como lo señala la compiladora.  

'El primero, tratar de abarcar la mayoría de las entidades federativas con el material hemerográfico y bibliográfico disponible; el segundo, abordar los más variados asuntos en diversos ámbitos; el tercer filtro puso énfasis en la calidad literaria'.  

En este segundo volumen donde Treviño toma como punto de partida el paso que comprende desde el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, hasta la caída del Porfiriato, se presenta un total de 68 artículos organizados de manera cronológica.  

En su oportunidad, el narrador y periodista Héctor de Mauleón hizo un breve recuento de crónicas de esta ciudad de forma chusca.  

Trasladó a los presentes 100 años atrás al recordar y contar que cuando llegó la luz a la Ciudad de México, el entonces periodista Manuel Gutiérrez Nájera 'se quejó porque al bajar el foco, ahora se les ven las arrugas a las mujeres, cuando con la vela se apreciaban rostros seductores'.  

También narró cuando apareció el primer aerostato en la ciudad a principios del siglo XIX, y que causó terror entre los habitantes, pues se presumía que era el diablo divagando por los cielos.  

'En la ciudad no era frecuente que se realizaran estos experimentos; pero este aerostato fue arrastrado por el viento a un suburbio y donde no se tenía la idea de qué era eso que volaba.  

'De pronto fueron y acudieron a avisarle al cura, a decirle que el diablo se encontraba volando. Entonces, le dispararon y aventaron piedras; al final le sacaron el aire, cae el aerostato y llevaron el pedazo de tela al cura y le dijeron que no pudieron agarrar al diablo pero que este era su traje', recordó.  

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