Domingo, 19 de Abril 2026

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¿Por qué nos fascina escuchar historias de criminales?

Por: Lucía Chidan

¿Por qué nos fascina escuchar historias de criminales?

¿Por qué nos fascina escuchar historias de criminales?

Jean-Claude Romand. Asesino. Embustero. Preso modelo. Ciudadano libre de la República Francesa.

Alguna vez buscaba un buen podcast para escuchar, algo con qué llenar mis trayectos en el tráfico cada vez más y más denso de Guadalajara, y noté que entre los más escuchados se encontraban los podcasts de true crime. Una categoría dedicada a narrar crímenes reales con detalles mórbidos y la música de fondo apropiada para acompañarlos. Según Edison Research, el número de oyentes de este tipo de podcasts se triplicó entre 2019 y 2024, con un incremento de 6.7 millones de oyentes mensuales a 19.1 millones. ¿Por qué? ¿Por qué alguien quisiera dormirse escuchando la historia de un asesino en serie en lugar de una novela romántica?

Tal vez Emmanuel Carrère, el autor de El adversario, quien narra la historia del crimen real cometido por Jean-Claude Romand, podría saber un poco sobre esto. El 8 de enero de 1993, Romand asesinó a su esposa y a sus dos hijos en Prévessin. Al día siguiente viajó al Jura, y tras comer con sus padres, los asesinó junto con su perro. Ese mismo día, en la noche, Romand pasó a París con intenciones de matar también a su amante, de lo que finalmente desistió, antes de volver a su casa en Prévessin, prender su casa en fuego e intentar suicidarse.

Dado que Jean-Claude es ahora un ciudadano libre de la República Francesa, podemos inferir que su intento de suicidio falló, y gracias a eso, Carrère pudo establecer contacto con él en prisión y reconstruir la historia que detalla en el libro.

¿Por qué Carrère se pondría en contacto con un asesino? En 1993 le envía una carta a la prisión preventiva donde Romand aguardaba el juicio, que no ocurriría sino hasta tres años después. Carrère no es diferente a quienes escuchan true crime en el tráfico. Ni yo, que leí el libro. Ni los lectores en más de veinte idiomas que llevan veinticinco años haciéndolo.

Hay algo fascinante sobre la ruptura moral, el crimen es el lugar donde el orden social se quiebra. Entender cómo y por qué alguien cruza esa línea responde a una pregunta que todos llevamos dentro. ¿Qué separa a un asesino de una persona normal?

La historia de Romand es tremenda, son 160 páginas que se consumen en una urgencia desenfrenada para saber qué pasó, aunque conozcamos al culpable desde el inicio de la historia. Pero lo que me parece más tremendo todavía es el deseo que tenemos de entremezclarnos con el horror de una tragedia. De hacerla, de cierto modo, real.

Nuestro cerebro no distingue entre una amenaza real y una narrada, y el sistema nervioso descarga igualmente adrenalina y cortisol, y eso, mezclado con la dopamina que libera el hecho de que estás en un lugar seguro, tu cama, tomando una taza de té, produce una mezcla entre tensión y seguridad que genera muchísimo placer.

Hay un componente de identificación que es incómodo pero real. No nos identificamos con el asesino en el sentido de querer hacer lo mismo, sino en el sentido de reconocer en él impulsos que todos tenemos y que la mayoría controla: la rabia, el deseo de huir, el miedo a ser descubiertos en algo, la tentación de mentir para evitar el derrumbe. Romand es el caso extremo de algo que en versiones menores todos hemos hecho.

El psicólogo Carl Jung llamaba “la sombra” a esa parte de nosotros que reprimimos y preferimos no ver. El true crime, y libros como El adversario, son una manera socialmente aceptable de mirarla sin tener que reconocerla como propia. Carrère lo sabía cuando le escribió a Romand. Y nosotros lo sabemos, aunque prefiramos llamarlo curiosidad.

@luciachidan

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