Cultura

Preocupante, invisibilidad de escritores becados

El tapatío señala que la lista de la revista Granta es una oportunidad para cuestionar el sistema de apoyos del Conaculta

GUADALAJARA, JALISCO (10/OCT/2010).- Hace unos días, el nombre de Antonio Ortuño estuvo en cientos de conversaciones en el ámbito literario. El motivo es que es el único mexicano que la revista londinense Granta incluyó en la lista  de los mejores 22 escritores de lengua española menores de 35 años.

El joven autor, quien ha publicado dos novelas y dos libros de cuentos, uno de los cuales presentará durante la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, expresa que es complicado comentar algo sobre la lista de Granta, “porque como seleccionado todo lo que diga está sujeto a sospecha”. Sin embargo, destaca que la elección de los 22 escritores es una decisión de un jurado de lectores, periodistas y críticos que revisó las obras de 300 candidatos. “En la lista hay gente a la que conozco y me parecen buenos escritores. Considero que en el fondo es una apuesta que hace este jurado, el cual no buscó ser equitativo en la presencia de escritores por naciones ni en la relación de hombres y mujeres”.

Comenta que es una oportunidad para debatir y conocer a otros autores, “uno se puede zambullir en una obra nueva de la que no se tenía referencias”.

Sobre la destacada presencia de naciones como España y Argentina en la lista, Antonio Ortuño explica que “la gente reacciona como si (la selección de Granta) hubiera sido un listado de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). Me parece que los jueces están reconociendo el hecho de que España y Argentina dominan el mercado editorial. No es algo nuevo, parece que nos deja varios temas para reflexionar”.

En el caso mexicano, el rango de edad eliminó la posibilidad de que ingresaran otros autores “destacados y consolidados que son de la generación de los años setenta y que superan ese límite de edad, como David Miklos, Guadalupe Nettel, Yuri Herrera, Heriberto Yépez y Rogelio Guedea. En otro grupo están los escritores que no han tenido la difusión necesaria y que son menores de 35 años, como Emiliano Monje y Brenda Lozano”.
A la lista de autores que el autor de El buscador de cabezas considera relevantes se suman nombres como Mariño González, Carlos Velázquez, Eduardo Montagner y Daniela Tarazona.

Una crítica al apoyo del Conaculta

Antonio Ortuño considera que la lista de Granta es una oportunidad para reflexionar sobre el “sistema gigantesco de apoyos y becas para escritores”. Apunta que es probablemente el único autor joven que nunca recibió apoyo y pese a que alguna vez lo intentó, desde hace años no participar se convirtió en un principio de vida.

“Decidí no volver a pedir la beca de jóvenes creadores después de que mis dos novelas no resultaron seleccionadas (una de ellas fue finalista del Premio Herralde de Novela)”, expresa el escritor a quien el crítico Rafael Lemus ha descrito como un “ilustre constructor de frases”.

Otro aspecto que lamenta del sistema de becas del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) es la invisibilidad de los trabajos apoyados.

“Creo que el Conaculta debería tomarse en serio un aviso como éste, insisto, no es un listado inapelable de la ONU o de la FAO, tal vez sólo debería de haberse incluido a chicos del Conaculta, pero eso no me corresponde a mí decirlo, aunque debería preocuparle (a la autoridad) la invisibilidad que muchas veces dan las becas con libros que terminan perdidos en circuitos mínimos sin el apoyo de difusión necesario para que lleguen a los lectores. Un montón de escritores se condenan a tener que regalar sus libros y a preocuparse por otras cosas que no son escribir”, comenta el autor de El jardín japonés.

Agrega que la búsqueda de apoyos a la creación ha establecido parámetros a los que se ajustan los participantes y que fueron impuestos desde la década de los años ochenta. “Es un buen momento para empezar a discutirlos y cambiarlos”.
Antonio Ortuño pide que se mire a los jóvenes que en muchas ocasiones son ignorados porque se prioriza a las voces experimentadas y cuya edad es superior a los 60 años.

— ¿Cómo te liberaste de los parámetros de las becas para buscar editoriales importantes como las que te han publicado?
— Todo es azaroso. Cuando terminé mi primera novela dediqué un par de años de mi vida a moverla con editores a los que no conocía. Envié el libro a las editoriales que me interesaban y le daba seguimiento, algunas veces me llegaron cartas de rechazo a nombre de otra persona; evidentemente no habían leído la obra y la rechazaban en automático; incluso hubo una editora que me recomendó un psicoanalista. Finalmente, el libro cayó en manos de Andrés Ramírez, entonces editor de Joaquín Mortiz, y de Álvaro Enrigue, y entonces editor del Fondo de Cultura Económica. El buscador de cabezas fue uno de los últimos libros publicados antes de que el sello Joaquín Mortiz desapareciera. Ahí cambiaron las cosas porque finalmente era un sello respetado por su calidad literaria, con sus altibajos, pero me abrió las puertas de otro circuito y me dio la confianza de mandar la siguiente novela (Recursos humanos) al Herralde, un premio que me había interesado.

— En la FIL presentarás un libro de cuentos, ¿cuáles son los temas que abordas en los relatos?
— La señora Rojo tiene dos secciones muy marcadas. Una de relatos enfocados en la tragicomedia de las relaciones personales y una sección de cuentos orientada hacia a lo político, no trato de enfocarlos a la coyuntura de lo que pasa ahora en México, aunque muchos de ellos son muy violentos. Me parece que son lecturas de la realidad desde de la sátira y la ironía; los otros son más divertidos. Siempre me ha interesado esa visión de la realidad desde la sátira.

— ¿El ejercicio del periodismo marcó tu narrativa?
— He sido periodista muchos años y tengo el mayor respeto que se pueda tener por la profesión, pero nunca he idealizado al periodismo. Hay muchos periodistas, que como no saben nada de literatura, piensan que el periodismo es la herramienta por excelencia para acercarse al ser humano, creo que no es así y soy practicante de ambas cosas. Pienso que el periodismo es una herramienta, no un fin en sí mismo, mientras que la literatura sí lo es. La literatura puede tocar cosas mucho más profundas y hermosas, y el periodismo está gozosamente condenado a quedarse en la superficie. Me parece que no hay mayor desgracia que los periodistas que quieren escribir bonito y no informan nada o los escritores que buscan centrarse en la realidad y que acaban dando estadísticas en sus cuentos. Sólo espero que mis libros puedan disfrutarse por los lectores.

Perfil

El ilustre constructor de frases


Nació en Guadalajara, en 1976. Es escritor y también se ha desempeñado como periodista. Es autor de las novelas El buscador de cabezas (Joaquín Mortiz, 2006) y Recursos humanos (Anagrama, 2007), con la que fue finalista del Premio Herralde de Novela, y de los libros de cuentos El jardín japonés (Páginas de Espuma, 2007) y La señora Rojo (Páginas de Espuma, 2010). El escritor aparece en el listado de  este año de la revista Granta como uno de los 22 mejores autores de habla española menores de 35 años.

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