Cultura

Orejudo discurre sobre la literatura y la suplantación

Aunque en las novelas de este autor español existe la crudeza, él afirma que la realidad supera su ficción

GUADALAJARA, JALISCO (05/NOV/2012).- “Los libros no salen de la nada, sino que son siempre hijos de otros libros”, reflexiona Antonio Orejudo (Madrid, 1963). Dice que Ventajas de viajar en tren bien podría considerarse “un plagio de Cervantes”. Y así, El casamiento engañoso es la novela del célebre autor español que ha servido de “plantilla o de modelo” para la escritura de su más reciente publicación.

El también profesor universitario continúa la cavilación: “El arte en general, la literatura en particular, es como la energía, que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. La escritura es siempre reescritura de los libros que uno ha leído y le han gustado”.

A propósito de una charla sobre Ventajas de viajar en tren, cuya primera edición en Tusquets Editores México data de febrero de 2012, pero que fue publicada en 2000, Orejudo discurre sobre la escritura y la literatura.

En la obra “el hombre (protagonista) empieza a engañar a la mujer, pero eso es lo que hacen los escritores, y los lectores se dejan engañar por las mentiras del autor; eso es básicamente la literatura y ese es el resumen del libro, la lectura: un hombre miente, narra sin descanso, y una mujer escucha”.

En 2000 el escritor ganó el Premio Andalucía de Novela con este texto. El presidente del jurado, el reconocido autor Juan José Millás, la calificó entonces como “una obra maestra”.     

—Uno de los personajes de la novela no identifica que está enamorado de una chica, porque dice no sentir lo que los libros describen como amor. ¿Pasa esta confusión en la realidad?

—Esta narración de ese hombre es una queja hacia el engaño de la literatura. La literatura ha inventado el amor como lo conocemos, la libertad, y algunas veces, cuando nuestra vida no se parece a estas cosas que nosotros hemos aprendido en los libros, y el cine, como es el amor, tendemos a defraudarnos y sentirnos insatisfechos [...] En contra de lo que generalmente se nos dice, la literatura a veces no nos ayuda a vivir, sino que fomenta nuestra insatisfacción.

—¿Qué autores le parece reflejan la realidad y ayudan a comprenderla?

—Hay un par de autores que me resultan especialmente interesantes: Philip Roth y Don DeLillo. Ambos han escrito novelas que a mí me hubiera gustado escribir.  

—En otra escena del libro incluye a una editora que piensa en la introducción de publicidad en los libros,  y a un crítico que lo que menos hace es criticar.


—A la industria editorial la veo como en estos dos ejemplos con cierto escepticismo y una cierta burla. La crítica literaria en general, o al menos en mi país (España), parece que peca de falta de profesionalidad y de sustancia. El asunto de la publicidad insertada en los libros es otra broma que trata de hacer un cierto  sarcasmo entre la creciente importancia de lo comercial en la literatura. Sigo pensando que es una buena idea, el único problema que le veo es que la literatura llega a tan poco público que los publicistas consideran que no es rentable.

—¿Cree que llegue a pasar la inclusión de publicidad en los libros?

No sé si llegará el día, cuando ya definitivamente se instaure el libro electrónico, dentro del texto haya un enlace que nos lleve a un anuncio o que incluso puedan insertar anuncios en el margen como hacen en las redes sociales. O de otra manera: como la industria editorial está en crisis, la existencia del librero, del editor, de los distribuidores, a lo mejor llega un momento en el que el único que sobrevive de toda la cadena de montaje es el escritor y la única manera de recibir dinero es llegando a acuerdos con las empresas y haciendo que los personajes fumen Marlboro o beban Coca Cola, siempre y cuando las marcas aporten un poco de dinero. No me parecería muy extraño que eso antes o después sucediera.

—¿Le ha pasado lo que recoge “Ventajas...”, sobre que al lector le gustaría tener enfrente al autor para explicarse ciertos aspectos de su obra?

—Claro. Frente a un párrafo oscuro o mal escrito o una incongruencia me habría gustado tenerlo delante de mí y echarle a la cara su incompetencia. Es también una cierta burla a esa idea un poco idealizada de que un libro es una conversación con el autor. No, no es ninguna conversación con el autor, es más bien un monólogo que tú escuchas, como Helga Pato (protagonista mujer) en el libro.

—¿Qué sensación dicen tener sus lectores respecto a “Ventajas...”? Hay escenas crudas e inquietantes.

—Hay mucha gente que no puede soportar ciertos pasajes, a la mayoría les arrastra el torrente de la narración. Pero desde que publiqué el libro en 2000 he leído en la prensa sucesos que superan en crudeza y en nivel de escabrosidad mis pasajes en la novela. La literatura aunque sea muy cruda, muy dura, nunca alcanza los niveles de la realidad.  

—En un análisis a su generación, el autor refiere que es una con la libertad de escribir lo que le apetezca ¿coincide?  

—En el momento en el que un escritor pierde lo más preciado que tiene, que es la libertad, lo mejor que puede hacer es dejar de escribir. Me siento libre; escribo lo que quiero en el tono que quiero, y espero poder seguir haciéndolo durante mucho tiempo.

La enseñanza de la literatura

Antonio Orejudo es profesor de Literatura Española en la Universidad de Almería y ejerció la docencia siete años en Estados Unidos. Cuestionado sobre qué faceta prepondera, si la de escritor o la de maestro, dice: “No me siento nada académico, yo he conseguido el trabajo de la universidad, el trabajo que me da de comer. Lo hago con dignidad, con profesionalidad, pero mi vida es la literatura y lo que yo he querido ser siempre es escritor”.

—Su formación debe ayudarle a escribir...  

—A veces enseñar literatura, explicarla, interpretar libros, puede llegar a ser un poco incómodo para un escritor, porque si estás escribiendo y aparece de repente detrás el académico, y empieza a interpretar cada una de las frases que el escritor escribe, vamos por mal camino. Lo peor que te puede ocurrir cuando escribes es que te preguntes a cada paso qué quieres decir con lo que has escrito, qué significa lo que has escrito.  

—¿Cómo debe el lector abordar los libros?

—Con libertad, con la misma libertad con la que el escritor ha escrito, es decir, sin complejos, sin demasiado miedo a cerrarlo.  Si el libro no te cautiva, no te interesa, te aburre... El rey en el momento de la lectura es el lector, su voluntad es la única que cuenta, y yo animo a los lectores a que se sientan libres para cerrar aquellos libros que no les interesan o que les aburran.

—¿Qué le da la literatura, escribir?


—Me da la posibilidad de describir el mundo tal y como yo lo veo, me da la posibilidad de molestar también, porque la literatura creo que tiene esa función, o debería tenerla, de molestar, de enturbiar las aguas claras, hacer preguntas incómodas y revelar la realidad que se esconde debajo de las apariencias.

PERFIL
Una vida entre la docencia y la literatura


Antonio Orejudo es doctor en Filología Hispánica por la Universidad del Estado de Nueva York. Tras ejercer la docencia siete años en Estados Unidos, actualmente es profesor de Literatura Española en la Universidad de Almería, España.

EL DATO
De qué va la novela de Orejudo


Una mujer regresa en tren a Madrid, después de internar a su esposo en un manicomio. En el trayecto conoce a un hombre que dice ser psiquiatra y que empieza a contarle su vida. El tema principal es la suplantación de la identidad, mediante la palabra escrita o el discurso oral. Además, en la novela se entreveran historias y personajes que bien provocan duda e incertidumbre, y también se encuentran insertas críticas y reflexiones sobre la literatura y el mundo editorial.

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