Cultura
''No me importa si me dejan de leer'': Grisham
El best seller estadounidense repasa la pena de muerte en La confesión, su más reciente libro
LONDRES, REINO UNIDO (09/ENE/2012).- En las dos últimas décadas, la rúbrica de John Grisham (Arkansas, 1955) se ha convertido en una apuesta a las superventas gracias a esas tramas que diseccionan el sistema legal estadounidense con aderezo de suspense para atrapar al lector. Si el antiguo abogado sureño reciclado en novelista no tiene el patrimonio de una fórmula muy trillada, los 250 millones de copias vendidos de sus libros y la adaptación de una decena al cine lo erigen como uno de los más exitosos de la ficción popular. Su nombre es sinónimo del género. “Estados Unidos tiene más abogados que cualquier sociedad civilizada, y eso, unido a los altos índices de criminalidad, se traduce en una buena historia”, explica en una entrevista en Londres, con ocasión de la salida al mercado español de su última propuesta.
Escritor disciplinado y prolífico —suele publicar una novela por año—, Grisham retoma en La confesión los ingredientes clásicos del thriller legal para ensamblar un alegato contra la pena de muerte. El autor de La trampa, El informe Pelícano o El cliente quiere primar en esta ocasión la radiografía de la pena capital, las injusticias legales, el cinismo político y su sesgo social y racial.
—“La confesión” expone a detalle los mecanismos y fallos del sistema judicial en su país. ¿Quiere cambiar mentalidades sobre la pena de muerte?
—Mi principal objetivo era denunciar los errores que conducen a condenas injustas. Cuando por ejemplo las pruebas de ADN nos confirman que hemos ejecutado a la persona equivocada, ¿qué debe hacer la sociedad? En La confesión también me pregunto, no sólo como escritor sino como persona, qué ocurre con el verdadero asesino que ve cómo otro carga con sus crímenes.
—Pero la novela no sólo se centra en las víctimas inocentes. Uno de los protagonistas tiene que plantearse si aceptaría la pena capital ante la certeza de que un criminal es culpable...
—Moralmente me opongo a las ejecuciones, a que el Gobierno y el pueblo se adjudiquen el derecho a matar. Pero incluso 62% de los estadounidenses que lo aceptan debe entender que el sistema no es justo. Si el delito ocurre en un Estado del sur y la víctima es blanca, es más probable que el reo sea condenado a muerte.
—Su libro retrata a un gobernador de Texas, “amante de la pena de muerte” por sus réditos políticos; parece calcado a George W. Bush...
—Bush es sólo uno de esos políticos texanos orgullosos de su historial, como Rick Perry [aspirante republicano a la Presidencia], que en una década ha firmado más de 230 sentencias de muerte. Los Estados del Sur, con sus cristianos conservadores que creen en el ojo por ojo, conforman el “cinturón de la muerte”, y ningún político que se oponga saldrá elegido.
—¿Cuál es la clave para convertir sus novelas de “suspense” legal en superventas?
—Lo más importante es conseguir un buen suspense. Crear un héroe que simpatice con el lector, aunque sea imperfecto, y ponerlo en peligro, quizá frente a una gran conspiración, y llegar a un desenlace satisfactorio. (...) Creo que tengo talento para escribir con un estilo que captura al lector. Siempre hay trucos, pero la clave está en una preparación meticulosa, que aprendí en mis tiempos de abogado: nunca escribo la primera escena hasta saber cómo será la última. No soy de esos autores que habla de “creatividad” y de personajes que cobran vida propia.
—Acaban de concederle el primer Premio Harper Lee de Ficción Legal, avalado por la autora de “Matar a un ruiseñor”. ¿Es una reivindicación frente a quienes le consideran exponente de un género menor?
—Me sentí muy honrado, pero no me importa en absoluto la distinción que hacen los críticos entre éxito comercial y literario. Quiero escribir literatura popular de alta calidad que llegue a mucha gente. No me importa lo que lea la gente dentro de 100 años, ni si entonces leen mis propios libros: la posteridad no significa nada para mí.
—Pero sus incursiones fuera del “suspense”, en novelas como “La granja” que describen el universo sureño donde usted creció, sugieren otra ambición literaria.
—Mi enfoque es igual siempre: relatar una historia de la forma más clara posible. Me encantan autores como Steinbeck y Faulkner, pero no puedo cambiar mi estilo. Lo he intentado y me resulta artificial.
El País
PERFIL
De Williamson a La confesión
John Grisham es autor de poco más de 30 libros, principalmente novelas de ficción o no ficción, sobre todo el sistema de justicia como tema.En 2006 publicó El proyecto Williamson, con la historia real del beisbolista Ronald Keith Williamson, condenado en forma injusta a la pena de muerte y salvado cinco días antes de su ejecución.
Escritor disciplinado y prolífico —suele publicar una novela por año—, Grisham retoma en La confesión los ingredientes clásicos del thriller legal para ensamblar un alegato contra la pena de muerte. El autor de La trampa, El informe Pelícano o El cliente quiere primar en esta ocasión la radiografía de la pena capital, las injusticias legales, el cinismo político y su sesgo social y racial.
—“La confesión” expone a detalle los mecanismos y fallos del sistema judicial en su país. ¿Quiere cambiar mentalidades sobre la pena de muerte?
—Mi principal objetivo era denunciar los errores que conducen a condenas injustas. Cuando por ejemplo las pruebas de ADN nos confirman que hemos ejecutado a la persona equivocada, ¿qué debe hacer la sociedad? En La confesión también me pregunto, no sólo como escritor sino como persona, qué ocurre con el verdadero asesino que ve cómo otro carga con sus crímenes.
—Pero la novela no sólo se centra en las víctimas inocentes. Uno de los protagonistas tiene que plantearse si aceptaría la pena capital ante la certeza de que un criminal es culpable...
—Moralmente me opongo a las ejecuciones, a que el Gobierno y el pueblo se adjudiquen el derecho a matar. Pero incluso 62% de los estadounidenses que lo aceptan debe entender que el sistema no es justo. Si el delito ocurre en un Estado del sur y la víctima es blanca, es más probable que el reo sea condenado a muerte.
—Su libro retrata a un gobernador de Texas, “amante de la pena de muerte” por sus réditos políticos; parece calcado a George W. Bush...
—Bush es sólo uno de esos políticos texanos orgullosos de su historial, como Rick Perry [aspirante republicano a la Presidencia], que en una década ha firmado más de 230 sentencias de muerte. Los Estados del Sur, con sus cristianos conservadores que creen en el ojo por ojo, conforman el “cinturón de la muerte”, y ningún político que se oponga saldrá elegido.
—¿Cuál es la clave para convertir sus novelas de “suspense” legal en superventas?
—Lo más importante es conseguir un buen suspense. Crear un héroe que simpatice con el lector, aunque sea imperfecto, y ponerlo en peligro, quizá frente a una gran conspiración, y llegar a un desenlace satisfactorio. (...) Creo que tengo talento para escribir con un estilo que captura al lector. Siempre hay trucos, pero la clave está en una preparación meticulosa, que aprendí en mis tiempos de abogado: nunca escribo la primera escena hasta saber cómo será la última. No soy de esos autores que habla de “creatividad” y de personajes que cobran vida propia.
—Acaban de concederle el primer Premio Harper Lee de Ficción Legal, avalado por la autora de “Matar a un ruiseñor”. ¿Es una reivindicación frente a quienes le consideran exponente de un género menor?
—Me sentí muy honrado, pero no me importa en absoluto la distinción que hacen los críticos entre éxito comercial y literario. Quiero escribir literatura popular de alta calidad que llegue a mucha gente. No me importa lo que lea la gente dentro de 100 años, ni si entonces leen mis propios libros: la posteridad no significa nada para mí.
—Pero sus incursiones fuera del “suspense”, en novelas como “La granja” que describen el universo sureño donde usted creció, sugieren otra ambición literaria.
—Mi enfoque es igual siempre: relatar una historia de la forma más clara posible. Me encantan autores como Steinbeck y Faulkner, pero no puedo cambiar mi estilo. Lo he intentado y me resulta artificial.
El País
PERFIL
De Williamson a La confesión
John Grisham es autor de poco más de 30 libros, principalmente novelas de ficción o no ficción, sobre todo el sistema de justicia como tema.En 2006 publicó El proyecto Williamson, con la historia real del beisbolista Ronald Keith Williamson, condenado en forma injusta a la pena de muerte y salvado cinco días antes de su ejecución.