Cultura
Luc Tartar y cómo mantenerse en pie
El dramaturgo francés, autor de ''Abrasados'', explica su proceso creativo, en el marco de la décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea
GUADALAJARA, JALISCO (14/JUN/2012).- ¿Cómo vivir en el mundo de ahora? y ¿cómo mantenerse en pie? Son las preguntas que subyacen o en ocasiones se manifiestan de frente en los textos del dramaturgo francés Luc Tartar. Para el autor de Abrasados (sic), sus personajes son como la escultura de un hombre que camina, porque pueden caerse en cualquier momento.
“La marcha es un desequilibrio permanente. Tengo la impresión que mis personajes está en el momento -cuando se preguntan -: ¿cómo mantenerse en pie?”, dice Tartar, quien este miércoles fue el invitado a la mesa “Conociendo a…”, dentro de las actividades de la décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea, que se lleva a cabo en la ciudad, en el Laboratorio de Arte Variedades (Larva).
Sus personajes se preguntan sobre los temas de todos: el ser, la vida, la muerte, la sexualidad, la felicidad, la tristeza, la melancolía, la nostalgia… Para este francés lo importante es contar la relación entre “estar de pie, vertical, y caer, horizontal”. Y los diálogos de sus creaciones lo demuestran como ocurre en Abrasados, donde los protagonistas son golpeados por el amor hasta perder el equilibrio.
El dramaturgo francés explica que sus textos no sólo cuestionan a los espectadores, sino que implican un reto para los directores y los actores, quienes tienen que resolver “cómo llevar a escena sus obras” porque no hay géneros en sus personajes, pueden ser hombres o mujeres, según se elija.
De su manejo del lenguaje, Tartar detalla que es violento: “hay distorsión”. Es crudo porque intenta salir de la zona de confort y agredir a la palabra.
Mariel Rodríguez asiente ante el comentario del dramaturgo. Ella no sólo ha leído su trabajo, sino que lo ha interpretado. El pasado martes le dio vida a varios protagonistas de la obra "Abrasados".
Tartar la mira y le pide que recite un fragmento de la obra, ése que comienza la historia y se repite antes del final. Mariel lo hace, pero olvida unas líneas, así que saca su libro, el que tradujo al español Humberto Pérez Mortera. Ella lee el ejemplar, que después le firmará el dramaturgo.
Humberto Pérez Mortera no sólo tradujo la obra de Tartar, sino que es el intérprete entre el dramaturgo y el público –una docena de personas-, uno que sí hace preguntas y está interesado en conocer al francés.
¿Y el actor?, pregunta la actriz Yosi Lugo, quien fue parte del elenco de la producción La casa de Bernarda Alba, que dirigió Carlos Esqueda.
Tartar sonríe como quien reconoce a un familiar. Responde: “No se puede combinar la escritura con la actuación porque son dos energías diferentes”.
Él fue actor, ahora prefiere escribir. Ha escrito 20 obras de teatro y dos novelas. “Me prohibí subir a un escenario porque puedo ver la vida sin la actuación”, dice el dramaturgo, quien explica que la necesidad de crear historias surgió un día, de repente. Los diálogos llegaron, se repetían una y otra vez hasta que decidió llevarlos al papel con voz propia y una postura ante el mundo.
Las filas y las sonrisas
La décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea posee una atmosfera festiva como la de la Muestra Nacional de Teatro. Las esperas, la rutina y las dinámicas se repiten en ambos encuentro. Incluso, el público: gente de teatro.
Rosa Barrera es actriz y una de los participantes en el taller Pensamiento teatral, que ofrece Fernando de Ita, en la ciudad. La tarea del pasado martes fue ver las lecturas dramatizadas del día: Fractales, de Alejandro Ricaño, y Abrasados (sic), de Luc Tartar.
La tarea comenzó mal porque no alcanzó a entrar a la función de la primera. El motivo es que el cupo, de 60 personas, fue rebasado. Ella traía boleto, pero no entró al Foro Larva. No era la única, al menos otros 50 espectadores se quedaron afuera. La experiencia del coordinador del encuentro, Boris Schoemann, se notó. “Habrá una función más dentro de una hora”, dijo y recomendó ir por unos nuevos boletos para la función de la lectura, que dirigió Beto Ruiz. “Vamos a empezar tarde la siguiente lectura –la que estaba programada a las 20:30 horas- para esperarlos”, comentó Schoemann. A Rosa Barrera le dijeron que vale la pena la espera porque el dramaturgo Alejandro Ricaño es uno de los “más brillantes de México”. Ella aprovecha el tiempo para platicar que se formó en Guanajuato porque “aquí –en la ciudad- el círculo es muy cerrado”. También esperaron actores como Alejandro León, Copatzin Borbón y Olaff Herrera. “Hay democracia”, dijo otra joven, quien señaló a Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM). Él, uno de los invitados, tampoco pasó a la primera función. La hora de espera se convierte en una hora y media. El público de la primera función sale, pero no hay sonrisas ni caras alegres. Tal vez por el calor. Por fin, alguien preguntó: ¿Vale la pena? La respuesta la dio el director de teatro, Eduardo Villalpando, “sí vale la pena la espera porque el texto es muy bueno”. Rosa Barrera ríe durante la función de Fractales, obra que habla de una mujer insegura que no sabe romper sus promesas. “Sí me gustó”, expresó al final de la puesta en escena la joven, quien tiene que volver a formarse para ver Abrasados. La obra, escrita por Luc Tartar, fue dirigida por Fausto Ramírez, quien cambió los libretos de los actores por recortes de revistas como los que adornan los cuartos de los estudiantes de secundaria. El motivo es que el tema es el amor juvenil, ese que golpea.
PERFIL
El autor
Nació en Francia. Fue actor. Ahora, Luc Tartar es dramaturgo y autor de las novelas: Le marteau d’ Alfred y Sauvez Régine. Sus obras dramáticas han sido llevadas a escena como Les Arabes à Poitiers, Lucie ou le fin mot de l’historie, Terres arables y Papá Alzheimer.
Fue autor asociado del Théâtre d’Arras entre 1996 y 2006. Ha sido becario del Ministerio de Cultura y del Centro Nacional del Libro y la Región lle de Francia.
“La marcha es un desequilibrio permanente. Tengo la impresión que mis personajes está en el momento -cuando se preguntan -: ¿cómo mantenerse en pie?”, dice Tartar, quien este miércoles fue el invitado a la mesa “Conociendo a…”, dentro de las actividades de la décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea, que se lleva a cabo en la ciudad, en el Laboratorio de Arte Variedades (Larva).
Sus personajes se preguntan sobre los temas de todos: el ser, la vida, la muerte, la sexualidad, la felicidad, la tristeza, la melancolía, la nostalgia… Para este francés lo importante es contar la relación entre “estar de pie, vertical, y caer, horizontal”. Y los diálogos de sus creaciones lo demuestran como ocurre en Abrasados, donde los protagonistas son golpeados por el amor hasta perder el equilibrio.
El dramaturgo francés explica que sus textos no sólo cuestionan a los espectadores, sino que implican un reto para los directores y los actores, quienes tienen que resolver “cómo llevar a escena sus obras” porque no hay géneros en sus personajes, pueden ser hombres o mujeres, según se elija.
De su manejo del lenguaje, Tartar detalla que es violento: “hay distorsión”. Es crudo porque intenta salir de la zona de confort y agredir a la palabra.
Mariel Rodríguez asiente ante el comentario del dramaturgo. Ella no sólo ha leído su trabajo, sino que lo ha interpretado. El pasado martes le dio vida a varios protagonistas de la obra "Abrasados".
Tartar la mira y le pide que recite un fragmento de la obra, ése que comienza la historia y se repite antes del final. Mariel lo hace, pero olvida unas líneas, así que saca su libro, el que tradujo al español Humberto Pérez Mortera. Ella lee el ejemplar, que después le firmará el dramaturgo.
Humberto Pérez Mortera no sólo tradujo la obra de Tartar, sino que es el intérprete entre el dramaturgo y el público –una docena de personas-, uno que sí hace preguntas y está interesado en conocer al francés.
¿Y el actor?, pregunta la actriz Yosi Lugo, quien fue parte del elenco de la producción La casa de Bernarda Alba, que dirigió Carlos Esqueda.
Tartar sonríe como quien reconoce a un familiar. Responde: “No se puede combinar la escritura con la actuación porque son dos energías diferentes”.
Él fue actor, ahora prefiere escribir. Ha escrito 20 obras de teatro y dos novelas. “Me prohibí subir a un escenario porque puedo ver la vida sin la actuación”, dice el dramaturgo, quien explica que la necesidad de crear historias surgió un día, de repente. Los diálogos llegaron, se repetían una y otra vez hasta que decidió llevarlos al papel con voz propia y una postura ante el mundo.
Las filas y las sonrisas
La décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea posee una atmosfera festiva como la de la Muestra Nacional de Teatro. Las esperas, la rutina y las dinámicas se repiten en ambos encuentro. Incluso, el público: gente de teatro.
Rosa Barrera es actriz y una de los participantes en el taller Pensamiento teatral, que ofrece Fernando de Ita, en la ciudad. La tarea del pasado martes fue ver las lecturas dramatizadas del día: Fractales, de Alejandro Ricaño, y Abrasados (sic), de Luc Tartar.
La tarea comenzó mal porque no alcanzó a entrar a la función de la primera. El motivo es que el cupo, de 60 personas, fue rebasado. Ella traía boleto, pero no entró al Foro Larva. No era la única, al menos otros 50 espectadores se quedaron afuera. La experiencia del coordinador del encuentro, Boris Schoemann, se notó. “Habrá una función más dentro de una hora”, dijo y recomendó ir por unos nuevos boletos para la función de la lectura, que dirigió Beto Ruiz. “Vamos a empezar tarde la siguiente lectura –la que estaba programada a las 20:30 horas- para esperarlos”, comentó Schoemann. A Rosa Barrera le dijeron que vale la pena la espera porque el dramaturgo Alejandro Ricaño es uno de los “más brillantes de México”. Ella aprovecha el tiempo para platicar que se formó en Guanajuato porque “aquí –en la ciudad- el círculo es muy cerrado”. También esperaron actores como Alejandro León, Copatzin Borbón y Olaff Herrera. “Hay democracia”, dijo otra joven, quien señaló a Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM). Él, uno de los invitados, tampoco pasó a la primera función. La hora de espera se convierte en una hora y media. El público de la primera función sale, pero no hay sonrisas ni caras alegres. Tal vez por el calor. Por fin, alguien preguntó: ¿Vale la pena? La respuesta la dio el director de teatro, Eduardo Villalpando, “sí vale la pena la espera porque el texto es muy bueno”. Rosa Barrera ríe durante la función de Fractales, obra que habla de una mujer insegura que no sabe romper sus promesas. “Sí me gustó”, expresó al final de la puesta en escena la joven, quien tiene que volver a formarse para ver Abrasados. La obra, escrita por Luc Tartar, fue dirigida por Fausto Ramírez, quien cambió los libretos de los actores por recortes de revistas como los que adornan los cuartos de los estudiantes de secundaria. El motivo es que el tema es el amor juvenil, ese que golpea.
PERFIL
El autor
Nació en Francia. Fue actor. Ahora, Luc Tartar es dramaturgo y autor de las novelas: Le marteau d’ Alfred y Sauvez Régine. Sus obras dramáticas han sido llevadas a escena como Les Arabes à Poitiers, Lucie ou le fin mot de l’historie, Terres arables y Papá Alzheimer.
Fue autor asociado del Théâtre d’Arras entre 1996 y 2006. Ha sido becario del Ministerio de Cultura y del Centro Nacional del Libro y la Región lle de Francia.