Cultura
Las fantasías de Max Ernst llegan al Munal
El Museo Nacional de Arte presentará la muestra “Una semana de bondad”, con 184 collages originales del artista
CIUDA DE MÉXICO (07/AGO/2010).- El arte del collage representa una metáfora de lo que fue el artista Max Ernst, el más experimentador de los surrealistas. Toda su vida fue una constante reinvención de sí mismo y de su arte. Creía que todo hombre, artista o no, llevaba en su inconsciente un acervo incontable de imágenes sepultadas que había que sacarlas a la luz.
Si por sí sola la exposición Max Ernst. Una semana de bondad -que abrirá al público el 13 de agosto en el Munal- constituye una de las muestras más importantes que este año llegan a México, entre otras cosas porque representa un hallazgo presentado en su momento como uno de los tesoros mejor guardados del arte, la ocasión es sin par para acercarse a un universo plástico que acoge el sueño, la pesadilla, lo bestial, la fantasía, la monstruosidad y la inconsciencia.
Escultura, poesía y pintura fueron las formas de expresión que Ernst utilizó dentro o fuera de un movimiento artístico -primero Dadaísmo, luego Surrealismo-.
Creaba en técnicas como el óleo y el collage; en éste último derivó hacia formas más experimentales -inventadas por él mismo, a veces por casualidad -como frottage, grattage y raclage.
Para Max Ernst el collage era “la explotación sistemática de la coincidencia casual, o artificialmente provocada, de dos o más realidades de diferente naturaleza”. Comparaba esta técnica con “la satisfacción de un deseo”.
Los días y su tiempo
De collages originales está formada la muestra que llega al Munal: son 184 obras que Ernst creó en el año de 1934 bajo el nombre de Una semana de bondad o los Siete Elementos capitales . Ésta fue su tercera novela en imágenes; previamente había hecho La Mujer 100 cabezas (1929) y Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo (1930).
Los collages de esta novela -a diferencia de las anteriores- prescinden de textos; fueron creados por él durante un viaje de tres semanas a Italia.
Una semana de bondad o los Siete elementos capitales (Une semaine de bonté) ha sido definida como una novela collage que indaga en la identidad fragmentaria del mundo moderno. Apoyado en la reiteración, Ernst hizo una crítica a su tiempo, a la burguesía, la iglesia, la sexualidad reprimida y los nacionalistas que entonces querían imponerse a toda costa.
Entre las imágenes se puede ver a una mujer con alas de dragón, efigies de leones con máscaras, un Sherlock Holmes como efigie de la isla de Pascua. Los collages fueron realizados a partir de ilustraciones de novelas folletinescas del siglo XIX, creadas como grabados sobre madera. Tijera en mano, él elegía una lámina que era el escenario de una acción y sobre ella ponía objetos y figuras procedentes de otras ilustraciones.
Las imágenes de la novela recorren los días de la semana a través de diferentes elementos de la naturaleza y símbolos. El lunes era verde y agua; el martes, fuego y dragón; el miércoles, el día de la sangre y Edipo. Las últimas tres entregas quedaron reducidas a dos. Por única vez, el conjunto se exhibió en Madrid, previo a la Guerra Civil Española. No fue sino hasta 2008, cuando el Albertina de Viena volvió a presentarlas; llegan a México con el apoyo de la Fundación Mapfre.
Los collages de Une semaine de bonté son considerados como un auténtico manifiesto del surrealismo, y una obra culminante para ese movimiento.
Innovador y congruente
Nacido en Colonia en 1891, Ernst comenzó desde muy joven a crear a y vincularse a distintos grupos del mundo del arte. Una anécdota que le ocurrió en 1906, a los 15 años, muestra esa forma de pensar tan diferente a la de cualquier otro creador. La muerte de su loro, justo la noche en que nació su hermana menor, lo cambió; desde entonces, según se cuenta, no distinguía entre aves y personas y terminó por poblar sus cuadros con un personaje llamado Loplop, mezcla de pájaro y humano, imagen que llevó a variantes en obras posteriores.
Este hijo de un maestro de alumnos discapacitados, estudió entre 1910 y 1914, filología clásica, filosofía, psicología e historia del arte en la universidad de Bonn. El pintor August Macke lo presentó con numerosos artistas, como el alemán Paul Klee y el ruso Marc Chagall, con quienes expuso por primera vez en 1913 en el Salón de Otoño de Berlín. Conoció también a Guillaume Apollinaire.
Tras verse obligado a ser artillero en la I Guerra Mundial, fundó el primer grupo dadá Zentrale W/3 con Hans Arp en Colonia. Comenzó a crear collages dadaístas, usando ilustraciones de volúmenes de finales del siglo XIX. En 1922 llegó a París, donde vivió con Paul Eluard; entonces se unió a los surrealistas. Tres años más tarde, formó parte de la primera exposición de este movimiento.
En 1929 inició sus novelas collages, y un año después trabajó con Buñuel y Dalí en La edad de oro, donde representó al cruel jefe de los bandidos. En 1936 participó en la exposición de Arte Fantástico, Dadá y Surrealismo de Nueva York. Dos años más tarde, junto a artistas como Leonora Carrinton, partició en la Exposición Internacional de Surrealismo en París y Ámsterdam.
Ya en 1933 su nombre figuraba en la lista negra de los nazis, así que la II Guerra Mundial no fue fácil para él. Fue internado y excarcelado varias veces de campos de concentración. Tras escapar, se refugió en Estados Unidos, en 1941.
El siguiente año, junto con otros artistas en el exilio, publicó la revista VVV, que marcó el comienzo del movimiento surrealista en Estados Unidos. Expuso las primeras pinturas americanas en una muestra itinerante por Nueva York, Chicago y Nueva Orleans. En una exposición conoció a Dorothea Tanning, de quien se enamoró, y con quien vivió el resto de su vida. El matrimonio se fue a Sedona, Arizona, donde vivió cuatro años dedicados a la construcción, a la pintura, a la escultura y a la escritura.
La pareja regresó definitivamente a París en 1953; Ernst adquirió la nacionalidad francesa y continuó con su incesante experimentación en técnicas pictóricas; un año más tarde fue reconocido con el Grand Prix de Pintura en la 27 edición de la Bienal de Venecia que, entre otras consecuencias, le trajo su exclusión del movimiento del Surrealismo.
En 1975, un año antes de su muerte, se celebró la última retrospectiva en vida de Max Ernst; en el Gran Palais de París. Murió en 1976, a los 85 años, a consecuencia de un paro cardíaco.
De su obra, André Breton dijo en 1919: “Max Ernst proyecta ante nuestros ojos la película más cautivadora del mundo, y porque no pierde la gracia de sonreír al mismo tiempo que ilumina con una luz única nuestra vida interior hasta lo más hondo, no dudamos en ver en él al hombre de infinitas posibilidades.”
Si por sí sola la exposición Max Ernst. Una semana de bondad -que abrirá al público el 13 de agosto en el Munal- constituye una de las muestras más importantes que este año llegan a México, entre otras cosas porque representa un hallazgo presentado en su momento como uno de los tesoros mejor guardados del arte, la ocasión es sin par para acercarse a un universo plástico que acoge el sueño, la pesadilla, lo bestial, la fantasía, la monstruosidad y la inconsciencia.
Escultura, poesía y pintura fueron las formas de expresión que Ernst utilizó dentro o fuera de un movimiento artístico -primero Dadaísmo, luego Surrealismo-.
Creaba en técnicas como el óleo y el collage; en éste último derivó hacia formas más experimentales -inventadas por él mismo, a veces por casualidad -como frottage, grattage y raclage.
Para Max Ernst el collage era “la explotación sistemática de la coincidencia casual, o artificialmente provocada, de dos o más realidades de diferente naturaleza”. Comparaba esta técnica con “la satisfacción de un deseo”.
Los días y su tiempo
De collages originales está formada la muestra que llega al Munal: son 184 obras que Ernst creó en el año de 1934 bajo el nombre de Una semana de bondad o los Siete Elementos capitales . Ésta fue su tercera novela en imágenes; previamente había hecho La Mujer 100 cabezas (1929) y Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo (1930).
Los collages de esta novela -a diferencia de las anteriores- prescinden de textos; fueron creados por él durante un viaje de tres semanas a Italia.
Una semana de bondad o los Siete elementos capitales (Une semaine de bonté) ha sido definida como una novela collage que indaga en la identidad fragmentaria del mundo moderno. Apoyado en la reiteración, Ernst hizo una crítica a su tiempo, a la burguesía, la iglesia, la sexualidad reprimida y los nacionalistas que entonces querían imponerse a toda costa.
Entre las imágenes se puede ver a una mujer con alas de dragón, efigies de leones con máscaras, un Sherlock Holmes como efigie de la isla de Pascua. Los collages fueron realizados a partir de ilustraciones de novelas folletinescas del siglo XIX, creadas como grabados sobre madera. Tijera en mano, él elegía una lámina que era el escenario de una acción y sobre ella ponía objetos y figuras procedentes de otras ilustraciones.
Las imágenes de la novela recorren los días de la semana a través de diferentes elementos de la naturaleza y símbolos. El lunes era verde y agua; el martes, fuego y dragón; el miércoles, el día de la sangre y Edipo. Las últimas tres entregas quedaron reducidas a dos. Por única vez, el conjunto se exhibió en Madrid, previo a la Guerra Civil Española. No fue sino hasta 2008, cuando el Albertina de Viena volvió a presentarlas; llegan a México con el apoyo de la Fundación Mapfre.
Los collages de Une semaine de bonté son considerados como un auténtico manifiesto del surrealismo, y una obra culminante para ese movimiento.
Innovador y congruente
Nacido en Colonia en 1891, Ernst comenzó desde muy joven a crear a y vincularse a distintos grupos del mundo del arte. Una anécdota que le ocurrió en 1906, a los 15 años, muestra esa forma de pensar tan diferente a la de cualquier otro creador. La muerte de su loro, justo la noche en que nació su hermana menor, lo cambió; desde entonces, según se cuenta, no distinguía entre aves y personas y terminó por poblar sus cuadros con un personaje llamado Loplop, mezcla de pájaro y humano, imagen que llevó a variantes en obras posteriores.
Este hijo de un maestro de alumnos discapacitados, estudió entre 1910 y 1914, filología clásica, filosofía, psicología e historia del arte en la universidad de Bonn. El pintor August Macke lo presentó con numerosos artistas, como el alemán Paul Klee y el ruso Marc Chagall, con quienes expuso por primera vez en 1913 en el Salón de Otoño de Berlín. Conoció también a Guillaume Apollinaire.
Tras verse obligado a ser artillero en la I Guerra Mundial, fundó el primer grupo dadá Zentrale W/3 con Hans Arp en Colonia. Comenzó a crear collages dadaístas, usando ilustraciones de volúmenes de finales del siglo XIX. En 1922 llegó a París, donde vivió con Paul Eluard; entonces se unió a los surrealistas. Tres años más tarde, formó parte de la primera exposición de este movimiento.
En 1929 inició sus novelas collages, y un año después trabajó con Buñuel y Dalí en La edad de oro, donde representó al cruel jefe de los bandidos. En 1936 participó en la exposición de Arte Fantástico, Dadá y Surrealismo de Nueva York. Dos años más tarde, junto a artistas como Leonora Carrinton, partició en la Exposición Internacional de Surrealismo en París y Ámsterdam.
Ya en 1933 su nombre figuraba en la lista negra de los nazis, así que la II Guerra Mundial no fue fácil para él. Fue internado y excarcelado varias veces de campos de concentración. Tras escapar, se refugió en Estados Unidos, en 1941.
El siguiente año, junto con otros artistas en el exilio, publicó la revista VVV, que marcó el comienzo del movimiento surrealista en Estados Unidos. Expuso las primeras pinturas americanas en una muestra itinerante por Nueva York, Chicago y Nueva Orleans. En una exposición conoció a Dorothea Tanning, de quien se enamoró, y con quien vivió el resto de su vida. El matrimonio se fue a Sedona, Arizona, donde vivió cuatro años dedicados a la construcción, a la pintura, a la escultura y a la escritura.
La pareja regresó definitivamente a París en 1953; Ernst adquirió la nacionalidad francesa y continuó con su incesante experimentación en técnicas pictóricas; un año más tarde fue reconocido con el Grand Prix de Pintura en la 27 edición de la Bienal de Venecia que, entre otras consecuencias, le trajo su exclusión del movimiento del Surrealismo.
En 1975, un año antes de su muerte, se celebró la última retrospectiva en vida de Max Ernst; en el Gran Palais de París. Murió en 1976, a los 85 años, a consecuencia de un paro cardíaco.
De su obra, André Breton dijo en 1919: “Max Ernst proyecta ante nuestros ojos la película más cautivadora del mundo, y porque no pierde la gracia de sonreír al mismo tiempo que ilumina con una luz única nuestra vida interior hasta lo más hondo, no dudamos en ver en él al hombre de infinitas posibilidades.”