La historia personal, espiritual y artística del pintor alemán Ernst Saemisch se acerca a la comunidad jalisciense a través de la exposición La naturaleza íntima de la vida. Ernst Saemisch (1902-1984), inaugurada en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA), donde permanecerá abierta hasta el próximo 23 de agosto.Durante un recorrido previo realizado este jueves al mediodía, EL INFORMADOR acompañó la presentación de la muestra junto a Gertrudis Zenses —viuda del artista y fundadora de la asociación Ernst Saemisch A.C.—, el curador Eugenio Caballero y Canek Saemisch, hijo del pintor. La exposición reúne más de 200 piezas entre pinturas y dibujos que recorren distintas etapas creativas del autor, un artista europeo marcado por los conflictos del siglo XX que encontró en México una transformación estética y vital.Para Gertrudis Zenses, la llegada de la obra a Guadalajara representa algo más que una exhibición museística: es la continuidad de un legado humano y creativo.“Llegar a Guadalajara fue fantástico, estoy muy agradecida de cómo han recibido la obra, la experiencia de la exposición y a nosotros. Y maravillada con el museo, también con el espíritu que reina aquí… todo es sorprendente”, expresó.La muestra propone un acercamiento íntimo a la trayectoria de Saemisch, cuyo lenguaje visual transitó entre la figuración y la abstracción, siempre impulsado por la necesidad de explorar aquello que permanece detrás de lo visible. Sin embargo, para Zenses, el verdadero centro de la exposición es el mensaje que buscó transmitir a las nuevas generaciones.“Yo espero —y lo confirmé ayer en una reunión con estudiantes— que sea un mensaje especial para los jóvenes, porque esa era su ilusión: contribuir con su espíritu creador para que haya una transformación siempre positiva de la humanidad”.La obra de Saemisch no puede separarse de las circunstancias que marcaron su existencia. Nacido en Alemania a principios del siglo XX, vivió de cerca las grandes rupturas históricas y culturales de su tiempo, experiencias que, según relata Zenses, moldearon profundamente su sensibilidad.“Su vida fue fascinante, muy rica. Desde muy joven se abrió a las grandes rupturas del siglo… le tocaron las dos guerras mundiales y sufrió profundamente el nazismo”, recordó.El artista creció a las orillas de la Selva Negra, en un entorno donde la naturaleza formó parte esencial de su percepción del mundo. Esa convivencia temprana con el paisaje influyó en su mirada creativa y en una búsqueda constante de sentido incluso frente a la adversidad.“A pesar de todo lo que le tocó vivir, él buscaba siempre el lado maravilloso, el lado milagroso de la vida”, afirmó.Zenses explicó que la formación intelectual del pintor también estuvo marcada por el pensamiento científico. Su padre, cercano a círculos académicos europeos, recibía en casa a figuras relevantes de la ciencia, encuentros que influyeron en la manera en que Saemisch entendía la realidad y la representación artística.Esa dualidad entre razón y emoción se refleja en la aparente severidad de sus líneas abstractas. “Intenté sentir qué estaba oculto detrás de esas líneas tan claras y encontré una fusión impresionante entre el dolor y la línea”, dijo, al describir una reflexión reciente sobre la obra del artista.La libertad creativa fue otro de los principios fundamentales de su trayectoria. Saemisch evitó adherirse a movimientos artísticos específicos, prefiriendo desplazarse entre distintas corrientes sin restricciones.“Nunca participó de una corriente que lo limitara. Creía que cualquier persona tiene un territorio amplísimo de creatividad y debe ser libre, sin preconceptos ni miedos”.La exposición fue concebida bajo la curaduría del diseñador de producción Eugenio Caballero, ganador del Óscar por El laberinto del fauno, quien abordó el proyecto desde una lógica narrativa cercana al cine.Caballero explicó que el proceso implicó revisar un archivo monumental de más de siete mil piezas para construir una selección capaz de revelar una historia coherente.“Empezamos a revisar un archivo enorme y poco a poco fue apareciendo una historia. Yo siempre me relaciono con las cosas como cineasta, como contador de historias, y se volvió evidente el paralelismo entre la obra y la vida que le tocó vivir”.Para el curador, las pinturas funcionan como testimonio de un siglo convulso: desde la Primera Guerra Mundial y el auge cultural del Berlín de entreguerras hasta la devastación posterior a la Segunda Guerra Mundial y las crisis económicas que siguieron.Todo ese contexto histórico se refleja en la evolución estética del artista, quien entendía la pintura como una experiencia radical.“Pintar era un salto al abismo, la búsqueda de la esencia”, señaló Caballero, subrayando el rigor creativo de Saemisch, a quien describe como “un pintor sin concesiones”.La exposición también evidencia el momento decisivo en que el artista llega a México, país que transformó su paleta cromática y su aproximación temática. Según el curador, esa etapa representa una apertura emocional visible en los colores y en la libertad formal de sus obras.“Cuando viene a México aparece una nueva ola: cambian los colores, la manera de pintar, la temática. Se percibe una libertad distinta”.La naturaleza íntima de la vida propone una lectura emocional del artista, donde las experiencias personales, los viajes y los cambios históricos dialogan con la sensibilidad contemporánea del espectador.La exposición, coinciden sus organizadores, no busca únicamente mostrar una retrospectiva, sino invitar a una reflexión sobre la capacidad del arte para transformar la experiencia humana.En palabras de Gertrudis Zenses, acercarse a la obra de Saemisch implica comprender que incluso en los momentos más oscuros existe una posibilidad de creación.“El mensaje es encontrar la maravilla de la existencia, incluso después del dolor”.MF