Cultura

La madre de la danza moderna mexicana

Guillermina Bravo hizo 57 coreografías, fundó múltiples instituciones y se acercó nuevos públicos. Con ello contribuyó a dibujar el rostro artístico del país

GUADALAJARA, JALISCO (07/NOV/2013).- Estaba exactamente a ocho días de cumplir 93 años cuando falleció. Por su larga trayectoria dedicada al arte, la coreógrafa y bailarina Guillermina Bravo recibiría festejos en el Centro Nacional de Danza Contemporánea en Querétaro (Cenadac), del cual es fundadora y hasta el pasado miércoles, también era su directora general.

"Íbamos a celebrar su cumpleaños pero ya no fue posible", dice Fernando Corsantes, secretario académico del Colegio Nacional de Danza Contemporánea, dependiente del mismo Cenadac. En su lugar, la llamada madre de la danza moderna mexicana, pionera en las expresiones contemporáneas en el país, enlutó a la comunidad cultural nacional dejando un legado de bailarines, coreógrafos y público agradecidos.

"Ella le dio un nombre a la danza, formó parte de los grandes que le dieron el rostro cultural y artístico a México por el cual hoy es reconocido. Colaboró con más de 100 personalidades como Carlos Monsiváis, Diego Rivera, Frida Kahlo, Carlos Chávez", recuerda Corsantes. Sus allegados le decían "La bruja", de cariño.

Creadora, intérprete, maestra. Guillermina Bravo es autora de 57 coreografías en vida, "algunas de ellas parte aguas no solamente en lo que es la vida escénica del país, sino de la vida cultural".

En su búsqueda por experimentar, la ruptura estética fue una constante en la trayectoria de la coreógrafa, quien se apropiaba de las técnicas para luego reconfigurarlas. Una de sus contribuciones al mundo de la danza fue la depuración que hizo de la técnica Martha Graham, lo cual le dio notoriedad a nivel internacional.

"Ahora se habla de conjugación de artes y la maestra desde hace 60 años ya hacía una integración de la música, de las artes plásticas y obviamente de la danza revolucionando el arte escénico de nuestro país y colocando a los ojos del mundo como una de las vanguardias del movimiento artístico mexicano", agrega Corsantes.

Querétaro, su segundo hogar


El 13 de noviembre de 1920, Guillermina Bravo nació en Chacaltianguis, Veracruz. En su juventud hizo sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música y luego en la Escuela Nacional de Danza, donde fue discípula de la maestra y bailarina estadounidense Waldeen von Falkenstein, también mentora de Amalia Hernández y Gloria Mestre.

Junto con la guatemalteca Ana Mérida, en 1947 funda la Academia de Danza Mexicana. Sin embargo, su labor institucional cobró mayor revuelo con la creación del Ballet Nacional de México en 1948, una de las compañías nacionales de danza moderna más importantes de la historia, que cambió de sede a Querétaro para extinguirse finalmente en 2006. Sus presentaciones empezaban en el Palacio de Bellas Artes y después se iban de gira por todo el país a escenarios como canchas, explanadas, milpas y parques.

"La maestra siempre tuvo contacto con público diverso, no especializado, porque iba a comunidades, iba a teatros abiertos, a lugares que a veces no tenían las condiciones en esta misión de difusión y divulgación de la danza contemporánea", recuerda Fernando Corsantes.

En 1991, la coreógrafa funda el Cenadac en Querétaro, donde a su vez se crea el Colegio Nacional de Danza Contemporánea para la formación de cuadros en esa disciplina escénica. "En aquel momento se dio una fusión de varios elementos, que fue un Gobierno estatal que escucha el reclamo de la descentralización. El Ballet Nacional de México tenía su sede en la Ciudad de México y en este gran movimiento de la descentralización, Querétaro es eco de recoger no solamente al ballet y a Guillermina Bravo, sino también a una orquesta filarmónica, a la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y se da un movimiento de recepción cultural".

Apenas hace dos años, la todavía activa maestra denunció que el Colegio de Danza Contemporánea estaba en peligro de desaparecer por falta de recursos porque el INBA le retiró el subsidio que servía para formar a bailarines de alto rendimiento y calidad, según publicó el 22 de febrero de 2011 el periódico El Universal. Apenas unos días antes, el Instituto le había dedicado un homenaje por sus 90 años de vida con una gala de danza y con la presentación de dos libros alusivos a su obra.

Ahí en Querétaro murió Guillermina. Dejó dos hijos que la extrañan. Su cuerpo fue llevado al Cenadac y mañana será trasladado a la Ciudad de México para recibir un homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

HERRAMIENTA


Legado


Guillermina Bravo creó alrededor de 60 coreografías: "Epicentro", "La coronela" y "El paraíso de los ahogados" son algunas de las más recordadas. El periodista cultural Juan Hernández Islas destaca en su ensayo "El paraíso de los ahogados, pieza fundacional de lo universal y lo contemporáneo en la danza mexicana", que este montaje tiene una estética que inaugura el momento de la danza contemporánea en México, la cual rechazó el canon nacionalista de la época representado por los decorados costumbristas, los vestuarios nacionalistas, la música sinfónica tradicional y el arte muralista.

"Renunció al universo estético validado y sólido nacionalista y adoptó la experimentación para abrir una puerta de desarrollo del arte de la danza, que en su opinión no podía seguir sumida en la ilustración literal de objetos y temas de la realidad en escena", dijo en la presentación del texto en diciembre de 2012, según publica El Universal.

Premios

Premio Nacional de Danza "José Limón" en 1989.

Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1979.

En 1993, en el marco del Festival de Danza en San Luis Potosí, se creó el Premio Guillermina Bravo.

En 1994, fue nombrada Creadora Emérita dentro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

EL INFORMADOR / Brenda Ramos

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