Cultura
La Guadalajara del arquitecto Julio de la Peña
El arquitecto jalisciense con formación de ingeniero, recibió un homenaje póstumo con la presentación del libro que lleva su nombre
GUADALAJARA, JALISCO (13/SEP/2012).- El escenario fue la capilla del Templo de San Javier de las Colinas, una de las numerosas obras arquitectónicas que dejó como legado Julio de la Peña (1917-2002). El arquitecto jalisciense con formación de ingeniero, recibió un homenaje póstumo con la presentación del libro que lleva su nombre, y que es el número 22 de la colección Monografías de Arquitectos del Siglo XX, de la Secretaría de Cultura de Jalisco.
El autor, Venancio Ordoño Reynoso, estuvo acompañado de Víctor Manuel Lara Martínez y Claudio Sainz David, académicos eméritos —como él mismo— del Capítulo Guadalajara de la Academia de Nacional Arquitectura (fundada en 1990 por De la Peña); así como el director de Patrimonio Artístico e Histórico de la Secretaría de Cultura, Modesto Aceves Ascencio.
Los presentadores hablaron del libro y recordaron a “Don Julio” en sus distintas facetas: la de académico, la de constructor, la de padre de familia, la de artista.
Ordoño comenzó contando la historia de un niño nacido en la Guadalajara de 1950, en la época en que “estaban crucificando a su Centro Histórico”. Desde muy pequeño e inspirado por alguna obra pública de De la Peña, supo que de grande quería ser arquitecto. “Muchos años después, a ese niño le pidieron que escribiera una monografía sobre la vida y obra de Julio de la Peña, y por eso estoy aquí”.
Sobre el libro, Claudio Sainz afirmó: “Tiene un contenido exacto, fuentes cercanas, redacción transparente, gráficos justos. Pareciera que no describo una monografía, sino la arquitectura de Julio de la Peña, que siempre se distinguió por los valores de orden, sobriedad y sorpresa”.
Para el arquitecto Víctor Manuel Lara, leer la biografía “fue un deleite”, ya que “tiene una espléndida disposición de elementos” y “una exhaustiva investigación” basada en entrevistas con familiares y colaboradores, e información de archivos. Todo lo anterior redactado ‘con un estilo casi novelesco’”.
El arquitecto Modesto Aceves expresó que el gran acierto de Julio de la Peña fue poner en valor los postulados del funcionalismo con un matiz regional, y que siempre buscó que la obra fuera congruente con su momento histórico y tuviera los valores de la estética, carácter, estilo y proporción.
De la obra urbana de Julio De la Peña destaca la Plaza de la República, los camellones originales de la Avenida Chapultepec, el Condominio Guadalajara, la Casa de la Cultura y el Auditorio Benito Juárez. Desde 1941 hasta el año de su muerte en 2002, proyectó y construyó también numerosas residencias particulares y conjuntos habitacionales.
El autor, Venancio Ordoño Reynoso, estuvo acompañado de Víctor Manuel Lara Martínez y Claudio Sainz David, académicos eméritos —como él mismo— del Capítulo Guadalajara de la Academia de Nacional Arquitectura (fundada en 1990 por De la Peña); así como el director de Patrimonio Artístico e Histórico de la Secretaría de Cultura, Modesto Aceves Ascencio.
Los presentadores hablaron del libro y recordaron a “Don Julio” en sus distintas facetas: la de académico, la de constructor, la de padre de familia, la de artista.
Ordoño comenzó contando la historia de un niño nacido en la Guadalajara de 1950, en la época en que “estaban crucificando a su Centro Histórico”. Desde muy pequeño e inspirado por alguna obra pública de De la Peña, supo que de grande quería ser arquitecto. “Muchos años después, a ese niño le pidieron que escribiera una monografía sobre la vida y obra de Julio de la Peña, y por eso estoy aquí”.
Sobre el libro, Claudio Sainz afirmó: “Tiene un contenido exacto, fuentes cercanas, redacción transparente, gráficos justos. Pareciera que no describo una monografía, sino la arquitectura de Julio de la Peña, que siempre se distinguió por los valores de orden, sobriedad y sorpresa”.
Para el arquitecto Víctor Manuel Lara, leer la biografía “fue un deleite”, ya que “tiene una espléndida disposición de elementos” y “una exhaustiva investigación” basada en entrevistas con familiares y colaboradores, e información de archivos. Todo lo anterior redactado ‘con un estilo casi novelesco’”.
El arquitecto Modesto Aceves expresó que el gran acierto de Julio de la Peña fue poner en valor los postulados del funcionalismo con un matiz regional, y que siempre buscó que la obra fuera congruente con su momento histórico y tuviera los valores de la estética, carácter, estilo y proporción.
De la obra urbana de Julio De la Peña destaca la Plaza de la República, los camellones originales de la Avenida Chapultepec, el Condominio Guadalajara, la Casa de la Cultura y el Auditorio Benito Juárez. Desde 1941 hasta el año de su muerte en 2002, proyectó y construyó también numerosas residencias particulares y conjuntos habitacionales.