Cultura

Hacen del francés agridulce lengua

Fue la noche del sábado cuando la Alianza Francesa se convirtió en el escenario del primer concurso de la canción gala

GUADALAJARA, JALISCO (24/JUN/2012).- Con la mirada fija, los pies clavados en el suelo y la mano aferrada al micrófono, Lourdes Moreno dio lo mejor que tenía para llevarse el viaje a Francia: cantó en francés para el público y el jurado, y aunque el idioma sonó tan dulce como el de cualquier franco, la guitarra y soltura de Diego Jiménez le arrebató el triunfo a ella y a los otros ocho participantes.

Fue la noche del sábado cuando la Alianza Francesa se convirtió en el escenario del primer concurso de la canción gala, que congregó a 10 cantantes aficionados a la música y al idioma.

El único requisito para concursar fue gozar de buena voz y de una pronunciación aceptable del francés, y claro, saber interpretar una pieza compuesta en aquella nación.

Todo estaba listo, dispuesto y esperando a los cantantes. Los músicos, el público, el jurado y hasta los maestros de ceremonia tenían los ojos puestos en el la luz que caía sobre el escenario. Hasta que salió la primera "candidata" al premio a mostrar sus cartas, cantó su tema.

Por el entarimado desfilaron, engalanados, los 10 participantes. El público vio desde vestidos destellantes de noche, peinados bien esculpidos y atuendos casuales, hasta aquellos que prefirieron demostrar sus capacidades vocales más allá de las visuales, acudiendo en prendas sencillas.

No hay que olvidar, sin embargo, la naturaleza "aficionada" de la convocatoria. No faltaron los "bueno, espero que les guste la canción... ahí les va", ni el "la canto también en español, pero hoy se las voy a cantar en francés", ¡ah!, tampoco se ausentaron los que entran con prisa y salen corriendo, sin más palabra que la que exige la pieza elegida, casi todas clásicas del repertorio contemporáneo francés.

La vie en rose, de la mítica Edith Piaf y La Bohème fueron sólo algunas de las que más animaron la velada. Y vaya que la sorpresa de muchos estribó en la facilidad de los intérpretes para articular tan cálido idioma, salvo un par de excepciones que lo volvieron... agridulce.

Pero los tropezones fueron olvidados porque la soltura y voz  de otros participantes salieron al rescate de la noche, de la amenidad y la dignidad de los tapatíos para expresarse culturalmente en códigos ajenos a los suyos, y aun así, de contagiar sentimientos... aunque sea por hobbie o por ganarse un boleto de avión.

EL INFORMADOR / VIOLETA MELÉNDEZ

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