Cultura
Especialistas piden proteger la arquitectura moderna
Felipe Covarrubias, Carlos Petersen y Fernando González Gortázar consideran importante proteger legalmente la arquitectura moderna o funcionalista
GUADALAJARA, JALISCO (11/JUL/2010).- Los arquitectos tapatíos Felipe Covarrubias, Carlos Petersen y Fernando González Gortázar consideran importante proteger legalmente la arquitectura moderna o funcionalista de mediados del siglo pasado que se edificó en Guadalajara, gracias a la primera generación de egresados de la Escuela de Arquitectura, fundada en 1949 por Ignacio Díaz Morales.
“Cada obra arquitectónica es historia, por supuesto que no todas; el problema es que si el ciudadano no quiere a su ciudad, no la protege”, explica el arquitecto y coordinador de la licenciatura en Diseño Gráfico del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Felipe Covarrubias.
En cambio, si el ciudadano tiene memoria, preserva los inmuebles con valor patrimonial. “La gente que no tiene ningún interés y que antepone lo mercantil ante la propia memoria, simplemente detesta y vende al mejor postor el patrimonio arquitectónico”.
De acuerdo a un inventario de fincas patrimoniales de la Zona Metropolitana de Guadalajara, realizado por Mónica del Arenal Pérez, existen 205 de la época moderna, distribuidos en los municipios de Guadalajara, Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan, donde arquitectos como Rafael Urzúa, Enrique Nafarrate, Julio de la Peña, Miguel Aldana Mijares, Erich Coufal, Alejandro Zohn, Jorge Rojo Santamarina, Bruno Cadore, Max Henonin, Pedro Castellanos y Jorge Matute Remus renovaron la propuesta arquitectónica de hacer ciudad de 1950 a 1970.
Sin embargo, Felipe Covarrubias aclara que poco importa que estén catalogadas, ya que la preservación está en manos de la ciudadanía.
Uno de los grandes aciertos para que Guadalajara cambiara la fachada de sus viviendas fue “la gran visión de arquitectos como Juan Palomar o Ignacio Díaz Morales, quienes pensaron Guadalajara con una visión a largo plazo”, sostiene Carlos Petersen Farah.
Una de las mejores casas modernas fue diseñada por Fernando González Gortázar, con una fachada completamente cerrada y recubierta de ladrillos de barro. Otro ejemplo es el Mercado Libertad diseñado por Alejandro Zohn con muros de concreto, barro y piedra braza. “Es decir, hay una simbiosis entre estas maneras de ver la arquitectura desde Europa y las formas tradicionales de la construcción, de los arquitectos tapatíos”, afirma Petersen Farah.
La ruptura del hacer ciudad en Guadalajara se da a finales de la década de los 60 y principios de los 70, “cuando la Reforma Agraria fracasa y los ejidatarios se mudan a la ciudad, porque en sus tierras hay una gran pobreza y hambre. Entonces, surgen los asentamientos irregulares, que no son aptos para el desarrollo urbano. Ahí viene la ruptura y la ciudad pierde dimensión con miles de fraccionamientos y poblaciones en zonas de alto riesgo y de muy baja calidad, con carencia de servicios básicos”, comenta.
Para Fernando González Gortázar, los artífices de la Guadalajara de los 50 “crearon un lenguaje más moderno, muy agradecido hacia el funcionalismo, pero que también sabía mirar los materiales regionales, la construcción artesanal, el clima, la cultura y la economía”.
En su opinión, el milagro es que había importantes arquitectos, “pero también clientes dispuestos a apoyar esta transformación. El cliente central fue el Gobierno Estatal y a veces el municipal”.
Carlos Petersen afirma que el tropiezo que tuvo Guadalajara en su desarrollo urbano es normal. “Todas las ciudades tienen momentos de límite y las nuevas generaciones se están dando cuenta de que este modelo de desarrollo que promueve el uso del automóvil es un fracaso”.
Su apuesta es a favor de la sociedad involucrada en resolver los problemas de la ciudad, “y se volverán a hacer nuevos planeamientos de cómo hacer ciudad”.
“Cada obra arquitectónica es historia, por supuesto que no todas; el problema es que si el ciudadano no quiere a su ciudad, no la protege”, explica el arquitecto y coordinador de la licenciatura en Diseño Gráfico del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Felipe Covarrubias.
En cambio, si el ciudadano tiene memoria, preserva los inmuebles con valor patrimonial. “La gente que no tiene ningún interés y que antepone lo mercantil ante la propia memoria, simplemente detesta y vende al mejor postor el patrimonio arquitectónico”.
De acuerdo a un inventario de fincas patrimoniales de la Zona Metropolitana de Guadalajara, realizado por Mónica del Arenal Pérez, existen 205 de la época moderna, distribuidos en los municipios de Guadalajara, Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan, donde arquitectos como Rafael Urzúa, Enrique Nafarrate, Julio de la Peña, Miguel Aldana Mijares, Erich Coufal, Alejandro Zohn, Jorge Rojo Santamarina, Bruno Cadore, Max Henonin, Pedro Castellanos y Jorge Matute Remus renovaron la propuesta arquitectónica de hacer ciudad de 1950 a 1970.
Sin embargo, Felipe Covarrubias aclara que poco importa que estén catalogadas, ya que la preservación está en manos de la ciudadanía.
Uno de los grandes aciertos para que Guadalajara cambiara la fachada de sus viviendas fue “la gran visión de arquitectos como Juan Palomar o Ignacio Díaz Morales, quienes pensaron Guadalajara con una visión a largo plazo”, sostiene Carlos Petersen Farah.
Una de las mejores casas modernas fue diseñada por Fernando González Gortázar, con una fachada completamente cerrada y recubierta de ladrillos de barro. Otro ejemplo es el Mercado Libertad diseñado por Alejandro Zohn con muros de concreto, barro y piedra braza. “Es decir, hay una simbiosis entre estas maneras de ver la arquitectura desde Europa y las formas tradicionales de la construcción, de los arquitectos tapatíos”, afirma Petersen Farah.
La ruptura del hacer ciudad en Guadalajara se da a finales de la década de los 60 y principios de los 70, “cuando la Reforma Agraria fracasa y los ejidatarios se mudan a la ciudad, porque en sus tierras hay una gran pobreza y hambre. Entonces, surgen los asentamientos irregulares, que no son aptos para el desarrollo urbano. Ahí viene la ruptura y la ciudad pierde dimensión con miles de fraccionamientos y poblaciones en zonas de alto riesgo y de muy baja calidad, con carencia de servicios básicos”, comenta.
Para Fernando González Gortázar, los artífices de la Guadalajara de los 50 “crearon un lenguaje más moderno, muy agradecido hacia el funcionalismo, pero que también sabía mirar los materiales regionales, la construcción artesanal, el clima, la cultura y la economía”.
En su opinión, el milagro es que había importantes arquitectos, “pero también clientes dispuestos a apoyar esta transformación. El cliente central fue el Gobierno Estatal y a veces el municipal”.
Carlos Petersen afirma que el tropiezo que tuvo Guadalajara en su desarrollo urbano es normal. “Todas las ciudades tienen momentos de límite y las nuevas generaciones se están dando cuenta de que este modelo de desarrollo que promueve el uso del automóvil es un fracaso”.
Su apuesta es a favor de la sociedad involucrada en resolver los problemas de la ciudad, “y se volverán a hacer nuevos planeamientos de cómo hacer ciudad”.