Cultura

''El verdadero narrador es un tipo que está escondido''

El escritor español Javier Cercas presenta su libro Las leyes de la frontera en el que aborda el cómo se construyen y destruyen mitos

CIUDAD DE MÉXICO (04/FEB/2013).- Con Las leyes de la frontera (Random House Mondadori), el español Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) cuenta la historia de “El Zarco”, Tere y “El Gafitas”, delincuentes juveniles que hacen la vida imposible al barrio de Gerona, donde viven.

Es 1978. Hace tres años que Franco ha muerto y en la Cataluña que se apega con morosidad cansina a una transición que tarda en llegar, la pregunta es cómo dirigirse al prójimo, si en catalán o en castellano: una primera frontera que se levanta en el inicio de la narración, la del idioma.

El libro también tiene sus límites estructurales: primero la “juvenilia” desmesurada y los límites que se cruzan entre la marginalidad y lo establecido.

Luego, la madurez, donde cada uno ha tomado su camino y la vida, “eso que Faulkner decía que era como un cerillo encendido: no ves nada, pero al menos ves la oscuridad” (cita Cercas), reivindica su derecho a hacer lo que quiere con los protagonistas de la historia.

Es cuando se marca la segunda gran frontera, la de la propia novela dividida en dos partes marcadas por la edad de los personajes, cuyas aventuras y desventuras conocemos a través de un narrador que pide constantemente explicaciones aunque nunca se las otorgan.

“Veinte años más tarde, el Gafitas se ha convertido en el abogado más notable de la ciudad y recibe el encargo de defender al Zarco, convertido en el delincuente más famoso de España. Tere, por su parte, vuelve a funcionar como el lazo enigmático entre estos dos hombres tan diferentes y al mismo tiempo tan necesitados el uno del otro”, anuncia el boletín de prensa.

“El verdadero narrador del libro es un tipo que está escondido, agazapado, detrás de la novela, efectivamente”, admite el aclamado autor de Soldados de Salamina (2001), la historia de la Guerra Civil Española que le hiciera, precisamente, trascender las fronteras de su país natal y pasar a ser un autor conocido y leído en toda Hispanoamérica.

El nuevo trabajo del escritor —inspirado en El Zarco, del mexicano Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893)— que cinceló con paciencia artesanal una literatura alimentada por los fantasmas de una realidad que se confunde con el pasado y el presente, no pasará a la historia como su mejor novela,  pero alcanza para disfrutar la carnita sabrosa de que están hechas todas sus narraciones.

El narrador escondido que entabla diálogo con los protagonistas y que busca unas verdades pero encuentra otras sirve, además, para criticar la función de los medios de comunicación en nuestros días, cuando el exceso de información y la “opinología” consuetudinaria han hecho creer a mucha gente que en la existencia todo tiene una explicación.

“Vivimos en una sociedad dominada por los medios de comunicación y vemos a diario cómo se construyen y destruyen mitos, un tema que domina mi libro, cuyos personajes tienen una visión muy negra precisamente por eso. Los medios son capaces no sólo de reflejar la realidad, sino también de fabricarla”, explica el autor.

“Las lenguas no tienen la culpa de nada”

Las leyes de la frontera es también una novela de lenguaje que resulta muy oportuna en la actual realidad española, donde “el catalanismo” y “el madridismo” del gobierno central pujan por imponer sus posiciones.

“Lo cierto es que las lenguas no tienen la culpa de nada”, explica Cercas. “En Cataluña, como en tantos otros sitios, se comete el error gravísimo de entregarles la lengua a los nacionalistas, pero la lengua también es mía, que no soy nacionalista. Hablo en catalán y el catalán es mi lengua tanto como lo es de Artur Mas, este presidente que tenemos, para nuestra desgracia”, afirma.

—Pero es cierto que en tu novela, los personajes se definen a través del habla…

—Sí, es verdad. Hombre, hay un personaje que en el 78 es ultrafranquista o poco menos y que en el año 2000 es ultranacionalista catalán. Sinvergüenzas los ha habido siempre…

—Y siempre son de derecha…

—Es lo que uno quisiera, pero lamentablemente no es así. Es la ilusión que tenemos… (risas).

—Volviendo al tema, en la novela es interesante ver cómo los personajes se definen a partir de cómo hablan… ¿no?

—Sí, pero es una característica de todas las novelas, creo. Al menos en mi caso, no soy de esos escritores que construye la moral de un personaje antes de narrarlo. A mí, los personajes se me van apareciendo mientras los cuento, por un lado por cómo hablan y por el otro por cómo actúan. Porque los seres humanos no somos esencia. No soy esencialmente mentiroso o esencialmente honesto, me defino por lo que hago y por lo que digo y eso me convierte en un ser muy contradictorio y muy complejo. Pero es verdad que el modo de hablar de los personajes los define, algo que en esta novela era complicado, fundamentalmente porque detesto el costumbrismo. Tampoco quería hacer que todos hablaran igual y convertir la narración en algo abstracto. Intento siempre que mis libros sean muy locales y muy universales. Intento hablar de cosas muy concretas, muy arraigadas, de personajes específicamente dibujados según coordenadas históricas, sociales, pero que al mismo tiempo a través de ellos puedan plantearse cuestiones universales como el amor, la lealtad, la traición. Eso es para mí la literatura.

—¿Con qué espíritu escribiste esta novela?


—Bueno, las novelas son para mí un proceso de averiguación. Un libro es una aventura que no sé hacia dónde me va a llevar y ahí está la gracia, porque si no es una aventura para mí, ¿cómo va a serlo para el lector?

Una novela feminista


Desde el “Gafitas”, que parece el más débil, hasta el “Zarco”, que parece el más fuerte, la “ganona” siempre resulta Tere. Y en ese triángulo de amor y desamor, de encuentro y desencuentro, Las leyes de la frontera logra convertirse en una novela feminista, algo que Javier Cercas acepta con entusiasmo.

“También es cierto que Tere es el gran enigma de la novela. Yo mismo no tengo claro nada acerca de ella, aunque es lógico que tenga mis teorías. Se trata de una persona que tiene cabeza, coraje, que es capaz de ser libre, que posee un sentido moral del que no alardea, pero es muy nítido”, afirma el también autor de La velocidad de la luz y Anatomía de un instante.

—Las páginas dedicadas al bullying son escalofriantes…

—Pero eso ha existido siempre. Ahora finalmente logramos ponerle un nombre, pero siempre ha estado el matón, que es la figura más repugnante que conozco. No hay nada más asqueroso que la violencia en el colegio, porque la violencia es lo contrario de la educación. O el bullying se extirpa o no hay educación posible.

—¿Fue traumático el pase de Tusquets a Mondadori?

—No, para nada. La verdad es que nunca creí que me iba a ganar la vida con la literatura y ahora me parece maravilloso poderme comprar unos zapatos con el fruto de mi cabeza, con mis historias. Aunque desde ya te digo que mi ida de Tusquets no tuvo que ver con temas económicos, sino con cosas de las que no vale la pena dar detalles públicos. Para  mí no fue traumático, no guardo rencor contra nadie y espero que no guarden ningún rencor en mi contra.

Con información de Sinembargo.mx

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