Cultura
El arte de la maquetación
Juan Antonio Nápoles es autor de modelos que incluso ha comprado el MoMa de Nueva York
GUADALAJARA, JALISCO (08/OCT/2011).- En arquitectura todo gran proyecto inicia por una idea que puede ser materializada a escala. Esta es la razón de ser de las maquetas que de alguna manera son el primer ejercicio de la construcción de un proyecto arquitectónico y que, precisamente por eso, son un requisito gubernamental en diversos países... que no en el nuestro.
En Guadalajara, Juan Antonio Nápoles y Lorena Camarena, se han dedicado a la elaboración y fabricación de una diversidad de modelos que pueden ir desde una pequeña boutique hasta una ciudad completa. Luego de un comienzo en 1989 cuando la firma Elías Arquitectos les encomendó su primera misión, la del Hotel Quinta Real para Puerto Vallarta, ellos no han parado y desde hace tres años cuentan también con una oficina en Estados Unidos, en la ciudad de Portland.
Nápoles, egresado de Arquitectura en la Universidad de Guadalajara en 1988, define sus modelos como “la materialización del concepto del proyectista” y reconoce que es más bien el sector inmobiliario el que utiliza con frecuencia este recurso. “El volumen en 3D por computadora o los renders (croquis) no te dan la misma percepción, ni la sombra ni la sensación de verlo físicamente y esto ayuda al diseño, a que el cliente entienda lo que se le está vendiendo”, explica.
Pero más que una herramienta de ventas como son consideradas las más de las veces, en países como Estados Unidos las maquetas son obligatoriaspara el otorgamiento de permisos de construcción. “Allá, en muchas de las grandes ciudades tienen maquetas gigantes de la ciudad, del centro o de las zonas en desarrollo, y tú como proyectista tienes que hacer el edificio en escala e irlo a poner a esa maqueta. Ahí la dejas y la gente va y la revisa, los concejales la ven, y si no les gusta cómo se ve, pues no se hace”. Por si esto no fuera lo suficientemente útil, el proceso continúa con la elaboración de otra maqueta más grande, la de estudio, y posteriormente una más explícita, la de ventas. “Pero todo eso acá se lo brincan”, señala.
En su taller, donde laboran 15 personas sobre 580 metros cuadrados, se han hecho proyectos de todos los tamaños. La más grande, en volumen, ha sido la de la planta de Cervecería Corona de Fresnillo, Zacatecas, que mide cuatro por ocho metros y está en exhibición dentro del museo de la empresa. En tanto que respecto a superficie representada, Nápoles y su equipo han realizado la de Puerto Peñasco, Sonora, para el grupo hotelero Mayan. Con una escala de uno a 15 mil, la maqueta contuvo un área de 50 kilómetros desde la zona de playa hasta el pueblo dentro de tres metros cuadrados.
Es, sin lugar a dudas, la de la Torre Cube I en esta ciudad, de la arquitecta española Carme Pinós, la que merece para Nápoles una mención aparte por todo lo que ha significado para su taller. “Ella estaba en España mientras que aquí unos arquitectos coordinaban, pero cuando ya habíamos desarrollado casi toda la maqueta, llegó la gente de ella a rehacer las cosas, pero no porque estuvieran mal, sino porque entre ellos lo habían visto de otra manera”. Y luego de este contratiempo en la elaboración “la maqueta quedó muy bonita y la compró el MOMA de Nueva York, que la mantiene como parte de su colección privada y la trae viajando por el mundo”.
Y que no se para el edificio
Y sin menospreciar tamaños, la más pequeña ha sido para un edificio departamental en San José, California, que midió 3.8 por 3.8 centímetros “para montarla a la maqueta del Ayuntamiento de aquella ciudad”.
Si hacer un modelo a escala finalmente es hacer la obra pero en pequeño, Nápoles asevera que “son las mismas complicaciones, ya que pese a que ahora los arquitectos tienen muchos programas computacionales para ver los errores en el diseño, todavía hay quienes nos traen el proyecto y nos cuesta mucho trabajo hacerlo en maqueta porque esto es realmente hacerlo en chiquito”. Y en este proceso, existe la posibilidad de detectar fallas o imprevistos, o simple y sencillamente advertir “que no se para el edificio”, explica.
A todas luces lo que se necesita para poder realizar una buena maqueta es “un buen proyecto”, señala Nápoles, quien ha tenido también en sus manos las maquetas del Complejo JVC, Torrena, y recientemente varias de las instalaciones deportivas para los Juegos Panamericanos.
Ana Guerrerosantos
FRASE
"En este proceso, existe la posibilidad de detectar fallas o imprevistos, o simple y sencillamente advertir que no se para el edificio "
Juan Antonio Nápoles, arquitecto
En Guadalajara, Juan Antonio Nápoles y Lorena Camarena, se han dedicado a la elaboración y fabricación de una diversidad de modelos que pueden ir desde una pequeña boutique hasta una ciudad completa. Luego de un comienzo en 1989 cuando la firma Elías Arquitectos les encomendó su primera misión, la del Hotel Quinta Real para Puerto Vallarta, ellos no han parado y desde hace tres años cuentan también con una oficina en Estados Unidos, en la ciudad de Portland.
Nápoles, egresado de Arquitectura en la Universidad de Guadalajara en 1988, define sus modelos como “la materialización del concepto del proyectista” y reconoce que es más bien el sector inmobiliario el que utiliza con frecuencia este recurso. “El volumen en 3D por computadora o los renders (croquis) no te dan la misma percepción, ni la sombra ni la sensación de verlo físicamente y esto ayuda al diseño, a que el cliente entienda lo que se le está vendiendo”, explica.
Pero más que una herramienta de ventas como son consideradas las más de las veces, en países como Estados Unidos las maquetas son obligatoriaspara el otorgamiento de permisos de construcción. “Allá, en muchas de las grandes ciudades tienen maquetas gigantes de la ciudad, del centro o de las zonas en desarrollo, y tú como proyectista tienes que hacer el edificio en escala e irlo a poner a esa maqueta. Ahí la dejas y la gente va y la revisa, los concejales la ven, y si no les gusta cómo se ve, pues no se hace”. Por si esto no fuera lo suficientemente útil, el proceso continúa con la elaboración de otra maqueta más grande, la de estudio, y posteriormente una más explícita, la de ventas. “Pero todo eso acá se lo brincan”, señala.
En su taller, donde laboran 15 personas sobre 580 metros cuadrados, se han hecho proyectos de todos los tamaños. La más grande, en volumen, ha sido la de la planta de Cervecería Corona de Fresnillo, Zacatecas, que mide cuatro por ocho metros y está en exhibición dentro del museo de la empresa. En tanto que respecto a superficie representada, Nápoles y su equipo han realizado la de Puerto Peñasco, Sonora, para el grupo hotelero Mayan. Con una escala de uno a 15 mil, la maqueta contuvo un área de 50 kilómetros desde la zona de playa hasta el pueblo dentro de tres metros cuadrados.
Es, sin lugar a dudas, la de la Torre Cube I en esta ciudad, de la arquitecta española Carme Pinós, la que merece para Nápoles una mención aparte por todo lo que ha significado para su taller. “Ella estaba en España mientras que aquí unos arquitectos coordinaban, pero cuando ya habíamos desarrollado casi toda la maqueta, llegó la gente de ella a rehacer las cosas, pero no porque estuvieran mal, sino porque entre ellos lo habían visto de otra manera”. Y luego de este contratiempo en la elaboración “la maqueta quedó muy bonita y la compró el MOMA de Nueva York, que la mantiene como parte de su colección privada y la trae viajando por el mundo”.
Y que no se para el edificio
Y sin menospreciar tamaños, la más pequeña ha sido para un edificio departamental en San José, California, que midió 3.8 por 3.8 centímetros “para montarla a la maqueta del Ayuntamiento de aquella ciudad”.
Si hacer un modelo a escala finalmente es hacer la obra pero en pequeño, Nápoles asevera que “son las mismas complicaciones, ya que pese a que ahora los arquitectos tienen muchos programas computacionales para ver los errores en el diseño, todavía hay quienes nos traen el proyecto y nos cuesta mucho trabajo hacerlo en maqueta porque esto es realmente hacerlo en chiquito”. Y en este proceso, existe la posibilidad de detectar fallas o imprevistos, o simple y sencillamente advertir “que no se para el edificio”, explica.
A todas luces lo que se necesita para poder realizar una buena maqueta es “un buen proyecto”, señala Nápoles, quien ha tenido también en sus manos las maquetas del Complejo JVC, Torrena, y recientemente varias de las instalaciones deportivas para los Juegos Panamericanos.
Ana Guerrerosantos
FRASE
"En este proceso, existe la posibilidad de detectar fallas o imprevistos, o simple y sencillamente advertir que no se para el edificio "
Juan Antonio Nápoles, arquitecto