Cultura
Documentan sucesos pre cinematográficos en México
El especialista José Antonio Rodríguez publica su libro 'El arte de las ilusiones', bajo el selló del INAH
CIUDAD DE MÉXICO.- Un proyecto inédito no sólo en México, sino en Latinoamérica, es el que realizó el investigador José Antonio Rodríguez: abordar los distintos mecanismos pre cinematográficos que ocurrieron en el país.
Es decir, conocer y documentar los distintos mecanismos ópticos que antecedieron la llegada del cinematográfico de los hermanos Lumiére a México, y que tras 10 años de estudio dio como resultado la publicación del libro 'El arte de las ilusiones'.
Así, por ejemplo, la publicación del investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia ( INAH) desmitifica la idea que se tiene sobre la consternación en que cayeron los primeros espectadores mexicanos de las vistas que llegaron de los hermanos Lumiére.
Esto queda superado, explicó en un comunicado el INAH, con la documentación que hizo el especialista de las proyecciones de fantasmagoría, previas a dicho invento que antecedió al séptimo arte.
Estos y otros mecanismos ópticos, explicó el experto, 'fueron los padres que dieron a luz al cine', su preludio y sustento, y que, a falta de un neologismo adecuado y consensuado, se engloban bajo el concepto de precinematografía.
Refirió que para muchos la precinematografía no es cinematografía, en todo caso magia, proyecciones o ilusiones, y 'afortunadamente esa falta de interés me permitió durante 10 años investigar y construir esta historia que no se había escrito en México', misma que ahora aparece bajo el sello del INAH y como parte de la serie Testimonios del Archivo.
La indagación que realizó Rodríguez, especialista en fotografía, le permitió comentar que a principios del siglo XIX se tiene documentado que los espectadores de la fantasmagoría llegaron a espantarse ante lo que creían era un ser sobrenatural.
Refirió que hacia 1896 se habló de los brincos que dieron quienes vieron la primera proyección de los Lumiére, 'La llegada del tren a la ciudad', pero 'yo no encontré un dato fidedigno en torno a eso. Si nuestros tatarabuelos ya veían imágenes en movimiento, agigantadas, acompañadas con música, ¿cómo es que se espantaron? Para mí se trata de un mito', consideró.
Según los estudios del también editor de la revista 'Alquimia', órgano de difusión del Sistema Nacional de Fototecas del INAH, todos estos espectáculos llegaron a México poco tiempo después de su invención.
Principalmente de manos de aventureros europeos conocedores de estos artilugios: linterna mágica, fantasmagoría, panorama, cosmorama, diorama y muchos otros, precisó.
'Cuando en 1799 Etienne-Gaspard Robertson hacía fantasmagoría, para 1806 Andrew Oehler, de origen germano-americano, conocedor de estos artificios, llegó a México. Entonces son mecanismos que llegaron de manera muy rápida a nuestro territorio', ejemplificó.
Sin embargo, añadió, este personaje no consiguió su objetivo en México de subyugar con su arte a unos 'iletrados e incultos', por sus 'visiones horrendas' fue juzgado por la Santa Inquisición y a casi sucumbir dentro de un calabozo, donde permaneció medio año.
Por fortuna, destacó, Oehler fue absuelto y ésta y otras experiencias las plasmó más tarde, en 1811, en sus memorias.
Fue el pionero del arribo a México de 'una cantidad enorme de linternistas, que lo mismo eran viajeros que querían ganar dinero con el espectáculo, que charlatanes o científicos.
'Otro caso interesante fue el de José Castelli, quien también comenzó a ser visto como hechicero, salvo que, contrario a su predecesor, Oehler, a su defensa salió el periodista Joaquín Fernández de Lizardi', indicó Rodríguez.
El también autor de 'Edward Weston, la mirada de la ruptura' y 'Agustín Jiménez: memorias de la vanguardia' consideró que su más reciente libro 'narra muchos procesos a la vez.
Trata el devenir más remoto de la animación, por ejemplo, el uso de los dibujos pintados en secuencia; pero también se inserta dentro de la historia de la tecnología que comprende a la física y a la óptica debido a que se requerían de lentes para llevar a cabo proyecciones redimensionadas'.
Comentó que el arte de las ilusiones en México puede remontarse, incluso, al siglo XVII, y mencionó que Sor Juana Inés de la Cruz era una conocedora de la obra del jesuita Atanasio Kircher, inventor del aparato óptico denominado como linterna mágica.
Refirió que en el par de retratos que se tienen de la 'Décima musa' puede verse que este autor formaba parte de su biblioteca.
Además, 'en la poesía de Sor Juana, específicamente en `Primero sueño´, uno puede inferir que ella conocía los recursos que daban lugar a la linterna mágica y la circunstancia dialéctica entre el espectador y el espacio en penumbras, al escribir:
'Así linterna mágica, pintadas/ representa fingidas/ en la pared blanca varias figuras,/ de la sombra no menos ayudadas/ que de la luz', concluyó el además maestro en Historia del Arte.
Es decir, conocer y documentar los distintos mecanismos ópticos que antecedieron la llegada del cinematográfico de los hermanos Lumiére a México, y que tras 10 años de estudio dio como resultado la publicación del libro 'El arte de las ilusiones'.
Así, por ejemplo, la publicación del investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia ( INAH) desmitifica la idea que se tiene sobre la consternación en que cayeron los primeros espectadores mexicanos de las vistas que llegaron de los hermanos Lumiére.
Esto queda superado, explicó en un comunicado el INAH, con la documentación que hizo el especialista de las proyecciones de fantasmagoría, previas a dicho invento que antecedió al séptimo arte.
Estos y otros mecanismos ópticos, explicó el experto, 'fueron los padres que dieron a luz al cine', su preludio y sustento, y que, a falta de un neologismo adecuado y consensuado, se engloban bajo el concepto de precinematografía.
Refirió que para muchos la precinematografía no es cinematografía, en todo caso magia, proyecciones o ilusiones, y 'afortunadamente esa falta de interés me permitió durante 10 años investigar y construir esta historia que no se había escrito en México', misma que ahora aparece bajo el sello del INAH y como parte de la serie Testimonios del Archivo.
La indagación que realizó Rodríguez, especialista en fotografía, le permitió comentar que a principios del siglo XIX se tiene documentado que los espectadores de la fantasmagoría llegaron a espantarse ante lo que creían era un ser sobrenatural.
Refirió que hacia 1896 se habló de los brincos que dieron quienes vieron la primera proyección de los Lumiére, 'La llegada del tren a la ciudad', pero 'yo no encontré un dato fidedigno en torno a eso. Si nuestros tatarabuelos ya veían imágenes en movimiento, agigantadas, acompañadas con música, ¿cómo es que se espantaron? Para mí se trata de un mito', consideró.
Según los estudios del también editor de la revista 'Alquimia', órgano de difusión del Sistema Nacional de Fototecas del INAH, todos estos espectáculos llegaron a México poco tiempo después de su invención.
Principalmente de manos de aventureros europeos conocedores de estos artilugios: linterna mágica, fantasmagoría, panorama, cosmorama, diorama y muchos otros, precisó.
'Cuando en 1799 Etienne-Gaspard Robertson hacía fantasmagoría, para 1806 Andrew Oehler, de origen germano-americano, conocedor de estos artificios, llegó a México. Entonces son mecanismos que llegaron de manera muy rápida a nuestro territorio', ejemplificó.
Sin embargo, añadió, este personaje no consiguió su objetivo en México de subyugar con su arte a unos 'iletrados e incultos', por sus 'visiones horrendas' fue juzgado por la Santa Inquisición y a casi sucumbir dentro de un calabozo, donde permaneció medio año.
Por fortuna, destacó, Oehler fue absuelto y ésta y otras experiencias las plasmó más tarde, en 1811, en sus memorias.
Fue el pionero del arribo a México de 'una cantidad enorme de linternistas, que lo mismo eran viajeros que querían ganar dinero con el espectáculo, que charlatanes o científicos.
'Otro caso interesante fue el de José Castelli, quien también comenzó a ser visto como hechicero, salvo que, contrario a su predecesor, Oehler, a su defensa salió el periodista Joaquín Fernández de Lizardi', indicó Rodríguez.
El también autor de 'Edward Weston, la mirada de la ruptura' y 'Agustín Jiménez: memorias de la vanguardia' consideró que su más reciente libro 'narra muchos procesos a la vez.
Trata el devenir más remoto de la animación, por ejemplo, el uso de los dibujos pintados en secuencia; pero también se inserta dentro de la historia de la tecnología que comprende a la física y a la óptica debido a que se requerían de lentes para llevar a cabo proyecciones redimensionadas'.
Comentó que el arte de las ilusiones en México puede remontarse, incluso, al siglo XVII, y mencionó que Sor Juana Inés de la Cruz era una conocedora de la obra del jesuita Atanasio Kircher, inventor del aparato óptico denominado como linterna mágica.
Refirió que en el par de retratos que se tienen de la 'Décima musa' puede verse que este autor formaba parte de su biblioteca.
Además, 'en la poesía de Sor Juana, específicamente en `Primero sueño´, uno puede inferir que ella conocía los recursos que daban lugar a la linterna mágica y la circunstancia dialéctica entre el espectador y el espacio en penumbras, al escribir:
'Así linterna mágica, pintadas/ representa fingidas/ en la pared blanca varias figuras,/ de la sombra no menos ayudadas/ que de la luz', concluyó el además maestro en Historia del Arte.