Cultura

Disertan especialistas sobre piedra de sacrificios del Templo Mayor

''Contextos rituales frente al Templo Mayor. Ofrendas de consagración y clausura''

CIUDAD DE MÉXICO (25/FEB/2013).- En el marco del 35 aniversario del hallazgo del monolito de la diosa Coyolxauqui, las arqueólogas Estíbaliz Aguayo y Berenice Jiménez impartieron una conferencia magistral en relación a una piedra de sacrificios descubierta hace unos meses.

En la ponencia denominada "Contextos rituales frente al Templo Mayor. Ofrendas de consagración y clausura", impartida en las instalaciones del Museo del Templo Mayor, las especialistas detallaron algunas hipótesis en relación a la función del uso de esta roca de más de 500 años, así como del lugar en el que fue descubierta.

De acuerdo con las arqueólogas, este tipo de piedras prehispánicas eran utilizadas para sacrificios humanos, de acuerdo con un comunicado emitido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

"Se colocaba a una persona de espalda sobre ella, con dirección de oriente a poniente, y una vez recargada, era sacrificada abriéndole la caja torácica, para sacar el corazón", revelaron.

Aguayo y Jiménez también explicaron que esta piedra o "techcatl" fue descubierta durante las labores realizadas dentro del Programa de Arqueología Urbana (PAU) en el Templo Mayor, junto a un muro, lejos de donde normalmente se llevaban a cabo las inmolaciones.

Las especialistas señalaron que en comparación con otra piedra destinada para la misma actividad, descubierta entre 1978 y 1982, existe una diferencia en relación a la encontrada recientemente, puesto que las "espigas" (bases) de ambas tienen espesores distintos.

"La espiga de la primera mide 55 centímetros y está enterrada en un piso prehispánico, lo que le daba firmeza al efectuar el sacrificio, mientras que la base de la recién hallada solo posee 12 centímetros, lo que indica que su base se rompió al ser removida de su lugar original, y con ello perdió su función", manifestó Aguayo.

Ambas arqueólogas, pertenecientes al PAU, señalaron que la pieza en cuestión se relaciona con cinco cráneos "tzompantli" localizados debajo de ella, "como parte de una compleja ceremonia que incluyó sacrificios humanos, la colocación de tales cráneos en uno de los siete `tzompantli´ que existían en Tenochtitlán, según fray Bernardino de Sahagún".

En relación al proceso de sacrificio, Aguayo explicó que después de darles muerte, los cuerpos eran desollados y descarnados para hacer uso de sus huesos; "en este caso, los cráneos descubiertos fueron sometidos a cortes en los parietales para colocarlos en el `tzomplantli´, luego fueron expuestos al sol para quitar los restos y después eran enterrados".

Por su parte, la antropóloga española María García Velasco mencionó durante la conferencia, que a partir de los estudios morfológicos y de desgaste dentario realizados en los restos encontrados, dos de ellos pertenecen a hombres de no más de 30 años y los restantes, a mujeres de entre 18 y 25.

"Se localizaron huellas de raspado en la parte frontal de los cráneos, consecuencia del acto de desollar; así mismo, de acuerdo con la coloración y textura del hueso, se puede saber que fueron expuestos al calor para desprender la carne que les quedara", abundó García Velasco.

Para finalizar la conferencia, la antropóloga física Perla Ruiz y la arqueóloga Rocío Morales se manifestaron en relación a un entierro descubierto en mayo pasado, el cual está conformado por mil 789 huesos humanos, un esqueleto articulado y una pequeña olla de barro.

Ruiz señaló que dentro de los huesos se identificaron 10 cráneos con deformaciones, y otros tantos corresponden a extremidades. "En algunos de los huesos se encontraron evidencias de desnutrición y tuberculosis, así como periostitis y patologías", apuntó.

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