Cultura

Despiden a Zeferino Nandayapa

Virtuoso de la marimba recibe homenaje póstumo en Chiapas

CIUDAD DE MÉXICO (30/DIC/2010).- Anoche, el maestro Zeferino Nandayapa –fallecido el pasado miércoles a los 79 años de edad- recibió un homenaje póstumo en el Parque de la Marimba, de Tuxtla Gutiérrez, sitio por demás emblemático, a donde regresó, tras ser el centro de una ceremonia religiosa en la capital del país.

El traslado de Zeferino Nandayapa a su Entidad natal se llevó a cabo luego de que fuera velado en la sala 301 del panteón privado Jardines del
Recuerdo en el municipio mexiquense de Tlalnepantla, al Norte de la Ciudad de México, donde recibió a poco más de medio centenar de personas, entre los que se encontraban amigos y familiares cercanos. No hubo funcionarios culturales ni políticos en la despedida al maestro, virtuoso de la marimba y embajador musical del país.

Durante los primeros minutos de ayer llegaron a la capilla arreglos florales, entre ellos, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y de la representación del Gobierno del Estado de Chiapas en el Distrito Federal. 

Su hijo menor, Javier Nandayapa recordó que su padre, don Zeferino, siempre tuvo entre sus más caros deseos morir siendo un músico activo. “Le provocaba miedo pensar que, estando vivo ya no pudiera tocar su marimba”.

Añadió que este año fue de gran actividad y muchos conciertos dentro y fuera del país para su padre. “Este 2010 fue bien acogido en Estados Unidos por sus colegas ejecutantes de marimba de todo el mundo”.

Con una pátina de emoción y tristeza en su voz, Javier apuntó que “su sueño se hizo realidad. Su última presentación pública fue en el Teatro de la Ciudad de Tuxtla Gutiérrez, el 28 de noviembre, en el X Festival Internacional de la Marimba, y luego tuvo tres actuaciones privadas”. 

Por su parte, Blanca Luz Velasco, pareja de toda la vida de Nandayapa, lloró a su bien amado esposo. Acurrucada en un sillón de la sala de velación, sólo levantaba la cara para saludar o despedir a la gente. Oscar, Norberto, Mario y Javier, sus hijos, apenas podían atender a quienes les obsequiaban besos, abrazos y consuelo.

Al pie del ataúd fue colocada una réplica en miniatura de la marimba que lo acompañó toda su vida. Era una marimba real, a escala perfecta y con sonido profesional. Don Zeferino vivió siempre por y para la marimba, así lo enseñó a sus hijos y nietos, quienes expresaron que “en el mundo, decir hoy marimba es decir Nandayapa”. 

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