Cultura
''Decencia'' refleja el universo histórico-social de siglo XX mexicano
En la novela, Alvaro Enrigue propone un encuentro con el pasado y el devenir forjado que toma cause a lo largo del siglo XX
CIUDAD DE MÉXICO (15/MAY/2011).- Un encuentro con el pasado y el devenir forjado, que toma cause a lo largo del siglo XX, es la propuesta de Alvaro Enrigue en su novela 'Decencia' (2011), en la cual plantea la topografía del tiempo con todos sus pliegues, sus vueltas y sus valles.
Se trata de una historia que da cuenta de un amor frustrado, entre un personaje que de niño le tocó ver la revolución, en su presente es empresario y en su futuro será narcotraficante.
En medio de esta historia, las piezas que explican al uno y al otro están acompañadas del primer cigarro, la primera función del cinematógrafo, el primer muerto, los ojos asemillados de la "Flaca Osorio", el arcángel "Cisniegas", compadre y asesino de revolucionarios; contexto que celebra y parodia las ambiciones de totalidad de la narrativa latinoamericana.
En la trama, dos aspirantes a combatientes clandestinos hacen estallar una bomba en el consulado de Estados Unidos en Guadalajara; durante su trabajoso escape se encontrarán el pasado que los puso donde están, pero también el futuro que los espera, gane o pierda su causa.
Simultáneamente estos guerrilleros, para quienes la revolución viene importada de Cuba, secuestran a un empresario en los años 70, hombre durante cuya infancia estalla la Revolución mexicana. El viejo recuerda al niño que fue y el niño al viejo que será.
Al llegar a la casa de seguridad sucede algo inesperado, que obliga a todos a buscar un nuevo acuerdo. De ese pacto nace un cártel de la droga y de ese modo Enrigue traza una misma línea de violencia y corrupción, desde la Revolución hasta la actualidad.
Así, esta novela somete al tiempo a la lógica plástica y flexible del lenguaje, colmando sus páginas de historia, fechas, nombres y acontecimientos nacionales; partiendo de la Revolución Mexicana hasta la llegada del narcotráfico con el cártel de Guadalajara.
Anécdotas que dejen abierta la posibilidad para que sus lectores determinen si el futuro puede modificar el pasado y si todos pueden recordar el futuro.
De acuerdo con Juan Ignacio Boido, Enrigues está profundamente consciente de la literatura hispanoamericana y, bajo la gracia literaria de Borges, pero sin la solemnidad de sus imitadores, escribe con la precisión miniaturista de Vila-Matas, el lirismo seco y salvaje de Bolaño y, latiendo acá y allá, está siempre el corazón de Bryce Echenique.
Se trata de una historia que da cuenta de un amor frustrado, entre un personaje que de niño le tocó ver la revolución, en su presente es empresario y en su futuro será narcotraficante.
En medio de esta historia, las piezas que explican al uno y al otro están acompañadas del primer cigarro, la primera función del cinematógrafo, el primer muerto, los ojos asemillados de la "Flaca Osorio", el arcángel "Cisniegas", compadre y asesino de revolucionarios; contexto que celebra y parodia las ambiciones de totalidad de la narrativa latinoamericana.
En la trama, dos aspirantes a combatientes clandestinos hacen estallar una bomba en el consulado de Estados Unidos en Guadalajara; durante su trabajoso escape se encontrarán el pasado que los puso donde están, pero también el futuro que los espera, gane o pierda su causa.
Simultáneamente estos guerrilleros, para quienes la revolución viene importada de Cuba, secuestran a un empresario en los años 70, hombre durante cuya infancia estalla la Revolución mexicana. El viejo recuerda al niño que fue y el niño al viejo que será.
Al llegar a la casa de seguridad sucede algo inesperado, que obliga a todos a buscar un nuevo acuerdo. De ese pacto nace un cártel de la droga y de ese modo Enrigue traza una misma línea de violencia y corrupción, desde la Revolución hasta la actualidad.
Así, esta novela somete al tiempo a la lógica plástica y flexible del lenguaje, colmando sus páginas de historia, fechas, nombres y acontecimientos nacionales; partiendo de la Revolución Mexicana hasta la llegada del narcotráfico con el cártel de Guadalajara.
Anécdotas que dejen abierta la posibilidad para que sus lectores determinen si el futuro puede modificar el pasado y si todos pueden recordar el futuro.
De acuerdo con Juan Ignacio Boido, Enrigues está profundamente consciente de la literatura hispanoamericana y, bajo la gracia literaria de Borges, pero sin la solemnidad de sus imitadores, escribe con la precisión miniaturista de Vila-Matas, el lirismo seco y salvaje de Bolaño y, latiendo acá y allá, está siempre el corazón de Bryce Echenique.