Cultura
Creadora de confort: Marta Lozano
Después de haber cursado la maestría en el MIT, se le abrieron los caminos en Estados Unidos, donde se ha especializado en el diseño de ranchos, en Texas
GUADALAJARA, JALISCO (03/SEP/2011).- Destacar como mujer dentro del ámbito de la arquitectura local, nacional y, por supuesto, internacional, tiene ese otro grado de dificultad, el propio del género femenino dentro de un medio masculinizado. Son pocas las profesionistas de esta disciplina que han logrado brillar por sí mismas. La lista es pequeña y apenas se pueden mencionar figuras como la angloiraquí Zaha Hadid (1950), ganadora del Premio Pritzker en 2004; o bien a la española Carme Pinós (1954), triunfadora allende su tierra y, por cierto, con dos proyectos en Guadalajara.
Dentro de esta corta lista de arquitectas, Marta Lozano ocupa un prestigiado lugar en dicho ámbito. Nacida en Torreón, Coahuila, pero formada en Guadalajara y egresada de la Escuela de Arquitectura del ITESO en 1974. Mejor conocida en los Estados Unidos –donde su ubica el grueso de su cartera de clientes-, Marta proyecta, supervisa obra y se encarga del diseño de interiores para ranchos y casas ubicadas en el Estado de Texas, pero también lo hace en diversas playas mexicanas y, por supuesto, en Guadalajara.
Los viajes y el taller en Guadalajara
Si bien cierta cuota de su éxito se debe a la maestría cursada en la prestigiada universidad MIT (Massachusetts Institute of Technology), de la cual salió en 1979, otra parte de significativa trascendencia ha sido la serie de viajes que realizó consecutivamente durante ocho años posteriores a ello. Acompañando a su entonces esposo, Marta vivió temporadas y visitó países de diversos continentes como República Dominicana, Egipto, Alemania, Birmania, Kenia y Tailandia en la década de los ochenta. “Esa es una parte muy importante para el arquitecto, conocer y ver, porque la arquitectura no es nada más lo que ves sino el cúmulo de sensaciones cuando tú transitas en un espacio. Es todo lo que te va llegando para adquirir la sensibilidad que te empieza a circular por la sangre”, sostiene.
Es en 1992 cuando ella establece su propio taller en Guadalajara y para su sorpresa es el mercado extranjero el que la llama. “Como que ellos supieron apreciar mi parte bicultural –Marta tiene, además de la mexicana, la nacionalidad estadounidense por ser hija de norteamericanos-. Entonces lo primero que empecé a hacer fueron ranchos en Texas”.
Especialista en ranchos texanos
A la fecha ha realizado nueve haciendas en dicha entidad y sería mentira negar su satisfacción: “Ha sido muy padre porque yo toda la vida he soñado con tener un rancho, de chica los dibujaba y después, hacérseme realidad y hacer ranchos de mil 500 a tres mil metros cuadrados con toda la estructura de almacén, taller, bodegas, casa, y poderlos integrar conforme al contexto de Texas que tiene unas características muy ricas por lo del petróleo, pero una vegetación muy limitada por su planicie, se ha traducido en sacar toda la parte positiva de eso en espacios en los que la gente está feliz”.
Así, entre la elaboración de un proyecto y otro, hacia finales de la década de los noventa fue recomendada por uno de sus clientes como consultora para la Universidad de Texas. Habiéndose hecho de un equipo de arquitectos tapatíos, Marta dejó su indiscutible impronta en los campus de Brownsville y San Antonio.
“Hicimos un análisis de los elementos arquitectónicos porque el de Brownsville es un campus histórico donde está el Fort Brown (fuerte militar del 1845), con una arquitectura muy básica, austera pero muy bonita, entonces había que darle continuidad. Y fue súper interesante trabajar con los equipos de arquitectos tejanos porque nosotros éramos consultores en diseño y ellos abrieron las puertas a nuestro lenguaje arquitectónico en relación a las características coloniales de esa zona y de esa época”.
La playa
San Antonio vino después. Marta y su equipo fueron contratados una vez más para “hacer el programa general y delimitar los criterios a seguir para que los futuros arquitectos fueran introduciendo sus nuevos edificios”. Planos, fachadas, lenguajes arquitectónicos y demás elementos fueron desarrollados de 1998 hasta concluir trabajos en 2003.
De entonces a la fecha, la arquitecta ha realizado una veintena de casas de playa, en su mayoría “para extranjeros”, tanto en Bahía de Banderas como en Cabo San Lucas. “En todos estos proyectos he trabajado, como dicen los americanos ‘llave en mano’, muy contenta”, dice. En tanto, en la Zona Metropolitana de Guadalajara también hay proyectos de su autoría y uno de los más recientes se encuentra en el fraccionamiento Santa Sofía.
Abierta y declaradamente feliz por ser arquitecta, Marta sostiene que “lo más importante, independientemente si eres hombre o mujer, es tener una pasión por lo que haces”. Sin embargo, reconoce que “la arquitectura no nada más es una profesión, es una manera de vivir” porque se debe aplicar el conocimiento para ayudar a los demás. Para esta profesional, la arquitectura “ayuda a la gente psicológicamente a salir adelante al tener una sensación de confort”. Aclara entonces que no se trata de cuestiones económicas ya que el bienestar debe estar tanto en una casa de interés social como en cualquier otra.
''La arquitectura no nada más es una profesión, es una manera de vivir. Ayuda a la gente a salir adelante al tener una sensación de comodidad.''
"Esa es una parte muy importante para el arquitecto, conocer y ver, las sensaciones cuando transitas en un espacio."
Martha Lozano, Arquitecta
Dentro de esta corta lista de arquitectas, Marta Lozano ocupa un prestigiado lugar en dicho ámbito. Nacida en Torreón, Coahuila, pero formada en Guadalajara y egresada de la Escuela de Arquitectura del ITESO en 1974. Mejor conocida en los Estados Unidos –donde su ubica el grueso de su cartera de clientes-, Marta proyecta, supervisa obra y se encarga del diseño de interiores para ranchos y casas ubicadas en el Estado de Texas, pero también lo hace en diversas playas mexicanas y, por supuesto, en Guadalajara.
Los viajes y el taller en Guadalajara
Si bien cierta cuota de su éxito se debe a la maestría cursada en la prestigiada universidad MIT (Massachusetts Institute of Technology), de la cual salió en 1979, otra parte de significativa trascendencia ha sido la serie de viajes que realizó consecutivamente durante ocho años posteriores a ello. Acompañando a su entonces esposo, Marta vivió temporadas y visitó países de diversos continentes como República Dominicana, Egipto, Alemania, Birmania, Kenia y Tailandia en la década de los ochenta. “Esa es una parte muy importante para el arquitecto, conocer y ver, porque la arquitectura no es nada más lo que ves sino el cúmulo de sensaciones cuando tú transitas en un espacio. Es todo lo que te va llegando para adquirir la sensibilidad que te empieza a circular por la sangre”, sostiene.
Es en 1992 cuando ella establece su propio taller en Guadalajara y para su sorpresa es el mercado extranjero el que la llama. “Como que ellos supieron apreciar mi parte bicultural –Marta tiene, además de la mexicana, la nacionalidad estadounidense por ser hija de norteamericanos-. Entonces lo primero que empecé a hacer fueron ranchos en Texas”.
Especialista en ranchos texanos
A la fecha ha realizado nueve haciendas en dicha entidad y sería mentira negar su satisfacción: “Ha sido muy padre porque yo toda la vida he soñado con tener un rancho, de chica los dibujaba y después, hacérseme realidad y hacer ranchos de mil 500 a tres mil metros cuadrados con toda la estructura de almacén, taller, bodegas, casa, y poderlos integrar conforme al contexto de Texas que tiene unas características muy ricas por lo del petróleo, pero una vegetación muy limitada por su planicie, se ha traducido en sacar toda la parte positiva de eso en espacios en los que la gente está feliz”.
Así, entre la elaboración de un proyecto y otro, hacia finales de la década de los noventa fue recomendada por uno de sus clientes como consultora para la Universidad de Texas. Habiéndose hecho de un equipo de arquitectos tapatíos, Marta dejó su indiscutible impronta en los campus de Brownsville y San Antonio.
“Hicimos un análisis de los elementos arquitectónicos porque el de Brownsville es un campus histórico donde está el Fort Brown (fuerte militar del 1845), con una arquitectura muy básica, austera pero muy bonita, entonces había que darle continuidad. Y fue súper interesante trabajar con los equipos de arquitectos tejanos porque nosotros éramos consultores en diseño y ellos abrieron las puertas a nuestro lenguaje arquitectónico en relación a las características coloniales de esa zona y de esa época”.
La playa
San Antonio vino después. Marta y su equipo fueron contratados una vez más para “hacer el programa general y delimitar los criterios a seguir para que los futuros arquitectos fueran introduciendo sus nuevos edificios”. Planos, fachadas, lenguajes arquitectónicos y demás elementos fueron desarrollados de 1998 hasta concluir trabajos en 2003.
De entonces a la fecha, la arquitecta ha realizado una veintena de casas de playa, en su mayoría “para extranjeros”, tanto en Bahía de Banderas como en Cabo San Lucas. “En todos estos proyectos he trabajado, como dicen los americanos ‘llave en mano’, muy contenta”, dice. En tanto, en la Zona Metropolitana de Guadalajara también hay proyectos de su autoría y uno de los más recientes se encuentra en el fraccionamiento Santa Sofía.
Abierta y declaradamente feliz por ser arquitecta, Marta sostiene que “lo más importante, independientemente si eres hombre o mujer, es tener una pasión por lo que haces”. Sin embargo, reconoce que “la arquitectura no nada más es una profesión, es una manera de vivir” porque se debe aplicar el conocimiento para ayudar a los demás. Para esta profesional, la arquitectura “ayuda a la gente psicológicamente a salir adelante al tener una sensación de confort”. Aclara entonces que no se trata de cuestiones económicas ya que el bienestar debe estar tanto en una casa de interés social como en cualquier otra.
''La arquitectura no nada más es una profesión, es una manera de vivir. Ayuda a la gente a salir adelante al tener una sensación de comodidad.''
"Esa es una parte muy importante para el arquitecto, conocer y ver, las sensaciones cuando transitas en un espacio."
Martha Lozano, Arquitecta