Cultura

Beijing releva al director de la Ciudad Prohibida tras un año de escándalos

Todo comenzó el 9 de mayo del año pasado, cuando se produjo el robo de nueve objetos del museo (cajas de oro y plata cubiertas de piedras preciosas), planteando dudas sobre la seguridad del recinto

BEIJING, CHINA (12/ENE/2012).-  El museo de la Ciudad Prohibida de Pekín, el más importante de China, anunció hoy el relevo de su dirección, tras un año de escándalos que han golpeado gravemente el prestigio del antiguo palacio imperial, uno de los bienes del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Según anunció el museo a través de un comunicado en su web oficial, Zheng Xinmiao, quien dirigía el museo desde 2002, será sustituido en el puesto por Shan Jixiang, de 57 años, ex director de la Administración Estatal de Patrimonio Cultural.

Zheng, de 64 años, estaba llamado a seguir al frente del palacio-museo hasta octubre de este año, fecha en la que alcanzará la edad de jubilación, pero su retirada se ha adelantado unos meses, algo que la misma prensa oficial china ve como una consecuencia de los problemas protagonizados por la institución en 2011.

Todo comenzó el 9 de mayo del año pasado, cuando se produjo el robo de nueve objetos del museo (cajas de oro y plata cubiertas de piedras preciosas), planteando dudas sobre la seguridad del recinto.

Se trataba del primer latrocinio sufrido por el antiguo palacio imperial en 24 años, un tiempo durante el cual los responsables del museo se jactaron de que el lugar era impenetrable, un "búnker".

Después, en el mes de agosto, un investigador rompió accidentalmente una pieza de porcelana de mil años de antigüedad de la colección del museo, y al conocerse ese caso se reveló que, con anterioridad, se habían dañado otros cuatro objetos de manera similar y había intentado ocultar.

Así, las críticas al museo afloraron por todas partes, también en asuntos ajenos a las colecciones: por ejemplo, al denunciarse la existencia de un secreto "club de millonarios" dentro del recinto que tampoco gustó a los pequineses de a pie, quienes ven el lugar como un sitio casi sagrado.

La prensa oficialista llegó a asegurar que todos estos casos "ponían en peligro el prestigio y la historia de China", al estar dirigidas contra el centro cultural de Pekín, y por ende de todo el país.

Y ello, en un momento en el que el museo quiere ganar en fama nacional e internacional para lograr el gran sueño que alberga desde hace décadas: lograr que la colección de arte de los emperadores chinos regrese a la Ciudad Prohibida, tras 60 años de exilio en Taiwán.

La colección, de más de 677 mil objetos y seguramente la mayor y más valiosa del mundo en lo que a arte se refiere, fue trasladada a Taiwán en 1948 por el entonces Gobierno chino del Partido Nacionalista Kuomintang, con la idea de protegerlo de la guerra civil con el Partido Comunista de Mao Zedong.

Tras la victoria de éste, la colección se quedó en Taipei, por lo que actualmente existen dos instituciones con el mismo nombre "Museo del Palacio", una en la capital taiwanesa y otra en Pekín, un reflejo del peculiar conflicto a ambos lados del Estrecho de Formosa.

Pese a los escándalos de 2011 los dos museos han mantenido contactos el pasado año e incluso se han prestado objetos para muestras temporales, pero la meta china de unificarlos y devolver toda la colección a Pekín sigue lejana, ya que el museo en el ala norte de la Plaza de Tiananmen sigue demostrando que no está preparado para garantizar su seguridad.

El reto de cambiar el prestigio del museo pasa ahora a manos de Shan Jixiang, a quien los expertos ven como un buen recambio, ya que en su etapa como responsable de planificación urbana de Pekín, entre 2000 y 2002, puso en práctica un plan de protección del casco histórico que frenó, aunque no del todo, las demoliciones en el centro de la antigua capital imperial.

La Ciudad Prohibida, que sirvió de residencia a los emperadores de las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911), fue durante medio milenio el centro político y cultural de China, y tras sobrevivir guerras civiles y la Revolución Cultural en el siglo XX se ha convertido en uno de los lugares más turísticos de Beijing.

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