Cultura

Afirman que Centroamérica experimenta un “reciclamiento de la violencia”

Durante la presentación de su nueva novela en México el literato tomó el tema de la violencia que se vive en Centroamerica

CIUDAD DE MÉXICO (16/ABR/2011).- Los países de Centroamérica enfrentan "un reciclamiento de la violencia", que dejó de ser política y estar alimentada por el terror y devino en un fenómeno que es como "una pinche lepra" que "no se te va del brazo", explicó hoy el escritor Horacio Castellanos Moya.

"La violencia política dejó de existir y fueron sociedades, sobre todo la salvadoreña, que padeció una enorme violencia política y la recicló en violencia criminal", sostuvo el autor de la novela "La sirvienta y el luchador" (Tusquets, 2011), ambientada precisamente en los prolegómenos de la guerra civil salvadoreña.

Esta semana Castellanos Moya (Tegucigalpa, 1957) habló de la realidad de centroamericana al presentar su novela en México, la última entrega de una historia familiar.

"Son sociedades que permanentemente mantienen a un sector marginado de juventud al que solo le dejan la opción de la violencia, absolutamente fuera de todos los circuitos de la sociedad", señaló.

"Ahí están las maras, no es gratuito, y la cantidad de 'maras' que hay en El Salvador es casi el mismo número que había en el ejército guerrillero. Es decir, dos generaciones después es el mismo fenómeno sin ideología y sin política, no se puede incorporar a esa población al cuerpo normal de la sociedad", lamenta el escritor.

El autor, quien vive en Pittsburg (Pensylvannia, EU), cree que el presente centroamericano es resultado de negligencias y omisiones inveteradas.

"Sucede porque las elites no han hecho lo que tenían que hacer, sus tareas, las han hecho mal. Se dedicaron sólo a lo político, no han puesto ningún énfasis en lo social y, evidentemente, si hay una enorme marginación social habrá violencia social, sobre todo si se viene de una guerra civil o conflictos armados largos, como en Guatemala", sostiene.

Nacido en Honduras pero criado en El Salvador, país que abandonó en su adolescencia, cuando comenzaba la guerra civil, sitúa su novela en aquel momento, febrero de 1980.

El libro relata la historia de una desaparición y la petición de ayuda para encontrarlos que hace María Elena, la criada de la familia de los desaparecidos, a un antiguo amigo policía, El Vikingo, un exluchador profesional.

"Es el momento de la gran implosión en El Salvador, cuando las dos fuerzas políticas esenciales que venían acumulando fuerza para enfrentarse, la derecha y el Ejército, y la izquierda armada y el movimiento de masas, revientan y comienza la carnicería", explica.

Toda la historia sucede antes del asesinato del arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero (1917-1980).

"Es muy importante que (Romero) esté vivo en la novela para darle fuerza al personaje femenino", Maria Elena, la sirvienta, quien representa "la esperanza" y sostiene valores como la solidaridad, la bondad y la creencia en el otro.

"Si yo hubiera situado esa novela un mes después, con monseñor muerto, en la novela no hubiera habido contrapesos, todo hubiera sido 'dark', oscuro, devastador, no hubiera habido ni una luz", explica.

"Yo salí exactamente de El Salvador cuando la novela sucede. Y esos últimos recuerdos míos de ese San Salvador de enero, febrero, marzo, siempre me habían venido persiguiendo, sobre todo el recuerdo del terror", el gran protagonista de aquel momento, asegura.

"Siempre quise escribir una novela donde pudiera más o menos retratar, recrear, ese clima, uno que es el de San Salvador en 1980, o de Ciudad Juárez el año pasado, o de Bagdad en 2004, hay muchos lugares, quizás probablemente ahora debe ser Libia, Kabul, también", explica.

Castellanos Moya compara ese terror con "una gran nube negra y un demonio se ponen sobre la ciudad" para desatar fuerzas oscuras.

El libro es una especie de "exorcismo" de entonces, admite, con el que se ha sacado unas emociones y recuerdos que le carcomían.

Con diez novelas a cuestas, ambientadas en México y Centroamérica, Castellanos Moya se sacude la etiqueta de cronista de la región.

"Yo no asumo compromisos. A mí me salen las novelas porque me gusta escribir porque me gusta escribir y porque tengo una gran necesidad de expresarme y contar cosas. Si lo que escribo juega ese papel, es otra cosa", indica.

"Es un territorio que me marca. Hasta ahora, pese a que he vivido en varios lugares y continentes, sigo escribiendo sobre eso", concluye.

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