Cultura
Adrián Guerrero Santos lleva su arte a Corea del Sur
El artista es el único mexicano que participa en la Bienal de Cerámica de ese país. Su pieza se llama ''Soportes''
GUADALAJARA, JALISCO (16/AGO/2011).- Una cena con los amigos, donde el platillo era pizza fue el punto de quiebre de la inspiración para crear la obra que se lleva a la Bienal Internacional de Cerámica de Corea del Sur. Un soporte de plástico de tres pies provocó la luz. Son los insondables caminos del arte. Adrián Guerrero es un hombre sencillo y le gusta reflexionar sobre las posibilidades del pensamiento.
Egresado de la licenciatura de Arquitectura, en casa aprendió todo sobre la cerámica, o casi todo (es hijo del reconocido Jesús Guerrero Santos) y entonces se puso a hacer la maestría en filosofía, la cual responde a su interés por el pensamiento. “La base de mi trabajo siempre ha sido poder generar una reflexión a través de la obra. En lo particular hace dos años, entré a la maestría en Filosofía con los jesuitas y ahí la revolución fue en automático”, expresó. Considera que su proceso es el pensamiento y la obra; así la pieza Soportes representa las conexiones mentales, las ideas estables y juega con el concepto de la trinidad.
En los próximos días se darán a conocer los resultados del concurso, con lo cual el artista concluye un ciclo, que consistió en inscribirse en las distintas bienales desde hace ocho o nueve años y ganar en alguna. Su obra ha llegado a concursos y a muestras en España, Italia, República Dominica, por mencionar algunas naciones.
Adrián Guerrero también participará en la primera edición Feria de Arte de Houston con obra cerámica, fotografía y una videoinstalación. El artista, que hace 22 años ingresó por primera vez al taller de su padre, mira con ganas a otros materiales como el concreto, el bronce y la lámina de acero.
—¿Por qué el interés de participar en la Bienal de Cerámica de Corea?
—Después de muchos años de participar en bienales de varios países, Corea me llama mucho la atención por toda su tradición cerámica; además el mundo se está volcando hacia Oriente en el sentido del arte. Las propuestas latinoamericanas son bien vistas en esa zona; por lo que decidí participar, en este caso no es por invitación, se concursa.
Estoy muy contento porque con esta bienal cierro un grupo de bienales, en las cuales he participado y me han seleccionado; lo que me da pie para poder brincar a otra etapa, donde ya no será estar en las bienales de cerámica de arte. Cierro bien porque es llegar a la orilla.
—¿Cuál fue la primera bienal y cuántas van?
—La primera fue la de Manises, Valencia, hace como ocho o nueve años. Entonces, mandé mi pieza, me seleccionaron y gané la bienal. Eso me motivó a entrarle con todo a las bienales de cerámica de arte. Me gusta participar, aunque en el país la cerámica de arte esté un poco relegada. Sin embargo no lo está a nivel mundial, ahí la cerámica está en la punta de la conformación del arte contemporáneo. Aunque, me queda claro que el oficio no está dentro del arte contemporáneo, pero la cerámica sí.
Y creo que van seis o siete bienales.
—¿Qué experiencia se adquiere en este tipo de concursos?
—Es relativo. El hecho de ganar o participar en una bienal, para mí significa que estoy haciendo las cosas bien, es una confirmación de que voy por buen camino; pero es relativo porque la selección depende de un jurado determinado y eso no significa que eres el mejor. Para mí cuando ganas una bienal o cuando te seleccionan es muy padre vivir el momento, pero al día siguiente eres el mismo personaje de antes de la bienal, aunque eres el mismo hay más retos y más compromisos por hacer bien el trabajo.
—¿También es una oportunidad para medirse con otros creadores internacionales?
—Sí, pero no me gusta tanto la palabra medirme o escalarme porque creo que el arte es algo implícito a lo humano y todos somos diferentes; así que cada quien tiene su virtud en cuanto a su trabajo, pero sí me confirma que lo que estoy haciendo no está mal, y está bien en el sentido de que es aceptado en otros lados. Además, me encanta porque mi obra me llevado más allá de las fronteras (de México), aún cuando no viajo con la obra porque desgraciadamente uno no cabe en la misma caja.
Creo que en este momento los artistas que no crucen sus fronteras no trascenderán y tenemos grandes artistas fuera.
—¿La categoría de oficio ha llevado a que el arte cerámico esté mejor colocado en el extranjero?
—Últimamente, muchos artistas contemporáneos, sobre todo jóvenes, están entrando a la cerámica, les entusiasma. Ese tabú se está venciendo a través de la presencia internacional de la cerámica y en las ferias de arte. Si vas a cualquier feria de arte, por lo general encuentras la presencia de la cerámica.
Me gustaría experimentar con otras cosas como el concreto, la malla de acero, el bronce o lo que se atraviese.
—Al separarse de la cerámica tradicional, ¿descubrió otro lenguaje?
—Claro. Mi trabajo comienza con la obra de mi papá –Jesús Guerrero Santos-, muy a la par del arte popular y de todo lo barroco, y lo mío es salirme. Mi obra entre más sencilla en la forma sea, entre más abstracta y más dé a la imaginación, me gusta más. No estoy de acuerdo con los hiperrealismos, donde todo está dado. Ahora, a la gente se le está sirviendo el plato completo, así no se le deja nada la interpretación, por eso creo que el hiperrealismo daña a la capacidad de imaginar de cada quien.
—¿Le gusta que existan muchas lecturas en su obra?
—Me gusta esa posibilidad, también creo que es más difícil poder expresar cosas con maneras muy sencillas porque puedes caer en el que nadie te entienda o caes en tal sencillez que puede confundirse con no valorar tu trabajo como el clásico: ‘una esfera, pues yo la hago’, pero todo el trasfondo y el recorrido del artista, es lo que vale.
—¿Qué ha aprendido de su trabajo con la cerámica?
—A mí, la cerámica me ha dado la pauta para enfrentarme con mi persona, en el sentido de que soy muy desesperado y la cerámica es de paciencia. Además, muchas veces la cerámica no te permite que el resultado sea el que tú quieres porque el fuego también aporta.
Y esa confrontación con el material es la que me gusta porque me permite un diálogo entre esas lecciones que te da la vida.
''Aunque en el país la cerámica de arte esté un poco relegada; no lo está a nivel mundial'', Adrián Guerrero Santos, artista plástico
Egresado de la licenciatura de Arquitectura, en casa aprendió todo sobre la cerámica, o casi todo (es hijo del reconocido Jesús Guerrero Santos) y entonces se puso a hacer la maestría en filosofía, la cual responde a su interés por el pensamiento. “La base de mi trabajo siempre ha sido poder generar una reflexión a través de la obra. En lo particular hace dos años, entré a la maestría en Filosofía con los jesuitas y ahí la revolución fue en automático”, expresó. Considera que su proceso es el pensamiento y la obra; así la pieza Soportes representa las conexiones mentales, las ideas estables y juega con el concepto de la trinidad.
En los próximos días se darán a conocer los resultados del concurso, con lo cual el artista concluye un ciclo, que consistió en inscribirse en las distintas bienales desde hace ocho o nueve años y ganar en alguna. Su obra ha llegado a concursos y a muestras en España, Italia, República Dominica, por mencionar algunas naciones.
Adrián Guerrero también participará en la primera edición Feria de Arte de Houston con obra cerámica, fotografía y una videoinstalación. El artista, que hace 22 años ingresó por primera vez al taller de su padre, mira con ganas a otros materiales como el concreto, el bronce y la lámina de acero.
—¿Por qué el interés de participar en la Bienal de Cerámica de Corea?
—Después de muchos años de participar en bienales de varios países, Corea me llama mucho la atención por toda su tradición cerámica; además el mundo se está volcando hacia Oriente en el sentido del arte. Las propuestas latinoamericanas son bien vistas en esa zona; por lo que decidí participar, en este caso no es por invitación, se concursa.
Estoy muy contento porque con esta bienal cierro un grupo de bienales, en las cuales he participado y me han seleccionado; lo que me da pie para poder brincar a otra etapa, donde ya no será estar en las bienales de cerámica de arte. Cierro bien porque es llegar a la orilla.
—¿Cuál fue la primera bienal y cuántas van?
—La primera fue la de Manises, Valencia, hace como ocho o nueve años. Entonces, mandé mi pieza, me seleccionaron y gané la bienal. Eso me motivó a entrarle con todo a las bienales de cerámica de arte. Me gusta participar, aunque en el país la cerámica de arte esté un poco relegada. Sin embargo no lo está a nivel mundial, ahí la cerámica está en la punta de la conformación del arte contemporáneo. Aunque, me queda claro que el oficio no está dentro del arte contemporáneo, pero la cerámica sí.
Y creo que van seis o siete bienales.
—¿Qué experiencia se adquiere en este tipo de concursos?
—Es relativo. El hecho de ganar o participar en una bienal, para mí significa que estoy haciendo las cosas bien, es una confirmación de que voy por buen camino; pero es relativo porque la selección depende de un jurado determinado y eso no significa que eres el mejor. Para mí cuando ganas una bienal o cuando te seleccionan es muy padre vivir el momento, pero al día siguiente eres el mismo personaje de antes de la bienal, aunque eres el mismo hay más retos y más compromisos por hacer bien el trabajo.
—¿También es una oportunidad para medirse con otros creadores internacionales?
—Sí, pero no me gusta tanto la palabra medirme o escalarme porque creo que el arte es algo implícito a lo humano y todos somos diferentes; así que cada quien tiene su virtud en cuanto a su trabajo, pero sí me confirma que lo que estoy haciendo no está mal, y está bien en el sentido de que es aceptado en otros lados. Además, me encanta porque mi obra me llevado más allá de las fronteras (de México), aún cuando no viajo con la obra porque desgraciadamente uno no cabe en la misma caja.
Creo que en este momento los artistas que no crucen sus fronteras no trascenderán y tenemos grandes artistas fuera.
—¿La categoría de oficio ha llevado a que el arte cerámico esté mejor colocado en el extranjero?
—Últimamente, muchos artistas contemporáneos, sobre todo jóvenes, están entrando a la cerámica, les entusiasma. Ese tabú se está venciendo a través de la presencia internacional de la cerámica y en las ferias de arte. Si vas a cualquier feria de arte, por lo general encuentras la presencia de la cerámica.
Me gustaría experimentar con otras cosas como el concreto, la malla de acero, el bronce o lo que se atraviese.
—Al separarse de la cerámica tradicional, ¿descubrió otro lenguaje?
—Claro. Mi trabajo comienza con la obra de mi papá –Jesús Guerrero Santos-, muy a la par del arte popular y de todo lo barroco, y lo mío es salirme. Mi obra entre más sencilla en la forma sea, entre más abstracta y más dé a la imaginación, me gusta más. No estoy de acuerdo con los hiperrealismos, donde todo está dado. Ahora, a la gente se le está sirviendo el plato completo, así no se le deja nada la interpretación, por eso creo que el hiperrealismo daña a la capacidad de imaginar de cada quien.
—¿Le gusta que existan muchas lecturas en su obra?
—Me gusta esa posibilidad, también creo que es más difícil poder expresar cosas con maneras muy sencillas porque puedes caer en el que nadie te entienda o caes en tal sencillez que puede confundirse con no valorar tu trabajo como el clásico: ‘una esfera, pues yo la hago’, pero todo el trasfondo y el recorrido del artista, es lo que vale.
—¿Qué ha aprendido de su trabajo con la cerámica?
—A mí, la cerámica me ha dado la pauta para enfrentarme con mi persona, en el sentido de que soy muy desesperado y la cerámica es de paciencia. Además, muchas veces la cerámica no te permite que el resultado sea el que tú quieres porque el fuego también aporta.
Y esa confrontación con el material es la que me gusta porque me permite un diálogo entre esas lecciones que te da la vida.
''Aunque en el país la cerámica de arte esté un poco relegada; no lo está a nivel mundial'', Adrián Guerrero Santos, artista plástico