Domingo, 07 de Junio 2026
Suplementos | ¡No quiero cumplir años!

Tres décadas de crisis

La salud, el físico y las metas que se han cumplido o no, son motivo de altibajos en la vida

Por: EL INFORMADOR

La plenitud en cada etapa de la vida se logra cuando llega la aceptación al cambio. ESPECIAL  /

La plenitud en cada etapa de la vida se logra cuando llega la aceptación al cambio. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (20/MAY/2011).- Para algunos, cumplir años es lo máximo: la diversión, la fiesta y los regalos no se comparan con nada; pero para otros no es más que un choque emocional que trae consigo momentos de desorientación. La leve (o no) crisis emocional puede permanecer varios días, meses o hasta años.

En cada etapa de la vida las preocupaciones van cambiando, pero de acuerdo con la terapeuta Diana Ruiz Castillo, hay ciertos elementos que se repiten una y otra vez en las ya famosas crisis de la edad. A excepción de la adolescencia, reconocida por todos como una etapa difícil –no sólo para el puberto, sino para quienes lo rodean–, hay tres décadas que se caracterizan por regalar las crisis más intensas a los viajeros que atraviesan por ahí: los famosos 20’s, 30’s y 40’s.

“Es común que se tengan este tipo de crisis, porque se trata de un cambio y muchas personas no logran adaptarse con facilidad. Sin embargo, superarlas también es normal, la mayoría de las veces es un proceso de aceptación y de poner los pies en la tierra. No todo lo que se soñó en la infancia se hace realidad en la adultez”, señala Ruiz Castillo.

Según refiere la terapeuta, el proceso resulta más complejo para las personas que se aferran al pasado, ya sea porque experimentaron un importante crecimiento profesional o personal, o porque fue entonces que lucieron mejor que nunca físicamente.

“¿Cuántas veces hemos visto personas adultas comportándose como adolescentes? No sólo se visten como ellos, sino que además pretenden hacer las mismas cosas, con eso sólo logran encerrarse en un momento, viven en el pasado y se olvidan del presente”, asegura la especialista y destaca que es en este punto cuando una persona debe recurrir con un profesional para –con su ayuda– dar el salto de la etapa en la que se estancó a la que debería estar disfrutando.

Alcanzar los sueños

Los soñados veintitantos, la edad en que se comienzan a consolidarse tanto los aspectos profesionales como los personales, es la misma década en la que las preguntas abundan: ¿Dónde estaré en un par de años?, ¿Conseguiré trabajo?, ¿Voy a casarme algún día?, ¿Qué pasa si no me titulo? Y las respuestas, como por arte de una lenta magia, van llegando con calma.

“Es normal cuestionarse, tener miedo del futuro, o hasta asustarse por cosas tan simples como ya no disfrutar la música a todo volumen. En esta etapa al fin se toman las riendas de la vida, nos alejamos un poco de los padres y nos damos cuenta que llegó nuestro turno de dar la cara al mundo”.

Quizá el “choque” más fuerte de los 20s, es percatarse que, contrario a lo que se pensó en la infancia, la juventud no es un cuento de hadas.

Cambios drásticos

Comienza una nueva vida y con ella los dolores de cabeza por las múltiples e interminables actividades. Casi siempre es en esta década cuando ya se tiene una pareja estable: se comparte la casa, el tiempo, la cama, el dinero y, en general, la vida. También llegan los hijos que si bien traen una infinita felicidad, también ponen el mundo de los papás primerizos “patas para arriba”. Las responsabilidades aumentan al doble o triple, y se añoran aquellos días de los 20’s cuando sólo existía la preocupación de conseguir un trabajo para no estar sin nada que hacer en casa de los papás. Sin embargo, la alegría de tener los pies en la tierra y abrirse a nuevas opciones, hacen de cualquier trauma, un mal que pasa veloz.

Madurez y sensatez

A partir de este momento, los 40’s, las preocupaciones cambian. Aquí ya no se trata de la vida profesional, ni de los dramas amorosos. Según la experta, una de las mayores preocupaciones de quienes tienen cuarenta y tantos, es la salud y el físico. Aunque desde hace tiempo se notaban levemente las arrugas, es ahora cuando se hacen más evidentes. El metabolismo se vuelve más lento y los kilos llegan así, sin avisar.
Es normal sentirse más cansada con las actividades cotidianas, e incluso sentirse vieja a pesar de que para nada es así.

Lo importante a resaltar en esta década, es lo que se ha logrado: la experiencia y la oportunidad de poder disfrutar la adultez de los hijos y en algunas ocasiones, la infancia de los nietos. Saberse libre de tantas responsabilidades, pero al mismo tiempo sentirse útil y maduro, listo para aconsejar y guiar los pasos de los más jóvenes.

Al final, cada etapa está llena de bondades, pero también de momentos críticos. Por eso, lo verdaderamente importante, de acuerdo con Ruiz Castillo, es disfrutar la oportunidad invaluable de atravesar por cada una de esas décadas y así lograr incrementar la experiencia, las alegrías y tristezas que son las que forjan a una persona con madurez, fortaleza y muchas anécdotas que contar.


LA RECOMENDACIÓN

El libro Las dos caras de la edad, manual para envejecer con plenitud, vitalidad y optimismo, revela un sinfín de consejos y opciones para aprender a aceptar los cambios que trae consigo la vida, haciendo de “la eterna juventud” un aspecto que se vive desde el interior.

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