Domingo, 14 de Junio 2026
Suplementos | Por José Luis Cuéllar de Dios

Aprender de ellos

Día de la Discapacidad

Por: EL INFORMADOR

Sumido en contradicciones, celebré el pasado jueves 3 de diciembre el Día Internacional de la Discapacidad instituido hace 17 años -tuvieron que pasar 1992 años- a fin de reconocer a las personas con algún tipo de discapacidad, por un lado, y sensibilizar a la sociedad al respecto, por el otro. Contradictorio porque ante la actitud festiva con que el gobierno, en sus tres niveles, actuó con motivo de esta celebración, -hace unos días comentamos la drástica e injusta disminución aplicada al presupuesto de egresos en el rubro correspondiente- viví de cerca la terrible realidad que soportan muchas personas con algún tipo de discapacidad y sus familias.

En compañía de tres especialistas en el tema acudí a la Casa de la Cultura en Tepatitlán, invitados por una ejemplar Institución llamada Grupo Integra Juan Pablo II cuyo director, el doctor Gerardo Peña Franco, formalizó el Centro de Desarrollo Infantil Sonrisas Especiales, dirigido por la psicóloga Sara Peña Padilla y un comprometido grupo de jóvenes colegas que trabajan en la rehabilitación e inclusión familiar y social de niños y jóvenes con discapacidad.

Sin negar los avances que sobre todo en las tres últimas décadas se han tenido en cuanto a sensibilización social y atención del sector público al tema, cuando se mide el tamaño del reto es inevitable reconocer que aún hay mucho camino por recorrer para instalar por fin, en su justo lugar a la persona con discapacidad; es decir, su inclusión total, entendida ésta como derecho a la salud, a la educación, al trabajo, etc. No pretendo tomar una actitud pesimista, mas bien me refugio en la genial perogrullada del sabio Parménides para afirmar que es preciso decir y pensar que lo que es, es, pues lo que existe, existe y lo que no existe, no existe.

En el caso de Tepatitlán, así como las localidades de sus alrededores, se carece de apoyos concretos para que las familias con personas en discapacidad sean atendidas desde su nacimiento adecuadamente. La vida de la mayoría de las personas con discapacidad permanece llena de incertidumbres y de infinitos peligros, seguimos siendo incapaces de tejerles una red de proyectos basados sobre todo en la amistad y lealtad. La dignidad del discapacitado se pierde en la vida cotidiana, los seguimos discriminando por suponer, indiferentemente y sin razón, que no son útiles a la sociedad. Por lo tanto, conformarnos con lo hasta ahora hecho, que no es despreciable, sería como celebrar derrotas. Me parece sensato hablar con verdad y realismo para tomar total conciencia de la inequidad, hasta ahora aplicada a este colectivo, si aspiramos a que su realidad cambie a fondo.

No pocas de las familias que el jueves asistieron a la Casa de la Cultura en la alteña población, están en la penosa condición de que, al reto de su familiar en discapacidad se suma el sufrimiento y la privación que provoca la pobreza, fatal causa de que la vida de ellos esté saturada de tal abandono que palidece su razón de ser y de existir. Quizás la mejor celebración de los siguientes días de la discapacidad en los próximos años, sea acercarnos a ellos para comprobar que son seres cardinales habitando un mundo mirífico desconocido por nosotros. Reconozcamos que el mayor flagelo para la discapacidad sigue siendo la discriminación y no olvidemos que la indiferencia es un ofuscador de la solidaridad. Amén de los amenes.

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