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Sábado, 16 de Febrero 2019

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Viajeros en la Historia

Foucauld y las angustias de su alma con los tuaregs

Por: EL INFORMADOR

Como lo dejamos dicho, luego de haber vivido varios años en el despilfarro y el desenfreno, las expediciones militares en las que Foucauld participó en el desierto en Marruecos y Argelia, lo habían sensibilizado de manera sorprendente. Algo de aquellos lugares debió llamarle fuertemente la atención al grado de proponerse explorar Marruecos. Hizo su petición al ejército francés y le fue negada, entonces decidió renunciar a la milicia. Estaba resuelto a hacerlo por su cuenta.

Se instaló en Argel y durante dieciocho meses preparó su viaje. Pasó largas horas en la biblioteca estudiando árabe, hebreo, historia, geografía, astronomía y la tradición judía. Empezó a vivir como “judío indígena”, siguiendo todos preceptos, aunque en el fondo aún no estaba convencido de sus creencias. En junio de 1883 partió hacia Marruecos, ahora con el nombre de rabino: Yusef Alemán; le acompañó un “rabino verdadero” de nombre Mardoqueo. Recorrió el país sin ser reconocido ni si quiera por sus excompañeros soldados. El punto más austral que visitó fue Mogador; en mayo de 1884 está de regreso en Argelia, y escribió su “Exploración de Marruecos”, por lo que la Sociedad de Geografía de París le entregó una medalla de oro.

Siguió visitando algunos pueblos del norte de Argelia y de Túnez, y entró en contacto directo con pueblos musulmanes; lo que le hizo ver de cerca el islamismo. Le sorprendió la intensidad de la fe musulmana, así como la falta total de prejuicios que no les impedían realizar sus oraciones a la hora que sea necesario, se encuentren donde se encuentren. Cuando estuvo entre estos pueblos sintió vivir su fe de la misma manera que los islámicos, lo que le afectó profundamente en su propia religiosidad.

Regresó a París para poner en orden sus notas de viaje y a sus ideas religiosas, pues ya las tenía algo confundidos entre el judaísmo y el islam, además del cristianismo con el que había sido educado. En octubre de 1886 se confesó con el abad Huvelin, suceso que le dio un nuevo giro a su vida, pues luego de la confesión, parecía que había encontrado en el cristianismo el sentido de la vida. Llegó a escribir: “En cuanto creí en la existencia de Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa sino vivir para Él y hacer lo más perfecto, fuera lo que fuese…” Esto lo motivó a realizar un largo viaje a Tierra Santa, en 1888, y desde entonces entró en retiros espirituales en distintas órdenes, hasta que se convirtió en el “Hermano Albéric-Marie”. Este viaje le había hecho, definitivamente, entregar su vida a la predicación cristiana.

Partió luego a una abadía muy pobre en Siria, y luego de una nueva crisis espiritual, recorrió otros lugares como Nazaret y Jerusalén, donde fue ordenado sacerdote, en junio de 1901, conocido ahora como Charles de Jesús. Después regresó a Francia y regaló todas sus pertenencias a su hermana; se planteó entonces la firme idea de regresar al desierto africano y tratar de convivir con los tuaregs, un pueblo musulmán en medio del Sahara. El desierto nunca dejó de seducirlo.

Se trasladó a Beni-Abbes, en Argelia cerca de Marruecos, y después se fue a vivir a la región de Hoggar, al sur de Argelia, territorio tuareg, ahí fundó la Fraternidad de In Salah y se entregó por completo a convivir con los naturales del lugar, si no convirtiéndolos al cristianismo, sí mostrando que era posible un diálogo “interreligioso”.
Francia entró en conflicto militar y sus posesiones en África estuvieron en riesgo. En 1916, fue atacado el fuerte Motylinsky, cerca de Tamanaraset, por los senussis, orden musulmana político-religiosa que luchó contra la expansión francesa en África. Iban por el padre Foucauld, considerado “el primer artesano de la influencia francesa en el desierto”. No le quedó más remedio que recordar su antigua instrucción militar e hizo frente al enemigo. Al parecer, un indígena tuareg le disparó a quemarropa y se desplomó sin vida. Sus angustias del alma habían terminado.

  El gran africanista dejó al mundo valiosos estudios de astronomía y lingüística, así como de historia natural. El conquistador conquistado, el atormentado por crisis existenciales no pudo menos que llorar al ver que no logró convertir a ningún musulmán. Parece como si nunca hubiese logrado descubrir cuál era su verdadero camino. Fue beatificado en 2005 por Benedicto XVI.

Cristóbal Durán
ollin5@hotmail.com

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