Jueves, 09 de Octubre 2025
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''Una de tapatíos''

Presentamos los terceros lugares de las dos categorías de la convocatoria de cuento “Una de tapatíos”, para comenzar este ciclo veraniego con lecturas por demás agradables, cargadas de inspiración y desde luego de amor por su ciudad

Por: EL INFORMADOR

Fara Naomi Macías escribió una historia con dos formas de ver la ciudad. E. BARRERA  /

Fara Naomi Macías escribió una historia con dos formas de ver la ciudad. E. BARRERA /

Tercer lugar, cuento corto

Sueños Tapatíos

Por Mateo Contreras (Fara Naomi Macías)

GUADALAJARA, JALISCO (05/JUN/2010).- Despertó extrañado. Jamás había experimentado algo similar. Se sentía cansado estando descansado, incómodo estando cómodo…  su cama de repente le repugnaba. Se puso de pie, salió de su pieza y al dirigirse al baño se percató de su imagen en un lejano espejo. Asustado, se acercó poco a poco, la efigie era increíble: Guillermo Martínez Güitron había envejecido de noche.

Guillermo nació el 7 de Agosto de 1923 en una casa del Centro de la ciudad, una ciudad relativamente pequeña pero increíble: Guadalajara. Una conjugación onírica de ríos y personas, de pasión por la vida y agallas para enfrentarla, de franceses y mestizos, de Guadalajara y Mexicaltzingo.

Guillermo tocó su cara incrédulo sobre la imagen que mostraba el espejo. La lavó un millar de veces y todo seguía igual; desesperado corrió a la cocina y buscó la fecha en el calendario: 14 de Febrero de 2009. ¡No podía creerlo! Alguien debía estar jugando una mala broma, un chascarillo de mal gusto… se sentó y se quedó ahí, pensando en medio de la cocina solitaria, en espera de que la broma terminara. Pero no sucedió.

Guillermo permaneció ahí sentado y permanecieron también las arrugas y el cabello emblanquecido. Decidido, como todo tapatío, tomó sus lentes y caminó hacia la calle, sólo para enfrentarse con una sorpresa mayor. Pisó el asfalto desconcertado, desconfiado, como cuando uno pasa la cuchara por la superficie de una jericalla, la pasa sin intención de romper el recubrimiento. Intentó respirar y antes de poder hacerlo estornudó como una chiva. Intento ubicarse… observó la leyenda sobre la placa azul del otro lado de la calle “López Cotilla”.
-Ay canijo,  pos ¿será?- dijo Guillermo.

Rascó su cabeza como consecuencia irrefutable de su confusión y caminó diez pasos. El calor era insoportable. Guillermo pensó en la última vez que tuvo tanto calor y sólo recordó sus días por Melaque.

Guadalajara no ardía así. Los reflejos del sol le quemaban la piel y los automóviles transitaban como leopardos encarrerados en la pradera. Un par de hombres vestidos de forma colorida pasaron tomados de la mano a su costado,  y Guillermo extrañado, talló sus ojos una vez más para ver si aquella escena era real. Los edificios metálicos le encandilaban los ojos y cada parpadeo traía consigo el asombro de una nueva maravilla. Marchó decidido hasta la Av. Unión y ahí se llevaría la más grande de todas sus sorpresas: la ciudad se había vuelto infinita, un laberinto eterno… las calles parecían reproducirse una tras otra, tras otra. Cuando él era pequeño hasta ahí llegaba la ciudad al Poniente, al Norte topaba con Mezquitán; no había más de cien automóviles. Esta infinidad absoluta de calles, autos y edificios no podían ser reales. Caminó unas cuadras más descubriendo aquella enigmática ciudad, cuando su corazón reverberó de golpe al ver un policía.

-Mi excelentísimo señor, podría usted hacerme el favor de explicarme qué está sucediendo ¡ocupo saberlo!
El policía sonriendo contestó:
-Buenas tardes, Don Guillermo, ¿perdido nuevamente?
Guillermo desconcertado con esa respuesta de pronto fue testigo de un sinfín de imágenes que desfilaban por su cabeza: automóviles, personas, edificios, fotografías monumentales que adornaban el cielo como nubes. Asustado corrió despavorido nuevamente hasta López Cotilla.
Entró en su casa, corrió a su pieza, se deshizo de su ropa y se metió en su cama. Tapó su rostro con la sábana y cerró los ojos de golpe. Los abrió. Tocó su rostro. Caminó a la cocina y revisó el calendario: 14 de Febrero de 1964. Respiró profundamente, sonrío a su esposa que preparaba café y le dijo:
-Vieja, soñé con el futuro otra vez. Y no me creerás pero Guadalajara es grande, ¡grande!, ¡enorme!
-Ay Memo, tú y tus sueños charros. Ya no deberías platicar tanto con mi compadre Juan. Él y sus cuentos de Comala te traen vuelto loco.
Volvió a darme las buenas noches. Y aunque no había niños jugando, ni palomas, ni tejados azules, sentí que el pueblo vivía y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces.
-Pero tienes razón mi Memo, después de escuchar esos cuentos es casi imposible no vivir soñando.

La autora detrás de Mateo
Fara Naomi Macías, la escritora detrás de ese seudónimo y una estudiante universitaria de 20 años, no pretendía participar en el concurso Una de Tapatíos de EL INFORMADOR. La verdadera motivación surgió gracias a una de sus maestras de la universidad que le recordó la importancia de intentarlo.

Aunque es originaria de Autlán, Jalisco, no le costó mucho identificar las características de los tapatíos, esto gracias a la cercana convivencia con amigos y familiares de Guadalajara y a los años que ha vivido recorriendo las calles de la Perla de Occidente. Así que, quizá ella no es tapatía de nacimiento, pero sí lo es por adopción.
El cuento Sueños Tapatíos, que resultó ganador del tercer premio en la categoría de cuento corto, se logró luego de pensar mucho en la historia, los personajes y hasta las palabras con las que se expresa alguien nacido en Guadalajara.

“Le di muchas vueltas al asunto y la inspiración finalmente llegó al recordar todas esas historias de la infancia cuando los tíos te cuentan lo que Guadalajara antes era… o lo que Guadalajara ahora es. Al final quise hacer ese comparativo y mostrar las dos realidades, sin enjuiciar si antes era mejor o peor ciudad de lo que es en la actualidad”.

Fara destacó que se añoran detalles de un municipio del pasado que, aunque ha sabido mantener muy presente su cultura y su historia, ha perdido la cercanía entre sus habitantes y la calidez que anteriormente lo caracterizaba. No obstante, asegura que es normal debido al crecimiento de la ciudad y al acelerado ritmo de vida en ella.

“La idea general de mi cuento es transmitir lo que sentiría alguien al encontrarse de repente en otra Guadalajara. Es lo que le pasa a mi personaje, despierta en una ciudad que no reconoce, se da cuenta que hay cosas que echa de menos”.

Sobre el resultado final, Fara Naomi, o Mateo como los jueces le conocieron, se siente feliz y satisfecha de narrar la vida de un hombre y su realidad paralela en una vida de sueños dignos de un tapatío.

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