Sábado, 04 de Abril 2020
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Un paseo por el mercado de Santa Teresita

Sabores, historias y tradiciones, se encuentran con facilidad en este lugar tan apreciado por los tapatíos

Por: EL INFORMADOR

Los pasillos del popular mercado se llenan de color cada mañana. A.HINOJOSA  /

Los pasillos del popular mercado se llenan de color cada mañana. A.HINOJOSA /

GUADALAJARA, JALISCO (29/ENE/2011).-  Han pasado 60 años desde que los pasos -tanto presurosos, como calmados- invadieron por primera vez los pasillos de este mercado. Un sitio tan querido, como arraigado en la vida de varios tapatíos que crecieron en el tradicional barrio de Santa Tere.

Corría el año de 1951 (según se lee en una placa manchada con pintura blanca, pero poco avejentada, que resalta en una de las entradas), cuando abrió sus puertas el mercado Manuel Ávila Camacho. Tan importante debió ser aquel acontecimiento, que fue el entonces Presidente de la República Mexicana, Miguel Alemán, quien inauguró el nuevo espacio de comercio en la ciudad.

Algunos, como doña Juanita, aseguran que a pesar del correr de los años, el ambiente no ha cambiado mucho, ya que “la gente aún conserva su amabilidad, su buena cara y su simpatía”; y es que no falta quien se tome el tiempo de regalar uno que otro chascarrillo a “las marchantitas”, con la finalidad de que detengan su andar y compren algo de lo ofertado.

Sin embargo, como cualquier lugar que ha visto pasar 60 años de tradición, costumbres y generaciones, este estrepitoso y pintoresco lugar comercial deja ver algunos cambios muy notorios. Juanita –cargando sus bolsas llenas de carne y verduras- destaca el más importante de ellos al afirmar, con todas sus fuerzas, que aquel no es el mercado Manuel Ávila Camacho, como se le conoció cuando abrió sus puertas, “este es el mercado de Santa Teresita”, puntualiza enérgicamente.

Y no es la única que lo conoce y lo quiere como tal, son muchos los que piensan igual que ella y comprobarlo es la tarea más sencilla de todas: basta con caminar por los alrededores, seleccionar -al azar- a una persona y preguntarle –casi aparentando que no se conoce la ciudad– “disculpe, ¿cómo se llama ese mercado de allá?”, entonces uno, dos, tres, cuatro y quién sabe cuántos más interrogados responderán que “es el mercado de Santa Tere”, o “Teresita”, si es que son más afectuosos.

Entre historia y tradición

“Los años no pasan en balde”, dice Margarita González, quien visita el mercado desde hace más de 30 años. Va tres o cuatro veces por semana, a veces más si es que olvida comprar algo, la diferencia es que ahora lo hace apoyándose de su bastón.

Escoge cuidadosamente sus limones y luego, un poco decepcionada, platica “no es temporada, hay que buscarle para llevarse los que tengan más jugo”. Tras el cuidadoso análisis le paga a la vendedora y guarda el medio kilo de limones en la bolsa de rafia a la que ya no le cabe nada. Camina despacio y comienza a echar vistazos al pasado, “no me acuerdo hace cuánto, pero sí ha de ser ya mucho tiempo que yo venía con mis hijas para que me ayudarán con el mandado y ¿sabe usted qué hacían esas muchachas? Se arreglaban toditas, como si quisieran conseguir novio y cuando yo menos pensaba, ya me habían dejado sola cargando las bolsas”.

Ahora no son sus hijas quienes le ayudan con el mandado, sino sus nietas, eso sí, cuando pueden porque normalmente están en la escuela.

Pásele, pásele, ¿qué va a llevar?


Entre invitaciones que elevan la voz y aseguran buenos precios “barato, barato ¿qué le damos?”, cientos de tapatíos visitan este vistoso lugar que ofrece de todo.

Recorrer el mercado es una verdadera experiencia. Para algunos está lleno de sabores; para otros, los aromas intensos resultan irresistibles. Hay quienes al dar una caminata por este sitio, aprovechan para ponerse a la moda con todos los accesorios y prendas que se pueden encontrar en los locales que dan directo a la calle.

Pero mirarlo por fuera “no tiene chiste”, lo que realmente vale la pena es entrar y caminar con calma, respirar profundo y percibir cómo se mezclan los aromas de los chiles secos, las especias y la miel; lanzar una mirada repentina a esa colorida fusión de ingredientes y observar los personajes que buscan llamar la atención de los compradores.
Si se sigue el camino entre los pasillos, será fácil apreciar que a lo largo y ancho de varios metros –que se han convertido en los favoritos de muchos–, todos esos aromas que se sintieron al entrar al mercado cobran vida y se convierten en gusto y sazón, gracias a las sabrosas gorditas, lonches, tacos dorados, picosos chilaquiles y el calientito menudo, y a esto hay que sumarle una variedad de platillos caseros que parece interminable.

En el Mercado de Santa Teresita, entre las más de 400 tradicionales bebidas frutales, los biónicos y las escamochas que preparan “Las Titas” desde hace más de medio siglo, siempre hay algo nuevo y delicioso qué ofrecer, o al menos con un toque diferente, pero que siempre recuerda que ese mercado tiene el sabor de varios años de esta ciudad.

¡Visítalo!


No importa si llegas por Manuel Acuña, Andrés Terán, Juan Álvarez, o incluso por  Alfredo Carrasco, a mitad de cada una de estas calles ubicadas en el barrio de Santa Tere, encontrarás un acceso al mercado.

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