Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | por: luna que se quiebra

Un frapuchino y en Sanborn’s

(sobre las tinieblas de mi soledad)

Por: EL INFORMADOR

Quien me lo contó todo fue Irma Ponecierres, una costurera dulce como miel y fuerte como el café, mismo que me invitó para hacerme crecer en tres patadas, cuando yo le dije  por puro accidente, que acababa de perder (por enésima vez) al amor de mi vida. Yo siempre pensé que el amor era un acto acrobático, mentes emocionales que revientan corazones como globos de cirquero. Que el amor era no sé qué galán arrojándose al vacío porque otro se casó con su Angelina Jolie. Pura cosa mensa. Eso lo supe, cuando Irma me dijo que el amor es una costumbre y hasta a las mismas hecatombes hay que acostumbrarse.

Era guapa ella, yo también. Era viuda ella, yo soltera empedernida, con ínfulas de diva y aspiraciones a ser mayor... Irma me miró con ternura, porque le recordaba a su hija y me dijo que no, que a los hombres hay que observarlos bien. Yo nunca he sido feminista, más bien me considero retemachista, pero Irma dice que las definiciones no importan, que su primer novio le invitó una nieve de limón, de una sola bolita y en un puesto ambulante. “No”, me decía. “Uno tiene que darse a desear”. Ah, pensé yo. “Sí”, dijo ella. “Mira mija”, me siguió diciendo, “si te van a invitar algo, que sea un frapuchino y en Sanborn’s”. Una nievezota con harta cafeína que te mantiene despierta mientras pasan las horas en la que tu lo conoces a él. No él a ti. “¿Por qué?” le pregunté a Irma. “Porque nomás te invitan para que tu hables y cuando ya te acabaste tu café -dijo-, ellos ya te conocen toda y no quieren saber de ti”. Entonces pues no van a repetir la salida. Híjolas,  siempre que salgo con mis galanes me pongo a monologar, ellos me decían que se divertían harto conmigo, entonces me la pasaba hable que hable.

Ya Irma me dijo que no está bueno eso de andarse desnudando vocalmente con los muchachos en la primera cita. Como lo dijo ella, yo le creo. Ahí empecé pues, a petición expresa, a contarle una serie de encontronazos particulares que tienen que ver con el ¿amor?  Nos fuimos al Sanborn’s y ella pidío su frapuchino...

Tapatío

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