Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Miles de páginas se abren como una fuente de conocimiento inagotable ante los ojos

Un día para celebrar la lectura

Miles de páginas se abren como una fuente de conocimiento inagotable ante los ojos

Por: EL INFORMADOR

Además de participar en la lectura de 'Frankenstein', el público interactuó con el personaje. EL INFORMADOR / A. Hinojosa

Además de participar en la lectura de 'Frankenstein', el público interactuó con el personaje. EL INFORMADOR / A. Hinojosa

GUADALAJARA, JALISCO (24/ABR/2016).- Declarado por la Unesco, el 23 de abril celebramos el Día Mundial del Libro. Este festejo nació en 1995 para conmemorar el aniversario luctuoso de tres autores: el bardo inglés William Shakespeare, el español Miguel de Cervantes Saavedra y de Inca Garcilaso de la Vega, cuyas muertes sucedieron según los calendarios el mismo día de 1616. En realidad, se trata de una licencia poética: el 23 de abril de Shakespeare fue otro día posterior (3 de mayo), ya que aún se utilizaba el calendario juliano; Cervantes murió el 22, en la víspera del 23 (cuando fue inhumado). La fama de William y Miguel ha superado por mucho a la del Inca, razón por la que a veces se olvida mencionarlo durante las celebraciones al libro.

En Guadalajara, la celebración a las letras tomó mayores bríos en 2003, cuando por iniciativa de la Feria Internacional del Libro (FIL) se instauró un maratón de lectura dedicado cada 23 de abril a un libro o autor. El último juglar, Juan José Arreola, fue quien inauguró esta tradición que suma ya 13 años de realizarse. Sus primeras ediciones fueron en sedes más cercanas al Centro de Guadalajara, siempre en espacios públicos y con la posibilidad de que cualquier lector (previo registro) pueda subirse al estrado para compartir la lectura en voz alta del libro en turno.

Tan sólo un año después, la FIL tendría como invitado de honor a Cataluña, que guarda una estrecha relación con las festividades del 23 de abril. El santo patrono de Cataluña es San Jorge, santo de la iglesia católica que (según la tradición) fue canonizado por haber matado a un dragón que aterraba a los habitantes de los poblados cercanos.

Tras darle muerte, de la sangre del dragón surgió una rosa roja, misma que Jorge le ofrendó a una doncella. Con la coincidencia del santoral y el día del libro se dio el sincretismo: ahora las librerías regalan rosas con la compra de un libro, además de que los organizadores de la lectura en la Rambla Cataluña coronan el esfuerzo de los lectores con una rosa y un libro. El paso de Cataluña por la FIL legó también una escultura, réplica de una estatua de San Jorge, quien sostiene su espada entre las manos: esta obra de arte se sitúa en la misma Rambla Cataluña contigua al Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, espacio que ha acogido la lectura en sus más recientes ediciones.

CRÓNICA

Frankenstein entre los tapatíos lectores

“Frankenstein o el Prometeo moderno” fue el libro ganador en la competida votación que incluyó “Azul” de Darío y “Las brujas” de Dahl. Durante las semanas de votación, en redes sociales detractores de la poesía modernista del nicaragüense defendieron el libro de Mary Shelley, con cierta indiferencia hacia el británico Dahl: “Tuércele el cuello al cisne: vota por Mary Shelley” fue el eslogan de campaña.

La cita del 23 de abril fue a las 10 de la mañana. Minutos antes de dar comienzo ya se notaba el flujo de gente interesada por escuchar y leer. El acto protocolario lo presidió Marisol Schulz, directora de la FIL, con presencia de Myriam Vachez (Secretaría de Cultura), Susana Chávez Brandon y Enrique Ibarra Pedroza (Ayuntamiento de Guadalajara) y Miguel Ángel Navarro Navarro (vicerrector de la UdeG), quienes fueron los primeros lectores.

Frente a los dos grandes atriles para los lectores en turno se colocaron unas 100 sillas para dar lugar a quienes desearan escuchar la lectura. A los costados, más cercano al escenario montado, estuvo dispuesto el espacio para quienes aguardaban para subir y leer. Detrás de las sillas el mercado de libros: un par de grandes pasillos para que librerías de la ciudad y editoriales tapatías compartieran sus catálogos. Ofertas, descuentos y hasta ejemplares gratuitos. Entre los puestos hubo librerías como Ítaca, el Fondo de Cultura Económica y Siglo XX, editoriales como Arlequín o Paraíso Perdido, entre otras, además de publicaciones con su génesis en universidades (como Luvina, la revista literaria de la UdeG o Magis, revista del ITESO).

Con el ánimo de continuar la tradición, a quienes leyeran la obra de Shelley al frente o a los compradores de libros se les regaló una rosa roja, originaria del CUCBA de la UdeG. Del lado de los stands, otros regalos eran botones y pines con motivos literarios, separadores y hasta una máscara de papel con el rostro del monstruo de Victor Frankenstein.

Entre el público sobresalieron visualmente las personas que acudieron disfrazadas de personajes literarios: un Quijote de Cervantes, una Alicia de Carroll, Dorothy y el Mago de Oz o incluso zombies (a propósito del monstruo de Victor Frankenstein). De los lectores, la polifonía de jóvenes, niños y adultos estuvo marcada también por la irregularidad de la lectura: muchos lectores tuvieron que regresar y repetir frases o palabras luego de malas pronunciaciones o tergiversaciones en los vocablos. ¿Los culpables? Tal vez los nervios por leer frente a un centenar de desconocidos, o quizá fueron erratas de origen en la edición que se escogió. Además de la edición de Porrúa (la oficial para la ocasión), en los puestos de libros también estaban tres notables ediciones ilustradas: una por Paraíso Perdido (con adaptación e ilustraciones de Sergio Vicencio), de Sexto Piso y de Nórdica.

Tapatío

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