Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Primero la sangre de Carlos Cortés

Tres en el Exconvento del Carmen

Entre los pintores contemporáneos, dotados de extraordinarias facultades dibujísticas, la mayoría de ellos suelen dedicarse a la manufactura de cuadros fantástico realistas

Por: EL INFORMADOR

Primero la sangre de Carlos Cortés

Entre los pintores contemporáneos, dotados de extraordinarias facultades dibujísticas, la mayoría de ellos suelen dedicarse a la manufactura de cuadros fantástico realistas; baste citar, por ejemplo, en el ámbito nacional, a Julio Galán, Enrique Guzmán, Arturo Rivera, Daniel Lezama, etcétera; autores célebres a los cuales se podrían añadir numerosos pintores locales también de esa misma cuerda, y desde luego, al joven tapatío Carlos Cortés, cuyas pinturas al óleo están puestas a la consideración del público de esta ciudad, en la última sala del Exconvento del Carmen.
Como digo, estos pintores, que suelen aunar a su técnica de trazo sobresaliente, una palpitante y frondosa imaginación, recrean escenarios barrocamente sobrecargados de detalladas figuras, formas o elementos disímbolos y contrastantes, inmersos en ambientes surreales y dotados de un contenido simbolista; ese simbolismo que ha estado presente a lo largo de toda la historia del arte, y mediante el cual se pretende imprimir a lo representado de una condición metafórica, alegórica o codificada de índole espiritual, moral, emocional; a veces evidente, pero a veces hermética y desconcertante para el observador.
Esto acontece con este expositor, quien a primera vista, genera admiración a quienes contemplan sus lienzos debido a la galanura formal y fidelidad traslativa de la realidad y la fantasía, pero que también puede abrumar y exigir esfuerzos de concentración, erudición, análisis o imaginación, para poder adivinar sus posibles significados, aunque al parecer, estos parten esencialmente de una idea matriz: la presencia de la sangre, esa sustancia viscosa, mórbida y escatológica que permea de una manera u otra sus composiciones, y que tan significativa como constante presencia ha tenido siempre en la realidad cotidiana de nuestro entorno.
Bajo estos presupuestos pues, se deben contemplar estos óleos de apariencia visceral, densa, amarga a veces, inquietante, desafiante, irónica o transgresora, y ante ellos, cada quien debe asumir el reto de emitir su opinión sobre si, aparte de su espléndida resolución formal que cumple sobradamente las exigencias referentes a la perfección del continente, las pinturas de Cortés poseen al mismo tiempo, valores de contenido estético, significativo y de expresividad, que son las que miran a la parte substancial, sutil y compleja que distingue a una obra verdaderamente artística, de la mera pirotecnia artesanal.

Paisajes panorámicos
de Gilberto Aviña

Recuerdo que hace como 50 años, apareció una novedad, efímera como todas, que fue considerada en aquel entonces como una verdadera maravilla tecnológica en materia fotográfica: Una “cámara panorámica” de lente móvil, que al ser disparada, hacía un recorrido de más o menos unos 45 grados, barriendo y captando todo lo que encontraba a su paso, y que podía ser un extenso paisaje, un amplio escenario o una multitud de sujetos u objetos.
Sin embargo los resultados quedaban muy lejos de las expectativas, pues con el barrido variaba la profundidad de campo y se perdía la nitidez de enfoque; por esa inoperancia, el curioso artilugio fue desechado rápidamente.
Hoy, en que las ciencias han avanzado una barbaridad (y las artes sufrido un retroceso) y en que han surgido las insólitas invenciones de la llamada fotografía digital, mediante cuyas manipulaciones se pueden “fabricar” prácticamente asombrosas y quiméricas imágenes, he tenido la oportunidad de ver instalada en los corredores del mismo Exconvento, una colección de gráficas originales del maestro michoacano Gilberto Aviña, quien empleando con extrema habilidad estos modernos recursos, pero respaldados por amplios conocimientos técnicos, incuestionable sensibilidad estética y paciencia benedictina, logró capturar y recrear luego, unos paisajes panorámicos que en ocasiones van más allá de los mencionados 45 grados y que corresponden a bien seleccionados, pintorescos o históricos ámbitos de algunos Estados de nuestro país; imágenes que llaman la atención dada su extensión, su extremada nitidez, su limpieza formal, en la que fue sustraído todo elemento distractivo, ya sean objetos o sujetos; su brillante colorido, su equilibrio compositivo y otras cualidades que hacen que estas fotografías se asemejen a veces a idealizadas composiciones paisajísticas propia de la recreación pictórica.

Colectiva de Nueva York

Asimismo cabe mencionar, que todo lo anterior se complementa con una variopinta muestra colectiva integrada con obras originales de 12 cultivadores del arte, de diferentes nacionalidades, miembros de un colectivo denominado Casa Taller Leonard Codex Art Assamblaje, con sede en Brooklyn, New York y presidido por el pintor tapatío Carlos Rodal.
Desde luego que una exposición aureolada con esta procedencia neoyorquina, ombligo del arte internacional, viste mucho; sin embargo, la exposición, a mi juicio, es modesta en cuanto a alcances y trascendencia, pues no va más allá de lo aquí ya visto y revisto en la materia, desde pintura a instalaciones, aunque desde luego cabría destacar el profesionalismo, aplicación de conocimientos y sentido estético tan parejo con que cada miembro de ese taller aborda su quehacer, dando origen a obras impecablemente elaboradas, aunque insisto, lejanas de causar impacto extraordinario o dejar huellas indelebles.
Lo más atrayente y novedoso, hasta cierto punto de esta caravana, fue sin duda el show protagonizado por el pintor Jorge Rojas, quien en vivo y a todo color, escenificó detrás de la vidriera que da a la Avenida Juárez, un live art performance, durante una semana completa en la que, sin ruborizarse, confeccionó una pintura, delante de los intrigados transeúntes o alternando con los visitantes de manera personal, o vía internet.
El acto en sí, como la mayoría de estas muestras contemporáneas de arte efímero y circunstancial, no tuvo mayor trascendencia, mas lo que sí considero importante fue que logró suscitar la curiosidad de muchas personas que quizás nunca antes en su vida habían tenido la oportunidad de acercarse a algo parecido a una pintura o a un pintor elaborando un cuadro, de lo cual bien pudo nacerles algún interés por esta atrayente actividad.

por: josé luis meza inda

fotos: saúl núñez

Tapatío

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