Viernes, 17 de Octubre 2025
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Todo de acuerdo con la voluntad del Padre

Todo lo que Jesús estaba haciendo era el deseo expreso de su Padre

Por: EL INFORMADOR

    Tomando como punto de inicio lo que podemos leer en San Marcos 1, 7-11, entendemos que el bautismo que predicaba Juan era llamado “bautismo de arrepentimiento”, porque para llevarlo a cabo, era necesario que la

persona reconociera y confesara sus faltas, para luego sumergirse en las aguas del río Jordán. Para el tiempo en que todo esto fue escrito, muchos pobladores de Judea respondieron a este llamado, dirigiendo sus pasos a la ribera para encontrar al profeta y así comenzar una nueva manera de vivir.

     Todo esto pasaba una y otra vez cada día, hasta que un día sucedió algo extraordinario: Jesús, el primo de Juan el Bautista, vino al Jordán para ser bautizado. Esto parecería normal para cualquier otra persona, pero no para Juan. Él sabía que su primo Jesús era el Cordero de Dios que venía a quitar el pecado del mundo. La única manera de que esto fuera posible, era que se tratara de un cordero sin mancha, por lo que era necesario que nunca hubiera pecado, y puesto que Jesús nunca había pecado, no había razón para el bautismo de arrepentimiento. Jesús nunca tuvo de qué arrepentirse.

     A pesar de lo anterior, tanto Jesús como Juan convinieron en hacerlo, porque ésta era la voluntad de su Padre. Hay muchas razones detrás de ello, pero el tema a destacar es que Jesús lo estaba haciendo porque ese era el deseo expreso de su Padre.

      Por eso no nos extraña que, al salir Jesús de las aguas del Jordán, fuera notorio que la Trinidad estuviera en consonancia y aprobación. Este es uno de los escasos momentos en que las tres personas de la divinidad se manifiestan al mismo tiempo, permitiendo a los hombres ser testigos de ello. El hijo, obediente en todo; el Espíritu Santo, descendiendo sobre el Hijo para fortalecerlo, y el Padre, manifestando su aprobación desde los cielos, y en una forma audible.

     En realidad, los tres siempre han estado en sintonía y comunión, ya que siendo un solo Dios, se ha manifestado en tres personas, y en esa manifestación hubo el acuerdo de someter todas las cosas a voluntad del Padre.

     Hacer la voluntad del Padre fue la máxima tarea y el máximo anhelo de Jesús mientras estuvo en la tierra. Él mismo dijo claramente: “Yo no he venido para hacer mi voluntad, sino la de mi Padre que está en los cielos”. Jesús obedeció en todo, incluyendo la forma en que murió, para agradar al Padre, cosa que logró a cabalidad.

“Vivir para agradar a Dios”, suena muy extraño en los tiempos de hoy, donde las personas estamos muy acostumbradas a pensar en lo propio. Generalmente tomamos decisiones cada día, pensando en lo que nos conviene, o en lo que nos puede traer mayor beneficio, y rara vez nos detenemos para preguntar ¿será esto la voluntad de Dios?

     Quizá en este año nuevo que estamos comenzando, usted quiera intentar una nueva manera de vivir, una en la que tome en cuenta la voluntad de Dios, y trate de hacer su voluntad. No creo que esto sea sencillo, pero al mismo tiempo estoy seguro de que dará los mejores resultados en su vida. Después de todo, es muy probable que todos los años pasados hayamos tratado de vivirlos “a nuestra manera”, y con los resultados que hemos obtenido de vivirlos así, podremos decidir si queremos ese mismo estilo de vida, o necesitamos algo diferente.

     De una cosa podemos estar seguros: si seguimos viviendo de la misma manera que lo hemos hecho, obtendremos inevitablemente los mismos resultados. Si decidimos vivir en Enero de la misma forma que lo hemos hecho en los “Eneros” de nuestra vida, podemos estar seguros de que cosecharemos los mismos “Diciembres” de toda la vida.       

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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