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Lunes, 20 de Noviembre 2017

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Suplementos | Mujeres relatan cómo han logrado salir adelante tras vivir este trauma

Supervivientes de trata, conciencia contra un delito recurrente en México

Hace nueve años, Patricia vivía una situación complicada en casa cuando se encontró con un chico que se la llevó a la Ciudad de México para explotarla
Situaciones como las que vivieron Patricia y Mitzy afectan también a entre 50 mil y 500 mil víctimas de trata en el país según la CNDH. EL INFORMADOR / I. Reviejo

Situaciones como las que vivieron Patricia y Mitzy afectan también a entre 50 mil y 500 mil víctimas de trata en el país según la CNDH. EL INFORMADOR / I. Reviejo

GUADALAJARA, JALISCO (02/ABR/2017).- Cuando fue rescatada, Patricia no sabía el significado de conceptos como “trata de personas”; esta mexicana se vio atrapada en una situación de explotación cuya dimensión no entendía pero, al igual que muchas supervivientes, logró volver a soñar y aprovechó su experiencia para ayudar a otras jóvenes.

Patricia González, originaria de Veracruz, es uno de los nombres detrás de un problema cuya magnitud en México es difícil de calcular. De acuerdo con un reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de 2013, el número de víctimas de trata en el país oscila “entre 50 mil y 500 mil casos”.  

Hace nueve años, Patricia vivía una situación complicada en casa cuando se encontró con un chico que, tras enamorarla, se la llevó a la Ciudad de México para explotarla. “Él se iba a casar conmigo, pero se aprovechó de mis sueños, de esos anhelos que tenía”, relata.  

Fue rescatada en un operativo del Gobierno de la capital, y sólo cuando llegó al Ministerio Público comprendió que “estaba viviendo un delito”.

Para Patricia, de 25 años, el proceso de recuperación, en la Fundación Camino a Casa, ha sido “complicado”, pero “hay personas que influyen mucho en tu recuperación y muchísimas cosas que te dicen ‘Sí, lo pasaste feo, pero puedes salir adelante’”. “Actualmente estoy bien, estudio mi carrera en la universidad, Derecho, y me dedico al activismo, a ayudar a otras chavas que llegan sin la esperanza de seguir con sus sueños”, apunta.  

Cuando su madre falleció, Mixi Cruz, que entonces tenía 13 años, se sintió “completamente sola”. Una mujer le ofreció refugio, estudios y se ganó su confianza. Era familiar de su padrastro, así que no dudó de ella. Sin embargo, esa mujer, tras diversos maltratos, la manipuló para que entrara a trabajar en hoteles.  

Un día, un camarero le vio llorando en una habitación tras una pelea especialmente dura en que la tratante le dejó claro que “aquí se hace lo que el cliente mande, porque el cliente paga”. El empleado del hotel fue quien le ayudó para que escapara y denunciara a la mujer, que “estuvo solo cuatro años en la cárcel” y ya está en libertad, afirma Mixi. “El hecho de ser rescatada fue volver a empezar en una familia que me ha ayudado hasta el día de hoy”, valora a sus 24 años la estudiante de Finanzas.

La veracruzana Neli Delgado cuenta su historia a las puertas de su recién inaugurada rosticería en un barrio popular capitalino. “Soy una superviviente -declara-, logré salir adelante, he hecho mil cosas y siempre he dicho que las cosas pasan por algo, y si me pasó eso es para que, de alguna manera, yo tengo que ayudar para que esto se acabe”. Neli recorre centros educativos informando a los estudiantes de cómo los tratantes “se aprovechan de tus vulnerabilidades” con “falsa promesa de amor, de dinero o fama”.  A ella le tocó la primera. En su Veracruz natal conoció a un chico que insistentemente le invitaba mudarse de ciudad con él, hasta que lo consiguió: “Los primeros días me trataba muy bien, pero después empezó a cambiar, me hablaba de prostitución y así”.  

Neli acabó ejerciendo la prostitución en la capital, donde le obligaban a “estar como con 30 o 40 tipos al día” sin ver un peso. “Una vez me llegó un mensaje de ‘Deja de platicar y ponte a trabajar’. Desde entonces supe que me vigilaban”, recuerda. Cuando las autoridades la rescataron, recitó el guion que le habían hecho aprender, hasta que supo que su tratante explotaba a más mujeres: “Ahí me dio muchísimo coraje y fue cuando empecé a decir toda la verdad”.  

La activista Karla de la Cuesta recuerda que hay muchas supervivientes que no tienen la suerte de acceder a una casa refugio donde se les proporcione ayuda y que acaban revictimizadas.  

“Estamos tan mal como sociedad que casi casi decimos ‘Pues cómo irías vestida’. Hacemos que las heridas sean imposibles de sanar”, concluye Karla.

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