Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Martes, 19 de Noviembre 2019
Suplementos | En un cerrado bosque, alejado de las aldeas en Madhya Pradesh

Sin saberlo entonces, mi padre me enseñó a perder el miedo

Nos encontrábamos cazando el tigre de Bengala en la India, cuando aún estos hermosos felinos no estaban en peligro de extinción

Por: EL INFORMADOR

Se empieza por caminar buscando huellas frescas, lo cual requiere de bastante experiencia ya que no es fácil distinguirlas entre la arena y las hojas secas, donde se ve que hay rastros de un buen ejemplar, se ata un pequeño búfalo a un hasta y se le coloca un cencerro, el cual sonará al acercarse su victimario delatándolo, a unos 10 metros, se construye un machan (plataforma) entre las ramas de un árbol a unos 3 ó 4 metros del piso, la razón de la altura no es por protección del cazador ya que un tigre fácilmente salta hasta ahí, sino para no ser visto por el tigre que va buscando su presa al nivel del piso.

Una hora antes del crepúsculo el cazador debe subirse a su machan y esperar pacientemente que el tigre se acerque y ate al búfalo, ley inexorable de la selva, entonces mientras está ensordecido rompiendo los huesos con sus poderosas quijadas, con mucho cuidado, como en cámara lenta, pero con el corazón a unto de saltar del pecho, se coloca el rifle en posición de tiro y se enciende la luz, el tigre sorprendido tardará 2 ó 3 segundos en reaccionar y de un solo salto desaparecerá para siempre, de ahí la importancia de disparar con rapidez y de pegarle en una zona mortal.

Todo esto me lo había explicado mi padre y además lo había leído en numerosos libros, me dijo, deberás permanecer quieto, sin moverte toda la noche, desde las 6 de la tarde a las seis de la mañana, sin dormirte, para que puedas soportar los piquetes de los moscos sin espantarlos con las manos, lo más que puedes hacer es soplarles, para que no te inquiete el cosquilleo o te entre la ansiedad, piensa, me dijo, que estás en otra parte, recorre con tu mente paso a paso algún lugar de los que hemos estado o has algunos cálculos, distrae tu mente y no te muevas hasta que escuches las tarrascadas del tigre sobre el búfalo, eso de no te muevas parece tan difícil, si Buda aguantó 39 noches sentado sin moverse, ¿no podría yo aguantar unas cuantas horas? Pero estando solo en esa noche, oscura como boca de lobo, esperando a que se acerque un tigre que trae hambre y que ve tan bien de noche como yo de día, o mejor, que no hace ruido, que con un sólo zarpaso es capaz de mandar a cualquier cristiano de la tumba, escuchar su grave rugido y no moverse, no es nada fácil.

Empezó a oscurecer y a la algarabía de los pájaros, insectos y otros animales, mezclado con el murmullo del viento que se escurría entre las ramas, le siguió un silencio absoluto, no sé que horas serán pero ya había visto como las estrellas recorrían el firmamento, la vía láctea se veía con toda claridad, y mi pensamiento volaba a los orígenes del mundo, a la teoría del Big-Bang, ¿con que propósio nos habrá creado Dios?, ¿qué diablos estoy haciendo aquí trepado en un árbol en medio de la selva, con miedo, con frío, con sed, con ganas de rascarme la espalda, con ganas de espantar ese mosco que me zumba en la oreja, cuando podría estar en George V de París con sábanas de lino y una copa de Champagne?, en esas estaba cuando empecé a sentir que algo me subía por la pierna, la primera reacción fue la de brincar rápidamente pero recordé que no debía moverme, ¿y si era una cobra?, al moverme seguramente me mordería, ¿podría ser un alacrán de los que había visto varios al pie del árbol?, no, no podría ser porque el peso que sentía era mayor, seguí sin moverme, la supuesta cobra seguía subiendo, ya estaba a la altura de mi cintura y recordé las instrucciones de mi padre, si te llega a morder una cobra, mantente calmado, por que si corres el veneno llegará con mayor rapidez hasta tu corazón y cerebro, aplica un torniquete con tu cinturón, (¿pero si me muerde en el cuello?, ¡cómo aplico el torniquete!), después haz una incisión con tu navaja uniendo los dos orificios que dejaron los colmillos y presiona tratando de sacar el veneno y si puedes, succiona con la boca; la “cobra” llegó cerca de mi oreja al mismo tiempo que mi imaginación llegaba al peor desenlace, pero mi cobra siguió su camino sin morderme y yo descansé del susto. Después supe, que lo más probable es que haya sido algún otro animalito, quizás una mangosta.

Pasaron las horas que cada vez se me hacían más largas, en varias ocasiones oí el tropel sobre las hojas de algún antílope pequeño como e cuatro cuernos o jabalí que probablemente se alejaban asustados por el tigre que sigilosamente acechaba a su presa,  esperé inútilmente hasta que empezó a clarear y con los primeros rayos del sol, vi que se acercaba mi padre que sin yo saberlo había permanecido toda la noche en otro machan cercano, cuidándome, sólo me dijo, otra noche será, ahora sé que el abrazo que me dio fue de satisfacción al ver que había pasado la prueba, me había enseñado a perder el miedo, a mantener la calma ante el peligro, que útil me sería después, en la vida de los negocios ante las crisis, devaluaciones, competencias a tiro y en otras cacerías, como cuando me perdí en una tormenta de nieve en el Himalaya. Años después encontré subrayada una frase en uno de sus libros, “el cobarde muere muchas veces antes de su muerte, el valiente sólo prueba la muerte una vez”.
Pasé 17 noches esperando mi tigre, el cuál nunca llegó, no lo maté, pero cuanto aprendí.

Fernando Albarrán / 2008

*La causa de que los tigres estén en peligro de extinción no se debe a los cazadores sino a los excesos de población, la reducción de su hábitat y a la disminución de otros animales de los cuales se alimentan. En la actualidad quedan aproximadamente seis mil 500 tigres en libertad, gracias a las instituciones como Save the tiger o World life fund integradas por cazadores.

Temas

Lee También

Comentarios