Suplementos | Los tiempos han cambiado y exigen una evolución a los productores Postales: permanencia y mutación del producto de una era Los tiempos han cambiado y exigen una evolución a los productores Por: EL INFORMADOR 19 de julio de 2015 - 05:14 hs Creadores. Mónica Bocardo es una entusiasta de las postales, y sigue trabajando en busca de que su empresa prospere. EL INFORMADOR / F. Atilano GUADALAJARA, JALISCO (19/JUL/2015).- Las tarjetas postales —a las que llamamos simplemente “postales”— se definen técnicamente por su formato que conjunta una impresión resistente y la disponibilidad de ser enviada casi al instante, desde una dependencia de Correos de México; por supuesto, hoy día las asociamos con el turismo y pueden asumir la cualidad de un souvenir o tomar el lugar de una fotografía que resulte significativa. Con todo, la historia de las postales no deja de ser curiosa; de ser fabricadas por las dependencias postales en sus inicios, pasaron al ámbito privado para volverse un símbolo o evidencia de viaje, la representación atesorable de una memoria que es imagen (y texto, en la parte trasera) pero, ante todo, un negocio que floreció por décadas al amparo de la industria turística y que ahora resiste el embate de un desarrollo tecnológico que ha puesto al alcance de casi cualquiera numerosas posibilidades para sustituirlas. Como una de las ciudades que atrae mayor cantidad de turistas, Guadalajara tiene su propia tradición en este ámbito y, por ello, padecido sus transformaciones; así, por ejemplo, José Gómez Escobedo inició en 1991 un negocio —Editorial Fotográfica— en el que se asoció con su padre, el fotógrafo Alberto Gómez Barboza, para producir y distribuir postales. “La clave” para el negocio es que hasta hace unos años “había turismo”; Gómez Barboza relata que “tuvimos un poco de miedo cuando todo mundo comenzó a tener un dispositivo digital (ni siquiera teléfonos) para captar imágenes; hoy, en el mundo, se hacen millones de millones de tomas por día, sin embargo, se hace muy poca fotografía, y es ahí donde las postales tienen todavía un nicho para sobrevivir”. La cuestión, destaca el fotógrafo, es la “imagen única” que un turista no puede captar, “por ejemplo, tenemos una foto con la catedral cubierta de fuegos artificiales y, si un viajero no viene el 15 de septiembre, no podrá captar nunca esa imagen, tienen que darse una serie de condiciones para realizar la fotografía”. En estos términos, refiere, “el concepto de postal ha cambiado; de ser un compendio de imágenes de tipo documental en una ciudad, se busca ahora que tengan un poco más de creatividad. Hubo una época muy floreciente, por eso creo que somos unos sobrevivientes de aquellos días (si no los únicos), porque alcanzamos la última parte de esa época”. Lo que vino después, dice Gómez Barboza, “fue la caída del turismo; cuando a Calderón se le ocurre hacer un escándalo con la gripe aviar, ponchó al sector hace 10 años y nos perjudicó; ahora, con los problemas de seguridad, México ya no es un país atractivo para el turismo y las ventas han bajado. Con todo, no seguimos en esto con la perspectiva de negocio, sino por la ‘gitanada’ de trabajar en las postales y souvenirs”. Otro detalle en contra es que el correo no es lo que era antes y, por lo menos el turismo nacional no tiene la costumbre ya de enviar postales; en este sentido, añade Gómez Escobedo, “parecería que el internet fuera un enemigo, pero no; hay incluso páginas que fomentan el coleccionismo y el intercambio de postales, quizá sería cuestión de impulsarlo”. Ventas y distribuciónPor lo que toca a la producción, “la ciudad cambia, y hay que tomar imágenes actuales de aquellos lugares que le interesan a la gente y se han modificado; sí las actualizamos”; además, en cuanto a su distribución, a nivel regional el mercado abarca sitios tradicionales como Guadalajara, Vallarta o Chapala, pero sus postales llegan a Guanajuato o Michoacán, “aunque cada vez es menos costeable atender clientes foráneos o realizar los viajes para distribuir el material”. El problema central, en todo este proceso, “es la venta, el recuperar lo invertido en el negocio; pero no deja de ser interesante mantener la tradición”; con todo, una recuperación económica dependerá de “el turismo —el recreativo, que sale a recorrer las ciudades—, que no regresará en tanto no se pacifique el país”, establece Gómez Escobedo. “Nada es eterno”, refiere el experimentado fotógrafo, “pero seguiremos manteniendo el producto hasta que no dé. Si Pepe (su hijo) quiere continuar con la venta, bien puede ser, aunque tal vez nos mudemos a internet”. Perspectiva naciente Caso distinto es el de Mónica Bocardo, joven fotógrafa que hace poco menos de un lustro inició un proyecto que se convertiría en su propia empresa, Postales Jaliscienses: “La idea me la dieron los padres de una ‘roomie’ que vivía conmigo. Son alemanes y, de visita en la ciudad, me hicieron ver que muchas imágenes de postales que se comercializan son de hace mucho tiempo y no hay de otros espacios o edificios recientes; además, conocían mi trabajo gracias a su hija y, como les gustaron, me sugirieron que las distribuyera de este modo”. En el principio “no fue fácil”, refiere la artista, “mi primer interés fue trabajar la artesanía, pero si deseaba verlo como un negocio debía ampliar mi campo de acción, por eso había que abarcar el paisaje, la arquitectura y un poco la gastronomía. Lo primero fue elaborar mi propio catálogo e ir a visitar a impresores e imprentas; en lo que se refiera a orientación, me ayudaron mucho”. En estos términos, el nombre de su pequeña empresa surgió de manera natural, “quería abarcar todo el Estado y no sólo la zona metropolitana; de igual manera, me incliné —por las características del producto— por la impresión digital, porque permite producir en pequeñas cantidades con una buena calidad y, así, tener una mayor variedad de imágenes sin invertir demasiado”. Consciente de que el negocio de las postales “no es lo que era”, Bocardo señala que “quizá lo que hizo falta fue evolucionar; la ciudad cambia y produce nuevas imágenes. Por supuesto, tuve mis dudas, pero al final uno no sabe el alcance que las postales pueden tener, su uso ha cambiado también y hoy día muchas personas —turistas nacionales, en especial— no las utilizan como ‘souvenir’, sino como una foto convencional, con la imagen que ellos no registraron”. En palabras de la licenciada en Artes Visuales por la UdeG, “sólo los turistas extranjeros siguen el ritual de la postal, esto es, que realmente la envían por correo; yo a veces creo que también es porque existe mucha desconfianza en el servicio de correos que algunos consideran obsoleto”. Postales Jaliscienses no se sustenta de forma exclusiva en las imágenes impresas, se ha diversificado en cuanto a lo que son sus puestos de distribución que, además de los tradicionales (tiendas de ‘souvenir’ o puestos de periódicos) ha optado por vender en sitios como tiendas de dulces típicos, cafés o bares; además, si su producción “no es masiva”, destaca la joven emprendedora, el alcance no es despreciable y es posible adquirir sus postales no sólo en la zona conurbada de Guadalajara y Tlaquepaque, sino en Vallarta, Tequila, Chapala, Ajijic, Teuchitlán, Melaque o Sayulita. “De dos años para acá”, detalla Bocardo, “la venta mejoró de manera considerable e hizo posible que pudiera ampliar los productos de ‘souvenir’, por lo que ahora no sólo se distribuyen postales, sino llaveros, tequileros, imanes y hasta caballitos”; a la fecha, su propósito es “posicionar la marca” en que se ha ido convirtiendo su nombre. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones