Jueves, 09 de Octubre 2025
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¿Por qué no reír?

La risa no es tan sólo misteriosa por la frontera a veces arbitraria entre lo que es gracioso y lo que no

Por: EL INFORMADOR

La risa es un misterio, un mito y un remedio en sí misma. “La televisión es de los más educativa” afirmaba el comediante norteamericano Groucho Marx: “Cada vez que alguien la enciende me retiro a otra habitación y leo un libro.”

Si el famoso artista efectivamente lanzó tal comentario o no carece de relevancia, es su efecto lo interesante. La risa surge de una suerte de desenlace sorpresivo ante una paradoja: un tipo particular, de absurdo, cuyo efecto es hacernos reír, en lugar de tan sólo provocarnos el agitar la cabeza con irritación, o girar los ojos.

La risa no es tan sólo misteriosa por la frontera a veces arbitraria entre lo que es gracioso y lo que no, o por la respuesta fisiológica creada en el organismo, sino porque no hay una explicación evolutiva completa de cómo fue qué surgió (a este respecto se distinguen explicaciones tanto plausibles como las más absurdas). Sin embargo, nos ocuparemos aquí de una más de sus extrañas propiedades y mitos, a saber, el poder curativo atañido a ella.
Río por no llorar

El periodista, editor y médico Norman Cousins, por ejemplo, aliviaba el dolor que padecía por una artritis inflamatoria, mirando segmentos de los hermanos Marx, diez minutos de risa, aseguraba, le podían crear dos horas de sueño sin dolor.

Existe, sin embargo, una gran frontera entre el poder paliativo de la risa y su capacidad para “curar”. Muy pocos estudios respaldan semejante idea. La correlación parece más bien establecer que un paciente alegre es un paciente más cercano a la salud, que uno que no lo es, y por lo tanto, posee una mejor actitud para remediar (o en su caso soportar) una enfermedad, que quien está desprovisto de este ingrediente.

Una reacción patente es el efecto que tiene la risa en la hormona cortisona. Se ha demostrado que mirar una película de comedia, por ejemplo, reduce la concentración de cortisona en la sangre. Esto es relevante, ya que altos niveles de cortisona pueden debilitar el sistema inmunológico. No sólo eso, sino que se ha observado que la risa parece activar a las células encargadas de defender a nuestro organismo contra invasores.
Es feo pero es risueño

“Las mujeres los prefieren chistosos”. Un mito, ¿no? Pues no. Estudios hechos en la Universidad Westfield, en Ontario Canadá, hallaron que las mujeres tendían a preferir a un hombre como compañero potencial, si en su fotografía se añadía una cita graciosa creada por él. La preferencia, sin embargo, no estaba ausente de su cariz negativo: las mujeres mostraban preferencia por los hombres “graciosos”, aún cuando les parecían menos inteligentes y menos confiables.

 En lo que a la evolución por selección natural respecta, no parece haber gran misterio hacia esta preferencia: no sólo una persona con buen humor es mucho más agradable que quien no lo tiene, sino que de nuevo el humor es síntoma de salud, y por lo tanto de una descendencia saludable. Los hombres, por otro lado y de nuevo según este estudio, gustan de mujeres que se rían de sus chistes. Tomen nota, compañeros, la risa de una mujer refleja su nivel de interés ¡y es más atractiva para el hombre! (muchachas, consideren el hecho de que no ocurre a la inversa, y que un hombre que ríe mucho no es un hombre interesado).
¿Te ríes conmigo o de mí?

Finalmente, uno de los campos donde las “terapias de humor” parecen tener mayor éxito es en el tratamiento de pacientes depresivos.  La psicóloga Paul McGhee, presidenta del Tratamiento Mediante la Risa en Delaware EU, y antes investigadora del humor, ha desarrollado diferentes terapias, dirigidas especialmente a socavar el estrés.

El tratamiento no carece de su lado resbaloso, debido, otra vez, a que lo que no causa risa puede irritar a quien escucha un mal chiste: en el tratamiento por humor hacia pacientes depresivos, es mejor no usar el humor que usarlo sin efecto. El resultado puede ser contraproducente.

Tapatío

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