Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | por: david “negro” guerrero

Pirita y Jade

Incertidumbre, de Gonzalo Curiel

Por: EL INFORMADOR

¡Ay!,
cómo es cruel la incertidumbre,
si es que sus besos son de amor,
o solo son para engañar

Así inicia esa maravilla de bolero escrita por un tapatío nacido el 10 de enero de 1904, y que forma parte de lo más glorioso que tiene la canción romántica mexicana. Particularmente me quedo con la versión de Lupita Palomera, quien por cierto fue una de las pérdidas más tristes que nos dejó el año que recién se acaba de ir, noticia además desairada en varios medios de comunicación: La muerte de una de las cantantes más queridas por esos fieles aficionados de la época en que las orquestas, los intérpretes y los compositores hacían una perfecta comunión capaz de trastocar la inmediata realidad de quien cayera bajo el embeleso de escuchar uno de esos tantos boleros que hoy adornan el jardín de la melancolía y la nostalgia. Me tocó ver a Lupita Palomera, hace años, allá por 1992, en la Ciudad de México en un homenaje que se le brindó al compositor Juan Bruno Tarraza, autor, entre otros éxitos, de Soy feliz, aquella canción que estiraba las mentes más húmedas de los escuchas bajo el calor de terciopelo de la voz de María Victoria, otra tapatía –igual que Palomera-. Esa tarde Lupita no cantó, pues ya se encontraba delicada de salud, sobre todo de la osteoporosis que le afectó duramente hasta el final de su vida, el 17 de noviembre de 2008. Y, entre otros, tuve el privilegio de ver y escuchar a Amparo Montes, la pianista Teté Cuevas, a Esperanza Águila –hermana de Paz, ya fallecida, y con quien formó el llamado en su época Primer Dueto de América: las Hermanas Águila-, muerta el 30 de noviembre de 2004; y al mismísimo galán de galanes, Fernando Fernández, esposo de Lupita Palomera desde 1939 hasta el último de sus días, el 24 de noviembre de 1999, entre otros artistas.

¡ay!,
esta amarga pesadumbre,
si ella merece mi dolor,
o yo lo tengo que olvidar

Gonzalo Curiel, autor del bolero que estamos cantando, supo echarle el ojo a Lupita cuando la invitó a ser su intérprete oficial. Músico extraordinario, “Chalo” Curiel no solo era un maestro para escribir –y orquestar- boleros, sino que también le sabía entrar, y bien, a los terrenos de la música de concierto, la llamada música clásica. Al estilo de la también hoy recordada Consuelo Velázquez (1916-2005), que cuando vi a la compositora de la celebérrima canción Bésame mucho transformarse frente al piano interpretando una pieza de su repertorio de música formal, a todos los asistentes en el Teatro Degollado aquella noche de 1997, cuando el Patronato de las Fiestas de Octubre la condecoró con la presea “Ave de Plata”, nos recorrió un sudor frío al caer envueltos en el remolino provocado por la maestra nacida en Zapotlán el Grande. En el caso de Gonzalo Curiel hay que agradecerle, sobre todo, la generosidad para hacer suyas las inconsistencias del alma humana y transformarlas en canciones que todavía se cantan y se detienen en el aire.

Si la vas a jugar corazón,
Nunca pienses que ella es mala;
Si es valiente y te comprende,
No la pierdas corazón.
Siempre que hago un cambio de casa lo primero que guardo es mi colección de música “fonografiana”, en honor a un entrañable programa de radio que conduje hace años en Radio Universidad. Y un lugar especial lo tienen las grabaciones de Gonzalo Curiel. A veces, hay tardes y sus noches en las que únicamente estoy acompañado de las voces de María Luisa Landín, Chucho Martínez Gil, Eva Garza o Eduardo Solís, intentando convencerme de que en este mundo todavía tienen razón esas letras que derraman dramas, tristezas, olvidos y llantos. Una letra como Incertidumbre es capaz de resumir el palpitar actual del mundo, con su irrefrenable hambre de olvido y su ternura inventada. La sensación final es la de esperanza. Una especie de aire que llena más allá del cuerpo y llega al espíritu que no alcanza a hacer otra cosa más que tararear la canción. Porque no se trata de olvido, sino de esa miel necesaria, cursi, empalagosa pero vital que se llama amor. Así de simple: amor.

El dolor y el amor corazón,
valen poco junto a ella;
si mereces más que eso,
da tu vida corazón

Arranco esta cita semanal señalando que el principal propósito será compartir las canciones que hoy delatan nuestro espíritu nostálgico. Creo que estos tiempos que los expertos llaman crisis –y uno como ciudadano lo palpa día a día-, me invitan necesariamente a no abatirme, ni negarle, también, su espacio al pesimismo. Es esa contradicción, muy similar a los desencuentros y desengaños de los que bien escribió Gonzalo Curiel, la que nos hace alimentar día a día la inquieta esperanza de saber vivir. Y este día es una prueba de ello.

Incertidumbre,
es el dolor de amar.

davidguerrero.lemus@gmail.com

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