Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | por: francisco rojas cárdenas

Página abierta

En defensa propia

Por: EL INFORMADOR

Después de encerrar a Mariela en el baño y de que llegó a la clase llorando con la directora, todos voltearon a vernos a Ricardo y a mí como si fuéramos los peores villanos. La directora nos regañó, nos dio un citatorio para que nuestros papás fueran a la escuela al día siguiente y desde ese momento, nos informaron que estábamos suspendidos dos días. La verdad, sí estaba asustado y sentía mucha pena y a la vez coraje. Mientras, mi amigo, a quien siempre consideré muy valiente, se puso a llorar y a rogarle a la directora que no llamara a su papá.

Ahora camino al lado de Ricardo. No decimos nada. Él deja de llorar mientras llegamos a mi casa y sin detenerse, sigue a la suya y solo me dice: “adiós”. Estoy triste de verlo así.

Llego a mi casa más temprano que de costumbre y espero a mamá mientras veo la tele. Ella llega del trabajo, se ve cansada, le sorprende que haya salido antes y me pregunta qué sucedió. Le entrego el citatorio mientras le explico lo de Mariela y el baño. Se enoja mucho. Jamás imaginé que una mamá pudiera lanzar tantas maldiciones. Lo confieso, estoy asustado de ver cómo grita groserías de todo tipo (incluso unas que ni siquiera conozco) mientras se pone roja y tiembla de coraje. Dice que no tengo consideración de ella, que no comprendo que está sola y que trabaja para darme lo mejor, que soy igualito a mi papá, que no entiende por qué me porto así y me pregunta si es correcto lo que hice.

Le explico a mi mamá las razones que me obligaron a encerrar a Mariela. Le digo que ella me envió una carta de amor. Se la enseño como prueba de mi inocencia. Espero a que la lea en silencio. Se calma. Respira hondo. Me pregunta si estuvo bien lo que hice. Le respondo que sí. Le digo que esta niña me trae mala suerte y que lo hice en defensa propia.

Ya más tranquila, se sienta y habla conmigo. Creo que me salvé. Me explica acerca de los niños y las niñas, de cómo empiezan a gustarse, de no sé qué cosas más acerca de crecer, mientras yo pienso en Mariela, en que no la quiero. La odio. Tengo ganas de llorar. Mi mamá sigue con su plática y entre otras cosas escucho: “castigado sin ver televisión un mes y no quiero que te juntes con Ricardo…”. Entonces pongo más atención y continúa con una sentencia que me parece injusta: “Además, mañana que vaya a hablar con la directora, le pedirás una disculpa a esa niña”. ¡Lo que me faltaba! Esta vez no hay ninguna duda, Mariela llegó a mi vida para traerme la mala suerte.

Tapatío

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