Suplementos | Mauricio Rabuffetti publica un nuevo libro sobre el ex presidente más atractivo 'Mujica es un político tradicional' El periodista uruguayo Mauricio Rabuffetti publica un nuevo libro sobre el ex presidente más atractivo del mundo Por: EL INFORMADOR 9 de agosto de 2015 - 05:35 hs El libro 'José Mujica, la revolución tranquila', fue planteado como un proyecto editorial para México, Colombia, Argentina y Uruguay. ESPECIAL / Pablo Porciúncula GUADALAJARA, JALISCO (09/AGO/2015).- La imagen de un hombre mayor, con ropa sencilla frente a una casa rural le dio la vuelta al mundo en 2010: este no era un campesino más de Latinoamérica, sino el presidente de Uruguay. Ganaba el equivalente a 170 mil pesos mexicanos al mes y podía vivir con lujo en la señorial casa oficial, pero optó por su vivienda rural y su vocho. La prensa internacional lo calificó como el presidente más pobre del mundo. “No soy pobre, vivo con austeridad”, insistía él. El 90 por ciento de su salario se entregaba a proyectos de vivienda mientras las paredes de su casa pedían pintura a gritos. Sobre José Mujica, quien gobernó Uruguay de 2010 a 2015, se ha escrito mucho. Hay cientos de libros sobre su pasado como guerrillero y miles de artículos sobre su imagen de presidente pobre. Sin embargo, hay pocos análisis sobre su gobierno y el eco de sus mensajes desde Uruguay para el mundo. Por eso vale la pena leer el nuevo libro “José Mujica, la revolución tranquila”, escrito por el periodista uruguayo Mauricio Rabuffetti. Fue planteado como un proyecto editorial para México, Colombia, Argentina y Uruguay, pero lleva ya tres ediciones en su país y está a punto de publicarse en 15 naciones. En esta entrevista, Rabuffetti nos abre una ventana a su libro, pero sobre todo, al personaje que desmenuzó. —Tu libro muestra a un Mujica que le habla, sobre todo, al mundo. ¿Crees que el ex presidente de Uruguay representa un nuevo tipo de líder político global? —A pesar de lo que se considere, yo diría que Mujica es un político tradicional, tradicional en la forma en la que hace política. En lo que no es tradicional es en la forma de comunicar sus decisiones y plantear sus ideas. Más que un nuevo tipo de líder, hablamos de una nueva forma de comunicar. Los políticos, sobre todo los presidentes, viven apartados de las sociedades, viven rodeados de lujo y de seguridad. Conocen su sociedad, sí, pero pierden el contacto y Mujica procedió de la manera inversa: trató de conectarse con la gente de a pie. —Hablas de la revolución tranquila como un proceso de cambio totalmente distinto a la revolución armada que planteaba Mujica como el guerrillero que fue. ¿Me puedes hablar sobre eso? —El libro es un ensayo sobre la evolución del pensamiento político de Mujica, sobre sus ideas frente al papel del Estado, la actividad partidaria, su adaptación. La revolución tranquila se refiere a los cambios que se produjeron en la persona: esa evolución que él tuvo a lo largo de décadas de activismo político y el conocimiento que adquirió sobre la forma de hacer política, sobre el sistema institucional y la gente que se fue encontrando durante su militancia —porque él se concibe como militante, no como político—. Algunas personas pensaban que me refería a la revolución en el sentido sesentero del término, pero este libro mira muy poco al pasado. La expresión es un oxímoron que tiene que ver estrictamente con el personaje y con la evolución de su pensamiento político. Con el proceso que él sigue durante su vida para convertirse en el referente que es hoy. —¿Cómo es el sistema político que rodeó a Mujica? ¿Cómo se explica que haya llevado adelante propuestas como la legalización de la mariguana, los matrimonios gay, la política internacional frente a Guantánamo, Siria…? —La razón es bastante simple: Mujica gobernó con mayoría absoluta. Tuvo cuestionamientos internos, pero su partido tiene una gran disciplina partidaria: vota en bloque incluso en la diferencia y eso le facilitó la vida. Nunca tuvo una oposición parlamentaria, básicamente gobernó con su sector político alineado. —¿Cuál es el balance que deja el periodo presidencial de Mujica? ¿Cómo le fue al país? —Hay que hacer el análisis en dos niveles: el interno y el externo, que se comunica con la realidad del país. A nivel interno tuvo grandes logros en materia de libertades individuales: se legalizó el aborto, que ya había sido legal en los treinta y había dejado de serlo. Se estableció como legal el matrimonio entre parejas del mismo sexo y se reguló el mercado de cannabis, que no deja de ser una legislación experimento. Sin embargo, también hubo fracasos. A pesar de tener el apoyo de su partido, de los otros partidos y de toda la sociedad, Mujica no dio la batalla que debió haber dado frente los sindicatos de la educación. Faltó sentarse a discutir por donde iría la reforma educativa que los uruguayos están pidiendo a gritos. En materia de infraestructura dejó mucho que desear. Fronteras afuera, la visión es distinta. Afuera Mujica es una personalidad reconocida, popular, que permitió una imagen de país tolerante. Mucha gente empezó a preguntarse qué es Uruguay, dínde está y eso es positivo. Él contribuyó a este “pays a la mode”, y lo vemos en el flujo turístico, en el flujo de noticias. Mujica se retiró además con un 65% de aprobación, un porcentaje mayor al que lo llevó a la Presidencia. —En el libro afirmas que Mujica es un fiel representante de la identidad de Uruguay. ¿Por qué? —Este es un país de inmigrantes, se formó a partir de varias olas de migración. Una de las características de esta sociedad de migrantes es que se forjó un gran sentido de solidaridad horizontal y se hizo a través de un sistema educativo universal. Esto tiene todo que ver con la forma en la que Mujica plantea sus decisiones políticas y los proyectos por los que elije luchar. El uruguayo típico tiene muy internalizada la idea de que este es un país solidario y esa es también la base de la identidad política de Mujica. —¿La fase histórica que abrió Mujica se acabó con el término de su mandato o se mantienen ciertos rasgos en la institución presidencial? —Hay cuestiones que se van a mantener, el partido es el mismo y percibo en la gente de a pie una suerte de reacostumbramiento a un presidente menos visible. Eso sí, desde que se hizo traspaso de mando, la cantidad de periodistas que sigue a Mujica sigue siendo importante: él tiene influencia política, es senador, tiene la bancada más importante y aún esperan que marque rumbo. Por otro lado, la forma de hacer política de Mujica tiene características que no le son únicas. Él resume la figura del caudillo, esa persona que conoce a su gente, su región, sus lugares, la persona del lugarcito. No hay en el horizonte a una figura similar, pero no me extrañaría que se configurara en el tiempo. —Por último, dime, ¿te sedujo como seduce en el mundo la vida sencilla de Mujica? Su casita, su Volkswagen, su salario donado… —No, a mí no me sorprendió en absoluto ver a un presidente de Uruguay que viviera con sencillez y que donara su sueldo: otros lo hicieron. Entiendo que seduzca afuera, pero el Uruguay en el que yo crecí —tengo 39 años— era un país con difícil acceso a las cuestiones materiales. Mi abuelo vivía igual, mis padres son personas a las que les ha ido bien, pero no comulgan con el lujo. Yo trato de escapar de ese consumismo absurdo y por eso dediqué tanto espacio en el libro a tratar de explicar ese aspecto del personaje, es con el que más me identifico. Afuera se usa como contraposición y es lógico: lo que rodea a los presidentes no es la austeridad. TOMA NOTAFicha técnicaJosé Mujica, la revolución tranquila Mauricio Rabuffeti Editorial Aguilar Abril 2015 Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones