Suplementos | Cordelia Urueta, 100 años de su natalicio Mirar distinto “...Todos los personajes de este laboratorio están pintados con una fórmula mágica, por medio de la cual he querido que sean como nosotros: complejos, absurdos, enigmáticos”... Por: EL INFORMADOR 28 de septiembre de 2008 - 06:14 hs Desde sus orígenes, hasta 1950, la pintura mexicana se caracterizaba por la propuesta figurativa no sólo en la obra de los tres muralistas: José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, sino en los cuadros de Tamayo, Goitia, Rodríguez Lozano, Frida Kahlo, María Izquierdo y Dr. Atl, por mencionar sólo algunos de los que sobresalieron. Luego de una exposición muy elogiada de pintores mexicanos que el gobierno de Miguel Alemán llevara a París en 1952, no faltaron comentarios de la critica francesa que señalaban algunas “carencias” y “adicción extrema” al arte figurativo de nuestros representantes. Era natural que los franceses no adivinaran que en México, un grupo de jóvenes inquietos iniciaban búsquedas encaminadas a encontrar formas de expresión que estuvieran más acordes con lo mexicano y lo universal. Ellos eran: Pedro Coronel, Manuel Felguérez y Cordelia Urueta. Estos artistas buscaban expresiones que pudieran contrarrestar lo que hasta esa época se consideraba como la Escuela Mexicana de Pintura. Coronel se inclinó hacia un lenguaje abstracto que remitía a la iconografía precolombina. Felguérez cultivó la abstracción geométrica refinada. Cordelia fluctuó siempre entre la figuración y la abstracción, aunque ha sido considerada como un puntal de la pintura abstracta en nuestro país y una colorista pura. La pintora nace en septiembre de 1908 en Coyoacán, Ciudad de México. Su niñez transcurre en el seno de una familia culta y acomodada, lo que le permitirá acceder desde niña a la lectura de libros de arte y literatura. Su padre, Jesús Urueta, además de literato, era un diplomático reconocido en México y el extranjero. Su madre, Tarsila Sierra, sobrina de Justo Sierra, también había crecido en un ambiente estimulador, factores que alentarán a la niña a inclinarse desde pequeña al dibujo. Muchos personajes visitaban el hogar de la familia Urueta, contándose entre ellos, el Dr. Atl, quien fue el primero en descubrir el talento de la pequeña. En 1919, por motivos de trabajo, Don Jesús es trasladado junto a su familia a Buenos Aires donde muere a los pocos meses, lo que propiciará que las dos mujeres, regresen a México. La muerte de su padre, fragilizará considerablemente la salud de Cordelia, por lo que los médicos recomendarán que se le busque alguna distracción creativa; es entonces cuando se le inscribe en clases de dibujo a cargo del maestro Alfredo Ramos, el cual tenía a su cargo la Escuela de Pintura al aire libre en Churubusco. Pese a las distracciones que se le presentaban, la salud de Cordelia no mejoró, por lo que en 1929, su madre decide cambiar de ambiente y viajar a Nueva York donde residía una hermana suya casada con el poeta José Juan Tablada. El poeta, encantado con el talento de la muchacha, la pone en contacto con Alma Reed, fundadora de la Galería de arte Delfic Studios, la cual apoyaba a artistas mexicanos en vías de consolidación. Al conocer algunos dibujos de Cordelia, Alma decide incluirla en una muestra colectiva donde también expondrían Orozco y Tamayo. La pintora y su madre regresan un año después a México, pero la joven se dedicará un tiempo al esparcimiento suspendiendo su trabajo artístico para retomarlo con brío en 1932 cuando conoce al maestro Pastor Velázquez. Él le presentará a un grupo de pintores de su generación entre los que se encontraba quien sería su futuro esposo: Gustavo Montoya. Entre todos, alquilan un cuarto de azotea en el mismo edificio donde Pastor pintaba. En 1938, se casa con el joven pintor y viajan a París, trabajando en La Legación Fiscal. En su estancia ahí, conoce a Alfaro Siqueiros y a Renato Leduc y viajan por varias ciudades de Europa. Pero de nuevo, el destino la llevará a cambiar de residencia ya que con motivo de la guerra, el consulado decide trasladarlos a Nueva York en donde permanecerán cuatro años ricos en consolidación de intereses y relaciones. Aunque las tareas del consulado eran tan absorbentes como en París, Cordelia se busca el tiempo para pintar, iniciando con una serie de acuarelas que son muy bien recibidas por Margarita Nelken, quien en octubre de 1950 la invitará a presentar su primera exposición individual dentro del Salón de la Plástica Mexicana, donde el que presentará su catálogo es justamente el Dr. Atl. Bellas Artes le otorga un apoyo como “productora de arte”, lo que le permitirá dejar sus clases con el fin de dar más tiempo a su producción; pero agotada de nuevo por el trabajo y la larga enfermedad de su madre, decide viajar en París donde radicará cuatro meses. Ahí coincide con la exposición de Arte Mexicano, lo que permitirá consolidar su relación con Siqueiros y Tamayo. En 1961, Cordelia obtiene una mención honorífica en la prestigiada Bienal de Sao Paulo, Brasil, lo que la coloca en las primeras planas de la prensa y el reconocimiento. La artista, aunque se confesaba una solitaria, nunca dejó de frecuentar las tertulias con sus amigos entre los que se encontraban: Pita Amor, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Salvador Novo, Fernando Benítez, Luis Barragán, Justino Fernández, Xavier Villaurrutia, María Izquierdo, Juan Soriano y muchos más. En 1965 se divorcia de Montoya por lo que entra en crisis temporal, pero ese mismo año hace uno de los autorretratos más bellos que podemos apreciar en México. La vida y fuerza interior de Cordelia, sin duda, las buenas compañías que siempre la rodearon, su espíritu mundano, su afición a la lectura, sus innumerables viajes aunados a su inteligencia y sensibilidad, influyeron en la excelente producción que nos legó, que si bien no es rica en cantidad, lo es en su calidad y contenido artístico. Para juzgar la obra completa de esta excelente pintora, debemos ubicarnos en su momento y época junto a las corrientes plásticas en México que apoyaban más el discurso figurativo o el surrealismo. Por lo mismo quizá: la pintora tuvo que pasar por diversas etapas en las que coqueteó algunas veces con la figuración y otras más, siguió las huellas de una abstracción pura. En su madurez física se aleja de todo elemento preconcebido poniendo mayor atención al abordaje del color y las atmósferas texturales. Su compromiso mayor era para ella la tela y su “necesitar decir”. Nunca se alejó de la preocupación por la problemática humana: la desdicha, la guerra y la miseria con las que también convivió. Cordelia se buscó siempre a través de la pintura auténtica y jamás se alejó del análisis plástico y filosófico. Por mi parte, festejo con júbilo el momento de su nacimiento y con mi eterna admiración, sólo espero que cualquier día podamos ver parte de su obra en nuestra ciudad. ...”Hay que darle al arte la dimensión del espíritu del hombre y no sólo mantenerse sondeando alrededor de lo real. . . Antes, el pintor veía nada más lo que tenía enfrente. Ahora, además de ser una conexión con el mundo exterior, la inteligencia plástica también debe actuar interiormente en el artista”... Cordelia Urueta por: toni guerra Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones