Suplementos | Personajes en la ciudad “Mi único vicio es la literatura”, José Luis Montiel Desde hace seis años el bolero, un extraordinario conversador, trabaja en su carrito de la calle Ramón Corona Por: EL INFORMADOR 22 de enero de 2011 - 02:42 hs José Luis Montiel es admirado por algunos clientes, quienes no dan crédito a que un hombre culto sea bolero.E.FLORES / GUADALAJARA, JALISCO (22/ENE/2011). A las ocho y media de la mañana comienza la jornada de José Luis Montiel. Todos los días, desde hace seis años, llega a su carrito situado en la calle Ramón Corona, casi esquina con avenida Juárez; saca su material, se pone un mandil para proteger su ropa y aguarda la llegada de un cliente. Aunque ya ha comenzado a amar el oficio de bolero, reconoce que hay días en que la clientela no es tan abundante como quisiera: “se están perdiendo las buenas costumbres, el gusto por el buen vestir –dice–, ya casi no usan calzado de bolear, ya hay quienes se atreven a ponerse un traje con tenis, cada quien sus costumbres; la cultura se ha deteriorado muchísimo”. Pareciera que el señor Montiel, como le dicen quienes lo conocen, es de otra época, y efectivamente así es… pero al mismo tiempo es un hombre actual, capaz de desarrollar un sinfín de temas, cosa que sin duda se debe a ese vicio que le ha acompañado desde su juventud: la literatura. “Para mí es fascinante poder entablar pláticas con las personas, dado que se me da un poco; como me ha gustado la literatura, entonces tengo muchos temas para platicar con las personas”, advierte. Por eso el señor Montiel se distingue de otros seres que deambulan por la calle Ramón Corona, algunos funcionarios de los gobiernos estatal o municipal, magistrados, trabajadores de tiendas de ropa, calzado y productos varios, o los periodistas que recorren la zona en sus pesquisas diarias de información. Su cultura es muy amplia. No necesita tener un título para hablar con propiedad. “Algunos se sorprenden. Me dicen, ‘¡cómo es posible que una persona que tiene la cultura que usted tiene se encuentre de bolero!’. Yo les preguntó: ‘¿es que para ser bolero tengo que ser inculto, falto de carácter o educación?’. Les digo: ‘ustedes no ven el verdadero perfil de un bolero, muchos se encuentran aquí porque no saben hacer otras cosas, por sus necesidades; otros nos encontramos aquí porque es el último refugio, porque ya no hay otro camino cuando la edad se nos echa encima y se nos cierran las puertas por todos lados’”, explica el señor Montiel, mientras recuerda a aquel muchacho que le enseñó el oficio, le prestó el carrito y, lo más importante, lo trajo de nuevo a la vida. Y es que la historia del señor Montiel es larga, con algunas altas y profundas bajas –seguramente como la de muchas otras personas que habitan esta ciudad–; hubo momentos en los que estuvo perdido en la oscuridad, vagando por las calles: “imagínate que de tener mi casa y mi coche un día, al siguiente ya no tenía nada y me encontraba durmiendo en una banca”. De eso hace ya ocho años. Tras la muerte de uno de sus hijos, la tristeza cayó sobre él; la relación con su pareja se deterioró y decidió dejarlo todo: familia, empleo y hasta a sí mismo. Deambuló de un lado a otro de la ciudad, pasando frío y hambre, recordando quizá los buenos tiempos, aquellos años en que vivió con su padre en la Sierra Tarahumara, llenándose de la riqueza cultural de ese pueblo, aprendiendo su dialecto, admirando al hombre que le enseñó a vivir y lo formó para ser el mejor en lo que él decidiera ser, independientemente de que siguiera o no sus pasos en la ingeniería. “Estudié dibujo lineal, debí haber seguido el paso de la ingeniería, pero la juventud a veces nos lleva por otros caminos, nos dejamos llevar, me gustó mucho la aventura; no conozco Estados Unidos, pero puedo jactarme de conocer mi país desde el Río Bravo hasta el Río Suchiate, anduve para arriba y para abajo”, recuerda. Ésa ha sido quizá la característica en la vida de José Luis Montiel, ir de arriba a abajo. Cuando se instaló en la ciudad de Guadalajara, hace cuatro décadas, formó su familia, laboró durante un tiempo en Bufete Industrial Construcciones, “una constructora muy fuerte que competía con la ICA, Ingenieros Civiles Asociados”. Sus contratos eran temporales y un día simplemente ya no hubo trabajo. De ahí llegó al mundo nocturno, “llegué buscando trabajo a un bar que se llama Ramsés night club; el gerente, Miguel Gallardo, me dijo: ‘pero de qué busca usted trabajo?”. La única opción fue encargarse de la limpieza, pero Montiel decidió que había que ir más arriba. Con trabajo y decisión se convirtió en mesero, capitán de meseros, hostess, supervisor y gerente. Después llegó la tristeza y todo se vino abajo. Hoy las cosas marchan bien; además de la luz, el señor Montiel encontró su Sol. Probablemente hay días en que el dinero que entra en su pequeñísima empresa es insuficiente, pero “afortunadamente soy una persona que no tiene vicios: no fumo ni tomo. Mi único vicio es la literatura”. Y si eso no bastara, finalmente se cumplió la profecía que decretó hace algunos años, cuando señaló que seguramente podría volver a encontrarse con sus hijos, “nos encontraremos, el señor nos ayudará”, y así ha sido. Después de ocho años el José Luis Montiel mantiene contacto con ellos, incluso en unas cuantas semanas viajará a Tijuana –junto a su Sol– para encontrarse con Nancy, su hija mayor, que ya quiere tenerlo de nuevo para regresarle todo lo que él les ha dado. ''Mi padre fue el único amigo que tuve en mi vida; hoy, soy amigo de mis hijos'' José Luis Montiel, bolero. Temas Tapatío Lee También El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Año de “ballenas flacas” El maestro de la brevedad: a 107 años del nacimiento de Juan José Arreola La vida del jazz tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones